Callahuanca, el paraíso de las chirimoyas gigantes [VIDEO]

A dos horas de Lima, en el valle de Santa Eulalia, los pobladores de este distrito explican cómo se cultivan estas frutas que llegan a pesar más de cuatro kilos

RUDY JORDÁN ESPEJO

Pizza de chirimoya, manjar de chirimoya, cuy en salsa de chirimoya. ¿Quieres más? Yogurt de chirimoya, néctar de chirimoya, pisco con chirimoya (Chiripisco). Los más improbables derivados de esta jugosa fruta peruana solo podían surgir de Callahuanca, un distrito de agricultores amables cuyo clima bendito cura los bronquios, atrae ciclistas y ayuda a producir las chirimoyas más jugosas y portentosas del país.

En el Mercado de Frutas de Lima –donde va el 90% de la producción de chirimoyas del pueblo– este fruto pesa entre 300 y 400 gramos. Sin embargo, la chirimoya más grande registrada en Callahuanca llegó a pesar 4 kilos y 100 gramos. Es decir: diez veces más que el promedio.

Pero el tamaño no lo es todo. “Una chirimoya perfecta debe ser lisa”, afirma Magda Vílchez, productora de la zona. Para Eugenio Salazar, uno de los candidatos a ganar el XXI Festival de Chirimoya a celebrase en 2104 durante la última semana de abril, la clave está en elegir “una variedad resistente a plagas y sequías”.

Sin embargo, no basta con los más expertos agricultores y el clima más propicio para engendrar la chirimoya más rica del Perú (y probablemente del mundo). Para César Rueda, asesor de Turismo de la Municipalidad de Callahuanca, los 1802 msnm donde se ubica su distrito, y las cristalinas aguas que caen desde un deshielo de 5000 metros, han permitido producir el prodigio.

SACÁNDOLE EL JUGO A LA CHIRIMOYA
La producción de chirimoyas empieza en marzo y termina en agosto. Por tanto, para Doris Urbano la única forma de recobrar la inversión de medio año es dándole valor agregado. Es por eso que en la parcela JON S.U., que lleva el nombre de su hija y que administra junto a su esposo, ha creado un sinfín de derivados.

Mientras trae un refrescante milkshake (de chirimoya, por supuesto) que aplaca la sed en un santiamén, enumera la copiosa lista: yogures de chirimoya, panes de chirimoya, pato a la chirimoya, mermeladas de chirimoya, carteras, joyas. “Con las semillas se puede trabajar un montón la artesanía y la bisutería”, asevera. Luego sonríe y nos ofrece un néctar. ¡Salud!

Pero quizás el derivado más demandado por los visitantes sea el helado de chirimoya de la familia Vílchez. Desde chica, Magda fue siempre fanática de los helados y las frutas. De sus padres y abuelos heredó la maestría en el cultivo de la chirimoya. Un caluroso día de 2008 se le ocurrió combinar sus dos pasiones. Las puso en una licuadora casera, le agregó leche evaporada, azúcar, pulpa de chirimoya y el resultado fue irresistible.

Delicias Familia Vílchez, como se llama el negocio, da trabajo a ella y a sus cuatro hermanas, produce una decena de combinaciones y tiene serias intenciones de expandirse pronto a Lima y provincias. Con un producto que definen como “exquisito, sano y casero”, y gracias a la capacitación que el Mincetur les brindó con el programa Mi Tierra un Producto; los Vílchez –al igual que muchos pobladores de Callahuanca– han aprendido a sacarle el jugo a su fruta bandera.