Alfredo Bryce Echenique sobre acusación de plagio: "Es provincialismo puro"

En entrevista con El Comercio, el escritor dice que detrás de una fama se vive estupendamente bien. En el libro-homenaje que ha publicado Alfaguara, sus amigos más cercanos lo respaldan

Alfredo Bryce Echenique sobre acusación de plagio: "Es provincialismo puro"

Por: Gonzalo Galarza Cerf

El recordatorio llega desde la ventana del auto: ¿Vas a tomarla ahora? Alfredo Bryce Echenique está en ese “parque tan bonito que parece que estuvieras en San Isidro” e interrumpe los retratos que le hace el fotógrafo para ir a donde su esposa Anita Chávez. Su doctor le ha indicado tomar una pastilla de forma urgente. El escritor, de 71 años, parece ajustarse a este nuevo régimen: camina en las mañanas por los malecones y le hace caso a su psiquiatra. “Hago una vida muy sana. A mí qué me importa la fama que me eche todo el mundo. Porque detrás de una fama se vive estupendamente bien”. Bryce dice que las noches de jarana han pasado, aunque a veces con Joaquín Sabina rompe esa regla. Esas historias de celebración de la amistad y otras más (que hablan de su disciplina y del orden en la vida no solo para escribir) están recogidas en el libro-homenaje: “Una vida de novela”.

¿No le resulta muy abrumador este libro-homenaje?
Sí, porque han recurrido a un montón de amigos en Francia, España, Italia, Argentina y lógicamente el Perú. Se iban llevando de aquí sobres y sobres de fotos, de mis padres, mis abuelos, hasta cartas de distintos escritores: Isabel Allende, Mario Vargas Llosa , Julio Ramón Ribeyro, que era como mi hermano…

Porque “Un mundo para Julius” resultó tener tal éxito que terminó asfixiado…
Sí. Eso fue así de horroroso. Tener que ser incluso recluido en un hospital psiquiátrico de Barcelona y los médicos decían que no necesitaba psicoanálisis porque tengo exceso de madurez, me conozco muy bien a mí mismo. Pero descubrieron algo: la falta de vanidad. Ese éxito hizo que la gente me saludara por la calle y todo eso me causó una depresión horrorosa, una angustia y se me hizo insoportable. Desde entonces sí he tenido varias pequeñas recaídas, pero nada en comparación con lo que fue eso. Ahora sé a qué toro me enfrento. Pero ayer estuve en una cita con psiquiatra.

Usted ha estado de cara a la locura. ¿No es ese también el terreno de la ficción?
Sí, pero la ficción no te duele. Lo otro te hace sufrir terriblemente. Y es tremendo porque vas a donde el médico y le dices quíteme tanta pastilla y te pone dos más. Ahora mi esposa me ha dado una pepa que pedía el médico que tomara urgentemente. Y ahora estoy aterrado porque voy a Estados Unidos, voy a Puerto Rico y me van a tomar por traficante. Voy a ver de cuáles puedo prescindir para no llevar tal cantidad de cosas.

¿Cuánto tiempo está con ese régimen? ¿O es de toda la vida?
Toda mi vida. Cambio de médicos y cambian de medicación. Tratas de llegar a donde ese que te lo quite. Ahora estaba hablando con una amiga que está en París y me decía: “Está todo en la mente, Alfredo; sácatelo”. Pero me voy a otro médico para que me lo saque y me pone más pastillas. Y estás harto; para viajar es incómodo por la frontera. Me lo meteré en las medias, pero los gringos son capaces de quitarte las medias en los aeropuertos ahora. Tal vez no sea un problema y sea todo mental, que estoy ansioso.

En una reciente entrevista en “Perú.21” le exigían confesiones sobre el tema de los plagios . ¿Cree que le están pidiendo respuestas que se sitúan en ese terreno de la sinrazón?
Por supuesto. En todo caso, que hablen con mi abogado. Yo digo lo que sé y no lo quieren aceptar. Quieren que responda de otra forma para irse contentos con la primicia: “Bryce me confesó a mí…”. En mi vida les voy a contar confesiones, ni aunque las tuviera.

¿Pero ese periodista no representa a cierto grupo de lectores que se sienten traicionados?
Ojo, pero yo he ganado juicios. ¿Por qué siguen con lo mismo si hay un fallo judicial en primera y segunda instancia?

Más allá de los fallos, ¿no hay lectores que se sienten así?
Yo he ganado lectores. Mis libros últimamente se han vendido más que nunca. Además, este es un asunto de aquí, de Lima, no sale a Arequipa, y no te voy a decir a París. Es provincialismo puro. Nunca me he sentido tan querido por mis lectores. Los artistas me quieren más que nunca y se han solidarizado realmente.

El escritor mexicano Xavier Velasco me dijo una vez: “Yo sigo a Bryce por disciplina del corazón. Lo defenderé y seguiré defendiendo”.
Y en el libro que han publicado hay un texto de Enrique Vila-Matas, nada menos “El honor de Bryce”, y en ese mismo libro hay una carta de Mario Vargas Llosa en la que habla de cuando recién aterrizó en el Perú por primera vez, como yo ahora, y lo acusaron de trata de blancas. Yo prefiero por lo menos que me acusen de plagiario y no de explotaniñas.

