¿Qué hacer en el mercado de capitales para facilitar llegada de inversiones al país?

La regulación ayuda, sin embargo son muchos los retos que las empresas locales deben asumir para abrir sus capitales, opinan expertos

¿Qué hacer en el mercado de capitales para facilitar llegada de inversiones al país?

LUIS DAVELOUIS / DÍA_1

Un mercado de capitales es importante por muchas razones, pero lo es especialmente para una economía en expansión, cuyos actores necesitan crecer y desarrollarse para seguir existiendo. En sencillo, “si te quedas, mañana llega otro y te saca del mercado […] y si no tienes tamaño para defenderte, no tiene ni qué comprarte, solo te asfixia”, explica Pablo Secada, economista del IPE. El presidente del Banco Central de Reserva (BCR), Julio Velarde, coincide (ver entrevista).

El mercado de capitales compite directamente con el sistema bancario para financiar a las empresas cuando estas tienen por delante el reto de crecer. Según Velarde, aunque el sistema financiero aún ofrece tasas de endeudamiento muy competitivas, el mercado de capitales irá desarrollándose por presión, necesidad y supervivencia de las propias empresas que necesitarán cada vez más capital a un costo y riesgo menores. En efecto, lo que cobra el banco por un préstamo de largo plazo es mucho más caro que emitir deuda si se es una empresa con un buen gobierno corporativo y el respaldo y prestigio adecuados.

Pero muchos empresarios no entienden que eso redunda en mayores beneficios que costos, desde la posibilidad de acceder a financiamiento barato y de largo plazo, hasta el asegurar la supervivencia de la empresa para su descendencia o (de ser el caso) deudos en caso fallezca el emprendedor. Pero estamos lejos de ello.

MEJOR QUE EL BANCO
Cuando se discutía si el mercado de capitales debía ser supervisado por la ex Conasev o si esta debía pasar a formar parte de la Superintendencia de Banca, Seguros y AFP, lo que se objetaba era precisamente que el sistema financiero compite con él y, de alguna manera, está en contra de su interés que las empresas busquen otras fuentes de financiamiento, como señala el country manager de JP Morgan en el Perú, Mirko Stiglich. Siempre habrá dónde y a quién colocar créditos, pero cuantos más haya, mejor.

De hecho, como explica el mismo Stiglich, si se considera que incluso la mayoría de los fondos mutuos que hay en el país son satélites de los mismos bancos, que se crearon, además, como último recurso para que los clientes no se lleven la plata del banco, “nunca ha habido un incentivo muy grande por desarrollar el mercado de capitales”.

Para ser justos, como refiere el presidente de Apoyo Consultoría, Gianfranco Castagnola, “también afecta el crecimiento del mercado [de capitales] lo bajas que son las tasas de interés para el segmento corporativo en la banca”, y “respecto de la inversión en infraestructura, el problema es que faltan proyectos que requieran de capital y sobra financiamiento bancario”. No hay por dónde.

Pero es equivocado echarle la culpa a los bancos. Pese a los esfuerzos notables de la ex Conasev, la regulación aún es rígida y el proceso de emitir valores, engorroso y caro. Pero, tal vez más importante como obstáculo, es la cultura empresarial peruana que, como afirma el propio Secada, y reconocen en ‘off the record’ funcionarios de la bolsa, del MEF y del BCR, aún no se entiende cuán necesarias y beneficiosas incluso para la rentabilidad de la propia empresa son las buenas prácticas de buen gobierno corporativo.

Conversando con el socio principal de Ernst & Young Perú, Jorge Medina, este nos decía: “no comprenden que no pueden poner a su primo de director o gerente de la empresa solo porque es su primo, en esos puestos tiene que ir gente que efectivamente agregue valor”. Pero claro, el tema va más allá de solo poner directores independientes.

“Si yo tengo una empresa que provee de algún bien o servicio al Estado y mi hermano o mi cuñado están en el Gobierno y ya me abroché con el contrato por cinco años, no me conviene ser transparente”, nos decía una fuente del MEF que prefirió mantener el anonimato.

Y esa es probablemente la palabra clave: transparencia ¿Por qué? Porque es lo único que genera confianza de manera razonable. Y es, en opinión del socio principal de Deloitte Perú, Edmundo Beltrán, en los dos sentidos. “No es que los empresarios no confíen en el mercado o que los inversionistas no inviertan sus excedentes de liquidez en bolsa; es un tema cultural y no hay incentivos desde el punto de vista de regulación y de mercado”, nos explica.

Y, además, no es necesariamente cómodo al principio. Dar el paso inicial es un proceso largo, doloroso y caro (como empezar una dieta o empezar a hacer ejercicio). “Es una cuestión de cultura y competencia”, nos dice Secada y agrega que “si hay cuatro jugadores que se reparten el mercado y están muy tranquilos y cómodos cada uno en su nicho, nada va a mejorar; en cambio, si viene alguien de afuera a morderles el cuello, eso sí puede y seguramente va a cambiar”. Pero las empresas, según dice, no quieren hacer reformas.

“Es más cómodo seguir mandando a la esposa de viaje a Miami con la plata de la empresa sin tener que rendir cuentas a nadie; así se siguen manejando muchas compañías, incluso de las más grandes, y eso solo va a cambiar con una nueva generación de empresarios”, nos explica otro funcionario del Estado, que estuvo en el sector privado y que no quiere ser nombrado.

Secada sigue con la idea: “Los empresarios de los conos, tienen empresas que están llegando a tamaños respetables y vienen con otra lógica. Esos, dentro de poco ya van a estar emitiendo bonos y no te sorprenda que en 10 o de repente 15 años sea noticia que la firma de Juan Pérez, emprendedor del cono norte, compró la empresa centenaria de un tío con un apellido rimbombante, todo por el mercado de capitales”.

LO QUE TIENE QUE PASAR
Para Castagnola, de Apoyo, “el principal reto es generar más inversionistas institucionales, esto es, más ahorro interno. Hoy el mercado es dominado por las AFP. Se requiere que las compañías de seguros de vida y los fondos mutuos crezcan más, y que el segmento ‘family offices’ y el minorista se desarrollen más, para darle más profundidad al mercado. Al final del día, se trata de que haya más ahorro y que este se canalice a la inversión a través del mercado de capitales.

En efecto, en el Perú no existe un mercado de capitales que pueda acoger grandes inversiones, sin que se produzcan serias distorsiones y por eso estas no llegan.

Para Stiglich, de JP Morgan, lo que se necesita, para empezar, es que se levante el impuesto de 30% para las ganancias de capital sobre las inversiones que se realizan fuera. Si ello sucediera, “muchas personas que tienen muchísimo dinero afuera vendrían a invertir desde el Perú en fondos mutuos y otros instrumentos, y eso le daría mucho más profundidad al mercado”.

Velarde, del BCR, y Beltrán, de Deloitte, opinan que, en alguna medida, se debería flexibilizar la regulación para las inversiones de las AFP pues, según el primero, si estas pudieran invertir en otro tipo de instrumentos, habría bancos de inversión diseñándolos y haciendo el mercado más líquido y, sí, también más profundo.

Sin embargo, lo único que probablemente funcione de manera sustancial y sostenible es que las empresas decidan abrirse y quieran ser transparentes. Si no es así, esto no camina.