"Juramento hipocrático corporativo", por Diego de la Torre

En la economía del conocimiento, la sostenibilidad debe extenderse también al nivel humano

"Juramento hipocrático corporativo", por Diego de la Torre

(Foto: Archivo El Comercio)

El objetivo más importante de todo empresario es servir a su sociedad y que la presencia de su organización haga que esta esté cada vez mejor. Como Dave Packart dijo una vez: “Mucha gente asume erróneamente que una compañía existe solamente para hacer dinero. Si bien esto es un aspecto importante, tenemos que buscar razones más profundas y reales de su existencia. Cuando investigamos sobre este tema llegamos inevitablemente a la conclusión de que la razón de ser es contribuir a la sociedad, frase que puede parecer romántica e idealista pero que es fundamental”.

Sobrevivir y prosperar es necesario, pero no es suficiente. Todos queremos pasar del éxito a la trascendencia, dejando un legado. Los empresarios imaginando nuevos productos, diseminando tecnología, creando trabajo decente, mejorando la calidad y el servicio, hemos sido el motor del progreso y el desarrollo. La libre empresa ha puesto las buenas cosas de la vida al alcance de muchas personas consolidando sociedades de clase media con más igualdad de oportunidades e indicadores sociales que mejoran continuamente.

El milenario juramento hipocrático que hacen los médicos cuando se gradúan incluye el de “no hacer daño”. Como dice el profesor Charles Handy de la London Business School, los empresarios deberíamos hacer uno similar. Añadiría que también los políticos, los intelectuales y los líderes de las ONG deberían hacer lo mismo. No hacer daño va mucho más allá de cumplir con la legislación vigente en condiciones de trabajo, medio ambiente, relaciones comunitarias y ética. Las mejores prácticas siempre están más avanzadas que “lo legal”.

Muchos empresarios formales peruanos hemos asumido el liderazgo en temas de sostenibilidad ambiental y social en lugar de estar a la defensiva. Solo pedimos un diseño científico, sensato y no ideologizado de regulación conducente a mitigar los efectos del cambio climático. Por el contrario, queremos participar activamente con nuestros expertos en un debate abierto y constructivo para ayudar al Estado y a la sociedad peruana en la transición inexorable hacia una economía baja en carbono.

En la economía del conocimiento, la sostenibilidad debe extenderse también al nivel humano. El balance vida laboral-familiar se ha deteriorado fuertemente. El ejecutivo se ha convertido en una especie de monje corporativo que sacrifica todo debido a su semana de más de 70 horas de trabajo. La negligencia con el medio ambiente espantará a los inversionistas y a los clientes, pero la negligencia con nuestros colaboradores generará el éxodo de los cerebros y los corazones más importantes de la empresa. Como dice el profesor Handy: “Las organizaciones deben verse como comunidades cuyos miembros tienen no solamente un conjunto de habilidades y talentos, sino también necesidades individuales. No son recursos humanos anónimos”.

En conclusión, un juramento hipocrático corporativo de “no dañar” es imperativo, no solo con respecto el medio ambiente, sino también con la sociedad y con los colaboradores. Si no podemos inspirar a nuestros colaboradores, si no sienten que pueden hacer la diferencia, si no se sienten que son valorados, los más capaces se desvincularán pasivamente. Receta segura para perder vigencia y competitividad.