Sobre la disciplina del corazón y la ternura e ironía en su obra, ¿cree que novelas como “La vida exagerada de Martín Romaña” se hacen más perdurables que otras más cerebrales?
En el destino de los libros no se puede sacar nunca conclusiones. Yo creí que la novela mía que rompería con todo y borraría “Un mundo para Julius” iba a ser “Tantas veces Pedro” y de repente es la más vendida que tengo en Japón. Hasta ahora me da yenes. Se publicó en el 81. ¿Qué tienen los japoneses distinto a todo el mundo? Es muy especial.

Y esta nueva novela que prepara es un anti-Julius, la caída de una familia adinerada…
Es la decadencia. He leído varios libros de historia de familia y las fortunas en el Perú duran tres generaciones: el que la hace, la consolida y la pierde. No pasan de 70 años. Esa es una ley. Me he estudiado todo, pero no como Vargas Llosa porque él es un realista, sino por lo que me dijo García Márquez: “Léelo todo porque por ósmosis te queda”. Y tiene razón: cuando menos piensas, te sale una cosita de un libro.

¿Y usted a qué colectividad perteneció finalmente?
Siempre decía como Julio Cortázar, y estoy citando para que no digan que plagio, que llevo siempre el corazón a la izquierda. Ahora la izquierda ha dejado de ser lo que en esos años era. Yo siempre puse la vida, los amigos y afectos por delante y nunca milité en ningún partido y creo que hice bien. La que me dejó por marxista hoy es empresaria y si le recuerdas, se pone colorada. Y sufrí mucho porque estaba bien enamorado y ella también, pero le lavaron el cerebro y la izquierda peruana me hizo trampas.

¿Qué cosas?
La más absurda. ¿Sabes lo que hicieron estos de Vanguardia Revolucionaria? Yo vivía en el techo de una casa. Un día aprovecharon que había salido y subieron un globo dirigible que salió visiblemente de la terraza de mi casa y decía: ¡Viva la lucha revolucionaria del pueblo venezolano! Ni siquiera peruana. Viene a buscarme la policía francesa y adentro el inquilino. Eso me mató el corazón porque mi esposa era parte de eso, mi esposa. Y en la realización participaron un montón de buenos amigos. Dos se fueron al carajo porque tuve que enfrentarlos; eran los líderes. Y el que lo dirigió me mandó a decir hace poco que nuestra amistad estaba congelada. Le mandé a decir que estaba derretida. Ahora todos aparecen con corbatazas, como empresarios, como mi primera esposa, que se vino a hacer la guerrilla y nunca quiso tener hijos. Ahora ya los tiene.

¿Usted nunca abrió la posibilidad de tenerlos?
Mi segunda esposa tampoco quería y la tercera vino con sus hijas, que idolatro y que me quieren un montón. Ahora que se van a la universidad las extraño horrores. Yo tuve un trauma, tuve un hermano mayor absolutamente subnormal y fue la tristeza de mi familia. Y como en esto había algo genético, sobre todo que mi familia se casó mucho entre ella y eso produce bebes con cola de cerdo, como decía García Márquez. Y como yo era el último, y todos mis hermanos tuvieron hijos normales, tuve pavor que me tocara la cola de cerdo. No me arrepiento en absoluto. Tengo unas hijas maravillosas. Para qué voy a procrear unos hijos que se parezcan a mí.

¿Cómo serían si se parecieran a usted?
Plagiarios, seguramente (risas). ¿Cómo serían? He sido un gran nervioso, he tenido depresiones, he pasado épocas en hospitales psiquiátricos. No le deseo eso a nadie. Ni a mi peor enemigo.

¿Qué ha sido en este tiempo el alcohol, un apoyo superficial?
No. Te crea más nervios. Solo una vez en mi vida, cuando vine a vivir al Perú en el 99, no soporté la inmundicia fujimontesinista y además fui víctima de un rapto y me dieron una paliza horrorosa. Entonces me fui a Barcelona y allá fui víctima de la estafa de un amigo y me metí en una espiral alcohólica que solo paré cuando el médico me metió en un hospital. Parece que me caía de los asientos. No era consciente de ello. Fueron tres meses. Y entré en un hospital horroroso, un manicomio, tenía que vivir con esquizofrénicos. Y estuve muy solo. En una semana me desintoxicaron. Otra vez que estuve internado fue por mi insomnio. Ahora me tomo mis copas tranquilísimo.

¿Y qué tan presente ha estado el tema de la muerte?
Nunca pensé que podía acabar con mi vida. He tenido muy malas experiencias, horrorosas de depresión que me han costado seis años en salir y si no fueron más. Del 68 al 75. Me acuerdo que cuando tuve una depresión feroz en París después de “Un mundo para Julius” y era profesor e iba a clases muy tempranito en la mañana, un colega me llevaba y tenía un estado de nervios y angustia y ansiedad y locura al cruzar por el bosque de Boloña para llegar a la universidad. Pero siempre pensé: “Otro cojudo abriría la puerta y se tiraría. Yo no”.

EL PERSONAJE
Entre un festival literario, su nueva novela y Madrid
Alfredo Bryce Echenique dice que ya tiene 300 páginas de su nueva novela, aunque aún falta un buen centenar de páginas que no ha escrito. Por ahora, ha viajado a Puerto Rico a participar en el Festival de la Palabra. Después, a mediados de año, dictará un curso de verano en la Universidad Complutense, en Madrid. ¿Cuándo sacará la novela que trata sobre una familia adinerada que cae en la decadencia? Piensa publicarla en dos o tres años. No tiene la presión de ninguna editorial y le gustaría que cuando salga le dejen por fin de preguntar por los plagios.