El cocodrilo del Orinoco recupera su hábitat silvestre en Colombia

La comercialización de pieles de este animal lo llevó a ser la primera especie en peligro de extinción en Colombia

El cocodrilo del Orinoco recupera su hábitat silvestre en Colombia

Declarada oficialmente la primera especie en peligro de extinción en Colombia, el cocodrilo del Orinoco, o mal llamado caimán llanero, está hoy más cerca de recuperar su hábitat silvestre en la región de la Orinoquia colombiana.

La sede de la Universidad Nacional en Villavicencio (departamento de Meta) liberará a finales de este mes dos machos y dos hembras en los en los ríos Duda y Guayabero, en el Parque Nacional Sierra de La Macarena.

Los cuatro ejemplares estarán controlados mediante un sistema de sensores con conexión satelital para determinar sus patrones de desplazamiento y definir así un plan nacional de repoblación a gran escala que aspira a integrar a los 540 ejemplares en cautiverio que hay en Colombia.

“La idea es que se construyan unos lineamientos base en Colombia que sirvan para hacer una liberación controlada”, explicó la directora de la estación Roberto Franco de la universidad, María Cristina Ardila, con la esperanza de que ese plan nacional “se pueda aplicar el próximo año” por primera vez en el país.

Catalogado como el depredador más grande de la América Latina continental, el cocodrilo del Orinoco (crocodylus intermedius), puede llegar a medir hasta siete metros de longitud y es una especie endémica de la cuenca del río Orinoco, región enclavada en territorios de Colombia y Venezuela.

“Se han multiplicado de tal manera estos reptiles monstruosos que a todo lo largo del río hemos tenido a la vista, casi a cada instante, cinco o seis de ellos. Comenzaba sin embargo a notarse apenas la crecida del río Apure y centenares se encontraban por consiguiente sepultados todavía en el lodo”, contaba en sus crónicas de 1800 el explorador y naturista prusiano Alexander von Humboldt.

AMENAZAS
Pero la belleza de estos animales y sus pieles pronto suscitó la avidez de los comerciantes, señaló Rafael Anelo, el director de la Fundación Palmarito, dedicado a la cría y al estudio de estos animales junto con la Estación Roberto Franco.

“Entre los años 1931 y 1934 se estima que en San Fernando de Apure, uno de los varios centros de acopio de pieles en Venezuela, se traficaban entre 3.000 y 4.000 pieles diarias”, señaló Antelo.

De acuerdo con estos datos de comercio de pieles, Antelo estimó que mientras en esa época había en toda la Orinoquia un mínimo de tres millones de estos animales, hoy en día sólo quedan alrededor de unos 1.500 ejemplares en Venezuela y no más de 200 en Colombia.

Estos últimos se encontrarían recogidos en el departamento de Arauca, en la confluencia de los ríos Ele, Lipa y Cravo, y en el Meta, en los ríos Guayabero, Duda y parte del Losada.

“En el año 1929 entraron las empresas peleteras (industrias de piel animal) a cazar caimanes por el delta del Orinoco y se encontraron con una especie diferente a todas las demás. Su piel clásica con muy poco hueso es más fácil de trabajar, es un animal muy grande y no tiene manchas”, explicó.

El cocodrilo del Orinoco era de las especies más cotizadas en los mercados europeos, estadounidenses y japoneses de marroquinería.

Otra amenaza para los cocodrilos fue la caza de los lugareños, quienes asustados por los ataques a rebaños y humanos decidieron acabar con ellos.

EDUCACIÓN AMBIENTAL
Por ello, la directora de la estación Roberto Franco destacó la importancia de desarrollar programas de educación ambiental ligados a la repoblación del cocodrilo del Orinoco que impliquen a la propia comunidad en el cuidado y conservación de la especie, pero que a la vez los defienda de cualquier ataque.

“La situación actual del caimán llanero es crítica y por ahora si no hacemos algo, aunque la caza esté prohibida desde los años sesenta, las poblaciones no lograran recuperarse”, alertó Antelo, tras concluir que sigue siendo necesario incrementar los espacios públicos protegidos que garanticen su conservación.