"Estabilidad financiera y monetaria", por Eduardo Morón

Se requiere coordinación entre las entidades del Estado para lograr la estabilidad financiera

"Estabilidad financiera y monetaria", por Eduardo Morón

(Foto: Archivo El Comercio)

Antes de la crisis financiera global era más que suficiente que el Banco Central lograra un bajo nivel de inflación. Hoy, los bancos centrales están a la defensiva porque se les quiere añadir un nuevo objetivo: la estabilidad financiera. Es fácil definir la estabilidad monetaria como un nivel bajo de inflación (2-4%), pero no es tan fácil definir estabilidad financiera. Uno podría aventurarse a decir que no haya crisis bancarias, pero podría ser que eso es el resultado de costosas garantías estatales. Uno pensaría en un sistema financiero que crezca sano y que acompañe el crecimiento de la economía. Pero, cuando hablamos de estabilidad monetaria el objetivo es mucho más claro, que la inflación esté entre 2 y 4 por ciento. Aquí no hay margen para entender otra cosa. De repente la mejor definición es reducir los riesgos sistémicos o evitar la presencia de burbujas, pero esas también son difíciles de medir.

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Este problema en definir cuál es realmente el objetivo hace más complejo todo el análisis. Además, hay que tener en cuenta que el instrumento utilizado para alcanzar ese objetivo difícil de definir operativamente no es uno tan obvio como lo es la tasa de interés de referencia del Banco Central en el caso de la estabilidad monetaria. En este otro caso, los instrumentos no son uno solo sino varios: algunos van a ser instrumentos muy toscos, como por ejemplo la tasa de encaje, o imponer topes al crecimiento del crédito total. Otros son más finos porque en lugar de mirar lo que pasa en el agregado se fija en cada caso individual. Por ejemplo, los límites a prestar más allá de una cierta proporción del ingreso de un determinado cliente.

Para complicar más el panorama los instrumentos más toscos están usualmente a cargo del Banco Central, pero los otros suelen estar a cargo de la institución que regula al sistema financiero (SBS) y por eso se abre un espacio para la contradicción. El Banco Central puede subir la tasa de encaje porque ve peligro de crédito excesivo en el momento en que la otra autoridad no ve lo mismo sino un sano crecimiento de la inclusión financiera. Es obvio que se necesita coordinación y muchos países han establecido comités de estabilidad financiera donde todos los involucrados se sientan juntos para coordinar sus acciones.

Al igual que sucede en el diseño de política contracíclica, no siempre el Banco Central y la autoridad fiscal van al mismo ritmo. Cuando uno de los dos está menos dispuesto a actuar, el otro termina compensando esta falta de coordinación. En este caso también la falta de estrecha coordinación puede llevar a que tengamos una autoridad hiperactiva conviviendo con otra más despreocupada.

Otro riesgo que existe es que, como pasa con cualquier impuesto, cuando este es exageradamente costoso, termina promoviendo la elusión. Las políticas macroprudenciales son una suerte de impuesto que obliga a los bancos a tener mayor capital. Si esta regulación es exagerada se puede fomentar la creación de lo que se llama ‘shadow banking’ o banca en la sombra, es decir, mecanismos de intermediación que eluden la regulación y que hacen en principio más frágil el sistema financiero.

Una de las tareas que más le cuesta a las instituciones del Estado es coordinar. Hoy donde no es tan claro el panorama económico se hace aun más crítico hacerlo.