¿Cuánto hemos avanzado en bienestar e inclusión?

Las cifras no son muy alentadores pese a que la economía y la inversión han crecido sostenidamente en los últimos 20 años

¿Cuánto hemos avanzado en bienestar e inclusión?

LUIS DAVELOUIS LENGUA / DÍA_1

Siendo optimistas, la historia económica del Perú ha sido un éxito en los últimos 20 años: crecimiento promedio anual ininterrumpido a tasas de 5,5% y caída de la tasa de pobreza desde casi 55% a algo más de 35%. Y la historia es todavía más brillante si uno mira las cifras de reservas internacionales, de deuda soberana sobre el PBI, de crecimiento de las exportaciones, de empleo, inflación e inversión privada.

Son 20 años de expansión en los que ciudades como Ica, Trujillo, Piura o Chiclayo alcanzaron el pleno empleo y, sin embargo, las variables que miden el bienestar no están necesariamente en línea con las cifras arriba expuestas (vea aquí la infografía).

No vamos a entrar en debates filosóficos sobre lo que es o no bienestar, porque ello puede resultar absolutamente subjetivo. Hablemos de cosas tangibles: posibilidad de acceder a un seguro de salud, a servicios financieros, a una pensión y a seguridad. Eso, sin mencionar que el Perú sigue teniendo el nivel educativo más bajo de la región.

Por ejemplo, tras 20 años, la bancarización –medida como porcentaje del PBI o de personas que utilizan los servicios de alguna institución financiera–, sigue entre 25% y 30%. En el Perú hay solo 25 oficinas que ofrecen servicios financieros por cada 100.000 adultos, mientras que en Uruguay hay 34 y en Chile 62.

Según las cifras de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP, las primas totales de los seguros representan el 1,55% del PBI (a marzo del 2011), cuando al cierre de diciembre representaban el 1,23% del PBI. El avance no ha sido sustancial. Es todavía más escaso si lo medimos en número de personas que tienen un seguro de salud privado: en esos mismos cuatro años el número de personas que contrató un seguro privado de salud creció 35%, pero aún así solo se llega a 542.000.

El número de personas que no tiene cobertura de pensiones (público o privado) como porcentaje de la PEA, no llegaba al 47% en el 2011 cuando en el 2005 era de 34,5% y los cotizantes (los que efectivamente pagan sus aportes), pasaron de 13,1% en el 2005 a 20,19%, solo 7,09 puntos porcentuales más en casi seis años. Como se mire, el avance es pobre si consideramos que en ese mismo lapso el PBI creció 40,16%. ¿Cómo es eso consistente con la bonanza que atravesamos?

Hay más. Las cifras de delincuencia se han incrementado. A priori, uno podría aducir que es lógico: a mayor bonanza, es ‘más negocio’ ser ladrón o secuestrador porque ‘el mercado’ de potenciales víctimas crece. Hace un par de años, en una CADE, un empresario nos decía: “si la gente está trabajando, ya no se dedica a delinquir porque no tiene tiempo”.

¿Pero qué ha pasado con la ciudades que tienen pleno empleo? La tendencia es la misma que en el resto del país. Si todos están trabajando, ¿quiénes roban entonces? Peor aun, según la ONG Ciudad Nuestra, la tasa de homicidios se ha incrementado en 120% entre el 2005 y el 2009; aunque los delitos contra el patrimonio continúan representando más de las dos terceras partes del total.

LOS PORQUÉS
“Como yo lo veo, eso tiene una explicación”, sostiene el economista de la Universidad del Pacífico, Gustavo Yamada. “Lo primero que uno quiere es chamba, luego una mejora de sueldos que se logra a medida que aumenta la productividad de trabajadores y empresa, después salud, y muy por detrás lo demás como vacaciones o pensión pues, en realidad, muchos trabajadores prefieren que les paguen un poco más hoy, a que les descuenten por AFP”.

¿Tiene sentido? El economista Eduardo Morón, también de la U. del Pacífico, comenta el retraso en los indicadores de ‘bienestar’ (a falta de un mejor nombre), tienen que ver con la rigidez del mercado laboral peruano, en el que es más duro y caro formalizarse. Menciona que los contratos a plazo fijo, que no generan derechos laborales (como el CAS en el Estado), están de moda, los cuales no implican empleo permanente.

Ello explicaría, en parte, por qué las personas no tienen AFP y los salarios no se incrementan en la misma proporción en que lo hacen las utilidades de las empresas (como porcentaje de los costos, los sueldos pasaron de representar el 40% al 19%). Mención aparte merece (no lo tocaremos aquí) cómo es que hoy las personas trabajan muchas más horas a la semana y ganan menos en términos relativos.

En cuanto a la seguridad, el sociólogo Carlos Basombrío afirma convencido de que no existe una relación directa entre seguridad y crecimiento económico, pues aquella tiene que ver con la gestión del Estado y su estrategia para combatir la delincuencia. Según cifras del World Economic Forum, la policía chilena está en el puesto 10 de credibilidad, mientras que la peruana está en el puesto 121 de 132 economías.

En todo caso, según estos tres especialistas, la falta de correlación entre las variables no es culpa del modelo económico sino del Estado, primero en forma de distorsiones normativas (rigidez de las normas laborales) y gestión deficiente de la redistribución y de la institucionalidad.

Tras 20 años de éxito, es duro mirar estas cifras. Entonces, ¿qué es lo que vamos a hacer diferente?

Vea la infografía sobre