27 de mayo del 2019 °C

JUAN PABLO VARSKY (La Nación / GDA)

La cámara de Paulo César Wanchope registra todo. Jugó los mundiales de 2002 y 2006. Marcó tres goles, dos a Alemania y uno a Brasil. Se destacó en la Premier League. Los hinchas de Central aún recuerdan su gol en el clásico ante Newell's por el Apertura 06, goleada canalla por 4-1. 

Hoy es el asistente técnico del colombiano Jorge Luis Pinto, seleccionador desde septiembre de 2011. Ricardo La Volpe renunció tras las malas campañas en la Copa Centroamericana, la Copa América y la Copa Oro. Pinto regresó tras una gestión sin brillo entre 2004 y 2005.

"Chope" filma. De golpe, aparecen jugadores con la camiseta de Italia. Bailan y cantan, eufóricos. Dirige la batuta el que tiene la 21 de Pirlo. Lógica pura. Se llama Joel Campbell. El que no se encontraba en las figuritas. El que estuvo tres días en River haciendo una pasantía futbolera en julio de 2010. La Volpe lo llevó a la Copa América de la Argentina y jugó en Córdoba contra Messi. Su pase pertenece al Arsenal inglés.

La cámara descubre al resto. Hacen morisquetas, gritan. Están desatados. En la cancha, nada que ver. Puro orden y disciplina en un organización defensiva ejemplar. Modelo de coordinación, convencimiento y ejecución impecable. Parte de una línea de cinco. Dos laterales de largo recorrido, Gamboa y Díaz. Tres centrales rápidos y de buen juego aéreo, Duarte, González y Umaña. Ellos marcan la posición del equipo. Definen dónde plantan la bandera. Siempre fuera del área grande. Achican para adelante. Cubren la espalda de los medios y los empujan a apretar al pasador. Achique más pressing sobre la pelota: menottismo explícito. Con línea de cinco, mucho más cerca de Bilardo. Nuestro Pacto de la Moncloa.

Keylor Navas no tapó ningún mano a mano. Cuando lo llamaron de larga distancia, atendió con seguridad. Pedazo de arquero. El Levante le queda chico. Italia cayó once veces en fuera de juego. A Uruguay le habían cobrado seis. Cuando algo se repite con frecuencia, no hay casualidad. Tácticamente, es una obra maestra.

El seleccionado comenzó su preparación para el Mundial el 5 de mayo con siete futbolistas. Luego fue llegando el resto, de variada procedencia. Los laterales desde Noruega (Gamboa) y Alemania (Díaz). Los centrales desde Bélgica (Duarte), USA (González) y el Saprissa local (Umaña). Borges, el correcaminos del medio, arribó de Suecia. Su socio Tejada, también del Saprissa. Los extremos juegan con el perfil invertido. El zurdo llegador Ruiz, del PSV holandés, en la derecha. El diestro Bolaños, de muy buena pegada, en la izquierda. Compite en Dinamarca, reforzando la presencia escandinava del equipo. Campbell se destacó en Olympiacos, de Grecia, en la última temporada. Bryan Oviedo, del Everton inglés, se rompió la tibia y el peroné izquierdos en enero. Su reemplazante Junior Díaz metió la rosca divina para el gol de Ruiz.

El todo, mucho más que la suma de las partes. Manejó la pelota en el segundo tiempo. Diecisiete pases seguidos, con sentido y concepto. Fortaleza y Salvador tienen climas familiares. Aprovechó esta circunstancia favorable con fundamentos futboleros. La fiesta del vestuario se extendió a la Fuente de la Hispanidad, en San José. El presidente Solís se sumó caminando desde la Casa Presidencial en Zapote. Hasta ahí no llegó la cámara de Wanchope. La leyenda tica guarda espacio para los próximos partidos. Dos más hay, seguro

Imperdibles