Ana de Orbegoso, la última princesa inca vive

La fotógrafa Ana de Orbegoso, valiéndose de video, actuación, danza y canto, explora nuestro pasado

Ana de Orbegoso, la última princesa inca vive

La bailarina Miriam Sernaqué en plena puesta en escena, en la que también participó la soprano Sylvia Falcón. (Foto: Difusión)

En su incansable búsqueda de formas expresivas, la fotógrafa Ana de Orbegoso encontró en un cuadro colonial una historia tan fascinante como significativa para nuestra historia. Se trataba de "El matrimonio de doña Beatriz ñusta con don Martín de Loyola", una pintura anónima de la escuela cusqueña del siglo XVIII, que actualmente se encuentra en el Museo Pedro de Osma, en Barranco. Su primera intensión fue poner en escena la historia narrada en el cuadro y filmarla. Pero ese era el punto de partida. 
El resultado es "La última princesa inca", un video instalación que fue presentado hace varios meses, pero que acaba de emprender una nueva etapa en su proceso. 

La artista proyectó el video al público sobre los restos arqueológicos de la huaca Mateo Salado en Pueblo Libre. Una experiencia única para una audiencia sorprendida y emocionada que contempló la creación visual y las actuaciones de Miriam Sernaqué y Sylvia Falcón. 

VIDEO, PINTURA Y TEATRO

En "La última princesa inca", Ana de Orbegoso recrea un cuadro colonial que captura una ceremonia muy especial: la boda de una princesa inca con un noble español. Pero, como su autora nos lo dice, no se trata únicamente de poner en escena la anécdota narrada en una pieza pictórica, sino que explora más allá: "Este matrimonio simboliza la culminación de la conquista española sobre el Imperio Incaico. Más que narrar el evento representado en el cuadro, exploro en el trasfondo que este evento está condensando. El eje narrativo son las vivencias y recuerdos de la princesa. El video está construido sobre una serie de microhistorias. Habla del enfrentamiento de dos mundos. De como una cultura, una raza y un género se imponen sobre otros. En el video la princesa vive su dolor recordando su niñez libre, la entereza de su madre, su posición como objeto de negociación, el rescate de Atahualpa, el asesinato de Túpac Amaru I y II, la caída de su pueblo, el paso de la trascendencia de su madre a ella, y de ella a su hija mestiza. Finalmente la resistencia es lo único que la hace sonreír porque le da esperanza de que hay un futuro. El video desarrolla el evento histórico a través de la polisemia". 

En cuanto a la propuesta formal, "La última princesa inca" no solamente es un video. Se trata de una puesta en escena más ambiciosa en la que se funden actuación, danza y canto en vivo. De alguna manera devuelve a la vida a su protagonista. 

"La inclusión de elementos agrega información al objeto inicial [el cuadro]", nos dice Ana. "En la actualidad los límites entre pintura, música, danza y teatro han sido quebrados. En este caso, mi video es la herramienta que aglomera a las anteriores. La videoinstalación es un soporte actual, así como los cuadros eran el soporte estético e ideológico de épocas pasadas. Estos nuevos recursos sirven al artista para transmitir su mensaje, porque el público hoy se identifica más fácilmente a través del lenguaje multidisciplinario. El objetivo es conseguir que el espectador sea seducido por estos elementos y que, gracias a ello, tenga una experiencia total, tanto de conciencia como de gozo estético", refiere la fotógrafa, y añade: "La princesa y sus acompañantes no son seres de historietas, son seres de carne y hueso, seres que tuvieron emociones, que vivieron y nos dejaron una herencia cultural que ahora poseemos. Busco rescatar las historias de los libros escolares que se quedan empolvados en los estantes, esos libros con pocas páginas. Busco que los espectadores sientan a los personajes y que sean portadores de esa trascendencia para que sigamos creciendo". 

RESURRECCIÓN DE LA HUACA

La idea de proyectar "La última princesa" sobre las huacas le confiere a toda la instalación una nueva dimensión. Es como si la obra se transformara. Incluso se podría decir que tiene la apariencia de un rito de resurrección. 

"Las huacas, lugares sagrados milenarios, se abren ahora a la comunidad sirviendo de conexión entre el pasado y el presente", explica la fotógrafa. "¿Qué mejor lugar para que el espectador tenga una experiencia vivencial con la historia? La historia cobra vida proyectada sobre sus cimientos. La proyección del video sobre una huaca involucra un elemento conceptual más. El video, que ya es de por sí es el soporte técnico/estético de mi discurso artístico, se vuelve un mensaje que usa otro soporte [la huaca], el cual está cargado, a su vez, de significados y alusiones. El viaje pasado/presente se refuerza y enriquece en esta propuesta". 

Resulta interesante no solamente observar el rito que sucede sobre el escenario o la proyección del video sobre las ruinas, sino también la reacción casi ceremonial que despierta en la audiencia. 

"Como en cualquier obra de arte, la princesa cobra vida cuando un espectador la mira, la toca, la siente", explica Ana. "Y en cada nueva proyección, en cada nuevo espacio en el que sea proyectada, esa vida adoptará la forma que cada uno de los espectadores quiera darle. No hay nada más elocuente que el estremecimiento. Una cosa es que te lo cuenten y otra que lo sientas en la piel". 

Tras la proyección del video en la huaca Mateo Salado, Ana de Orbegoso al frente del equipo de "La última princesa inca" tiene pensado seguir con las presentaciones en Lima y en el resto del Perú, si es posible. Una manera de mantener encendida la llama sobre tan fascinante personaje.


Tags relacionados

Ana de Orbegoso