Crónica desde Cuba: después de 13 años se realizará un Congreso del Partido Comunista cubano

Desde el inicio de la revolución se han venido efectuando congresos de este tipo, pero este puede traer pequeños cambios económicos

Por Yoani Sánchez

Son las siete de la mañana y una muchedumbre espera frente al único estanquillo de periódicos que hay en todo el barrio. No están ahí por el “Granma”, ejemplo modélico de un diario con pocas páginas y menor cantidad de noticias, sino que aguardan para comprar un folleto con los lineamientos del VI Congreso del Partido Comunista de Cuba por celebrarse el próximo abril.

Después de 13 años sin que “la fuerza dirigente superior de la sociedad y del Estado” se reúna, ha sido finalmente anunciado su próximo cónclave. La última vez que había ocurrido algo así fue en 1997, cuando todavía su primer secretario, Fidel Castro, podía improvisar largos discursos que convertían las discusiones de las comisiones en un monólogo infinito.

ARROZ Y CARNE RUSA
Para mí, que nací en 1975, el año del primer congreso del PCC, estos encuentros quinquenales han terminado por marcar diferentes etapas en mi vida. Recuerdo especialmente el de 1986, que desembocó en el proceso de rectificación de errores y tendencias negativas, acabando con los mercados libres agrícolas y dejando sobre nuestras mesas un monotemático menú de arroz y carne enlatada proveniente de la URSS.

Cuando llegó el IV congreso en 1991, el plato fuerte fue la flexibilización para que entraran los religiosos a esa organización política, aunque el porcentaje de creyentes que ingresaron no fue tan alto como de sus miembros quitándose la máscara del ateísmo y confesando que tenían una fe adicional a la del marxismo leninismo. Los años de período especial con sus carencias materiales nos hicieron esperar hasta 1997 para ver a la “vanguardia organizada de la nación cubana” congregarse por quinta vez.

Esa vez la magna cita concluyó con la creación de un documento titulado “Por la democracia y los derechos humanos que defendemos”, que pretendía ser un sucedáneo de programa a seguir. Gran ironía en un país del que no se puede salir sin permiso y donde todavía hoy está penalizada la asociación y expresarse libremente es una quimera dolorosa.

LA ISLA DE CHÁVEZ
Justo cuando pensábamos que ya el único partido permitido no iba a reunirse nunca más, apareció el anuncio público de su sexto congreso. Algunos hasta habíamos llegado a especular que la nación estaba regresando a aquellos años comprendidos entre 1959 y 1975, en que no se intentaba esconder que se gobernaba a partir de la voluntad de un hombre, en que los proyectos económicos, las iniciativas políticas, los programas sociales salían de una sola cabeza con gorra verde olivo y barba rala.

Pero durante la última visita de Hugo Chávez a Cuba, en medio de la conmemoración oficial de los diez años de intercambio –mejor decir subsidio– económico entre Caracas y La Habana, Raúl Castro tomó el micrófono y notificó que los comunistas se reunirían otra vez. Lo dijo sin aspavientos, como quien aprovecha la ocasión para deslizar una noticia que ha sido postergada muchas veces. Aclaró que la convención tendrá un corte exclusivamente económico y mencionó la celebración también de una conferencia nacional del PCC que se hará en el 2011.

SIN LIBERTAD
Al leer los 291 puntos del proyecto de lineamientos de la política económica y social para el VI congreso, saltan varias omisiones a la vista. No hay una sola mención a aperturas en el campo de los derechos ciudadanos, ni flexibilizaciones en la rígida estructura política que nos atenaza.

Tampoco se menciona la eliminación de las absurdas restricciones migratorias que impiden a los cubanos entrar y salir libremente de su propio país, muchísimo menos la posibilidad de fundar partidos políticos diferentes al de la hoz y el martillo o votar en elecciones directas por un presidente.

El folleto con los puntos a discutir solo incluye aspectos financieros y productivos; las conquistas cívicas deberán esperar u ocurrir paralelas a la letra rígida de este documento.

ESPERADOS CAMBIOS
Si se separa la retórica y ciertos enfoques triunfalistas, la plataforma del próximo congreso incluye algunas propuestas interesantes. Se refuerzan, por ejemplo, la autogestión de las empresas, la iniciativa por cuenta propia, y hasta se llega a hablar de crear un mercado mayorista para los trabajadores independientes.

Se plantea incluso la voluntad de “aplicar fórmulas flexibles para la permuta, compra, venta y arriendo de viviendas”, lo cual puede abrir las puertas a un mercado inmobiliario por el momento prohibido en la isla. Las autoridades se han negado todos estos años a dar ese paso, con el temor de que en breve tiempo las ciudades se redistribuyan y queden al descubierto las verdaderas desigualdades sociales que recorren nuestra sociedad.

Aunque muchas de las propuestas económicas planteadas en este proyecto se orientan en la dirección deseada –de la reforma y la apertura– lo cierto es que ni la profundidad ni la velocidad en que se avizoran esos ajustes logran sacar de la frustración a la mayoría de los cubanos.

¿REELECCIÓN DE FIDEL?
El punto más candente alrededor de este encuentro partidista parecía el de la posible reelección de Fidel Castro como líder eterno del PCC o su sustitución por otra figura, indudablemente por su hermano menor al que ya le heredó el gobierno de la nación. Sin embargo, las expectativas respecto a esa decisión fueron disueltas con el anuncio de una conferencia nacional –paralela al congreso– donde se debatirán temas internos de la organización.

Sin fecha aún para ser realizada, esta convocatoria le arrebata al evento rector del PCC todas las decisiones políticas. De manera que el verdadero congreso no es ese que ocurrirá en la primavera del próximo año, sino el otro, el que aún no se sabe cuándo y dónde será, pero que sin lugar a dudas marcará mi vida –nuestra vida– con la misma testarudez y ceguera con que lo ha hecho todas las veces anteriores.