Mercado de sabores: el valor de las salsas picantes

La gastronomía rentable no solo depende de buenos restaurantes, sino también de la fabricación de productos que puedan ser usados en la mesa. Por ejemplo: una salsa de sabor nacional

Mercado de sabores: el valor de las salsas picantes

Para Fernando Dávila los negocios siempre han sido el resultado de ensayos y errores. En los constantes intentos de este administrador de empresas por formar una marca sólida, a veces le fue bien y en otras tuvo algunas caídas en el camino. Pero recién a los 47 años —luego de trabajar en la producción de saborizantes artificiales por mucho tiempo— emprendió un negocio del que ahora se siente orgulloso y que le rinde las suficientes ganancias como para tentar el crecimiento: la producción de salsas picantes para consumo directo.

Pepperes (como se llama la marca de Dávila) nació en el 2006, luego de que él viajara a la selva peruana y se diera cuenta del potencial de los ajíes nacionales. Con S/.10.000 de capital y la experiencia obtenida en el sector de alimentos, contactó a proveedores, hizo acuerdos por Internet con fabricantes de frascos de vidrio y tapas de plástico y buscó a una empresa maquiladora que le pudiera elaborar un primer lote. En paralelo, elaboró la receta con un grupo de ingenieros de industrias alimentarias. Al final de ese trajín, se convirtió en el catador inicial de las primeras 400 botellas de salsa de rocoto. “Las hice como a mí me gustan, yo soy quien decide el sabor”, dice Dávila.

A LA MESA
En un mercado donde la mayonesa, el ketchup y la mostaza son los preferidos del gusto nacional, a Dávila se le ocurrió ofrecerle su producto al chef más famoso del país. Así, uno de los restaurantes de Gastón Acurio compró (luego de la degustación de rigor), doce frascos que en ese momento fueron la primera venta. Lo siguiente fue presentarle el producto a las bodegas gourmet de la ciudad y así, poco a poco, hacer visible (y comible) la marca.

A los tres años, Pepperes llegó a su punto de equilibrio y con ello Dávila expandió su producción hasta llegar a un incremento de 400%. Para el 2009, se abasteció con dos toneladas de cinco tipos de ají (panca, amarillo, rocoto y limo en dos variedades) y produjo 15.000 frascos. De estos, la tercera parte se fueron a Estocolmo (Suecia), luego de que los colocara en un portal de productos peruanos para la exportación. “El picante es de uso universal”, dice Dávila, quien exportó US$8.000 de su producto en valor FOB.

Además de abrirse un mercado en el exterior, la empresa busca acercarse al público local. Por eso, desde hace tres meses Pepperes se encuentra en las dos cadenas de tiendas de la empresa Supermercados Peruanos. Para ingresar a este sector (la venta “retail”), sus salsas tuvieron que pasar un largo proceso de calificación. Una valla necesaria cuando se trata de un negocio pequeño que busca ser grande.