Elena tiene ojos pardos y unas cejas negras y pobladas que destacan sobre esa piel oscura que en este verano ha cuidado para no broncearla de más. Es muy joven, tiene 18 años, y toma un smoothie antioxidante cargado de beterraga. Se cuida, pero no por temor a subir de peso (algo poco probable en ella, por su contextura delgada), sino porque quiere sentirse saludable. Come bien y practica deporte de alta intensidad, un poco de tai –nos dice–, pero también yoga y meditación.

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La modelo, que es imagen de LIF Week otoño-invierno 2017, nos cuenta su vida con mirada esquiva. Pero reconocemos en su voz su gran seguridad. Siempre la tuvo: a los 12 años se inscribió en una academia de modelaje y a los 14 hizo el cásting para el Lima Fashion Week. A la chica que entonces estudiaba en el colegio Santa Ana y medía 1,72 cm la aceptaron solo como suplente de pasarela, pero su actitud hizo cambiar de opinión a los productores, que la envolvieron en su debut con una elegante tenida de Noe Bernacelli, el sueño de toda principiante.

Han pasado tres años desde entonces. Elena Chenguayen Tejada –por cuyas venas corre sangre norteña y china– ha crecido, y no solo en estatura. Sobre la pasarela ha lucido prendas de varios diseñadores peruanos, y también de casas como Max Mara y de Mattijs van Bergen, el llamado "príncipe heredero de la moda holandesa". Ha posado para editoriales en locaciones como Isla Margarita y Juliaca. Pero también ha viajado en busca de más: en febrero último la joven maniquí voló a Europa para ponerse en contacto con agencias de modelos en París y Barcelona. "Salir de tu país es como empezar de cero", dice sin temor. Reconoce lo duro que será su camino y sabe que para llegar a ser como su admirada Coco Rocha (supermodelo canadiense) y lucir una creación del estadounidense Alexander Wang se tiene que sacrificar. Las más rankeadas modelos lo hacen, y es claro que Elena se convertirá en una de ellas.