Daniel Titinger: "Soy un obseso de los datos, escribir es la parte menor"

Periodista presentó “Cholos contra el mundo”, un libro de crónicas que tiene a Kina Malpartida, Martín Adán y El Huáscar entre algunos de sus protagonistas

Daniel Titinger en entrevista con elcomercio.pe.

MELVYN ARCE RUIZ
Redacción online

A Daniel Titinger no le gusta que le llamen escritor, prefiere periodista y, en el mejor de los casos, datero. Sus crónicas se caracterizan por ser abundantes en información, detalles del personaje rebuscadísimos y curiosidades varias. “Cholos contra el mundo” (Planeta, 2012), el libro que acaba de publicar, es una muestra de ello.

Debe tomarte mucho recopilar información, ¿cuánto tiempo le dedicas a cada crónica?
En algunos casos, me toman un año. Soy un obseso de los datos. Los puedes buscar navegando en un sinfín de papeles, como en una entrevista o en una fotografía. Nutrirme de toda información para luego escribir. Y escribir para mí es aprender a desechar más que aprender a escoger. Pero para botar, primero tienes que conseguir mucho. ¿Cuándo sabes que ya no necesitas más información? Nunca. Quizá cuando publicas la crónica o cuando te sientes, desde tu propia erudición, un especialista en el tema. Porque una crónica es algo subjetivo. No son los personajes, es mi visión de los personajes. El único límite que se nos impone a los periodistas es la realidad. Yo uso la información real para escribir, pero de acuerdo a mi manera de ver las cosas. Este libro también es una posición respecto a mi mundo, a mi país. Puedes estar a favor en contra, pero lo que quiero es exponer una idea. Y para eso necesito mucha información. Luego viene escribir, que para mí es la parte menor.

¿“Cholos contra el mundo” estaba planeado como una continuación de “Dios es peruano”?
Inició como un solo índice. Es más, pudo ser un solo libro. Pero decidimos separarlo en dos porque, de no ser así, recién estaría publicándolo. “Cholos contra el mundo” surgió mucho tiempo después de lo que creíamos. Dirigir un diario, tener dos hijos. Todo esto hizo que se pospusiera la publicación.

¿Qué diferencias destacarías entre ambos libros?
Cada crónica que he escrito, excepto la de Martín Adán ha sido pensada para “Cholos contra el mundo”. En “Dios es peruano” no fue así. Por eso no veo este libro como una selección de crónicas, sino como crónicas hechas para un libro. Hay temáticas muy parecidas entre ambos, una simbología similar del país, pero han pasado cinco años y el autor, aunque es el mismo, es otro. Hay crónicas de “Dios es peruano” que leo ahora y no me gustan. Hay algunos temas que he exacerbado porque yo me he exacerbado. La portada en sí también es una diferencia grande.

Sergio Vilela cuenta en el prólogo que tenías pensado titular este libro como “El diablo es peruano”
También pensamos en “Dios no es peruano” y “Dios es peruano 2”, pero ese último sonaba a continuación y todas las continuaciones son una tontera a menos que seas “El Padrino”. “Cholos contra el mundo” me parece más directo. Así está cada personaje: solo contra el mundo en su lucha. El epígrafe creo que resume bien todo, es de Flaubert: “Perú, país donde todo es de oro”. La frase viene de un libro que se llama “Diccionario de prejuicios”. Es un poco de eso, creo yo: jugar con lo que somos y no somos, con lo que queremos ser. Hay historias de triunfo pero también de fracaso. Incluso de triunfo en el fracaso.

Decías que no te gustan las historias con final feliz
No me gustan, son muy aburridas. Esas son para Disney. Las historias para mí tienen que acabar contigo agobiado, tienen que darte hasta cierto asco. Una historia tiene que sacudirte, darte ganas de vomitar. No puedes leer una crónica y quedarte como si nada hubiera pasado. Te tiene que remover. Por eso es que creo que no funcionan las historias de superación por superación. No me gusta la autoayuda. No me gusta que las cosas acaben bien. Además, tienen que acabar mal porque así es lo normal. Lo normal es que todo acabe mal. Eso no es pesimismo. Es el día a día. Nos están vendiendo la idea de que el Perú es súper y, está bien, lo es, pero también está bien la autocrítica. Este libro es en cierta forma una ironía.

¿Te obsesiona el Perú?
Yo te puedo decir que sí, pero en realidad no sé. El Perú es una casualidad de la geografía. Aquí naci y a todos nos obsesiona lo que nos rodea. Y una historia no tiene que ser insólita. Se puede escribir de un plato de lentejas. Es más, alguien debería escribir sobre un plato de lentejas ahora que solo se escribe de lo gourmet. Una crónica no es escribir bonito de algo insólito. Estamos mal si partimos de eso. Y la gente también cree que la crónica recién está de moda. Si es así, ¿dónde quedan Jaime bedoya, Beto Ortiz, Eloy Jáuregui, Lucho Miranda?

Es por el boom de la crónica latinoamericana
Mucho me preguntan de ello. ¿Dónde explotó?, digo yo. ¿Quién puso la granada? He leído crónicas desde siempre. No es algo nuevo. Cronistas, además, los de la colonia, los de Indias.

En “Dios es peruano” escribiste sobre Maju Mantilla y luego contaste que a ella el perfil no le gustó y que la hizo llorar. ¿Te ha vuelto a pasar?
Es que la gente no entiende cuando les dices voy a escribir un perfil. Te dicen ya, pero pensando que se trata de una entrevista. Un perfil es la crónica sobre una persona. Con la misma obsesión con la que te metes a investigar una historia, comienzas a investigar la historia de esa persona. Puedes ver la vida de sus padres, sus abuelos, el colegio para abarcar muchos instantes de su vida. Eso no le gusta a la gente. No porque tengan algo que ocultar, sino por privacidad. Hay mucho fastidio en las personas sobre las que he escrito. Muchas de ellas ya no me vuelven a saludar. Como te digo, el perfil te expone ante el resto. Para escribir sobre Kina Malpartida, por ejemplo, hablé con más de 40 personas. Que aparezcan solo cuatro es otra cosa. Lo que yo trato es de ser honesto.

¿A qué personaje investigas ahora?
A raíz del perfil de Martín Adán, estoy preparando uno sobre Julio Ramón Ribeyro. Ese sí es mi escritor favorito. Lo fue siempre, desde que empecé a leer de verdad. Lo bueno es que él, igual que Martín Adán, no se podrá molestar de lo que escriba. Lo malo es que será más difícil. ¿Cómo recreas una vida sin hablar con el protagonista? Por eso todavía estoy en la etapa de índice. No sé todavía de qué quiero escribir. Julio Ramón Ribeyro es fascinante y también está cholo contra el mundo.

¿Recuerdas cuál fue tu primera crónica?
Fue para El Comercio. Había una sección que se llamaba “La contra”. Yo trabaja en locales y veía es página con interés y con una cercanía lejana. Todos trabajábamos para llegar a ella. Lo bueno de mi sección era que todo el tiempo estábamos en las calles, así que mi primera crónica debe haber sido sobre un personaje de Lima. No recuerdo exactamente cuál.

Pero ¿cuál fue tu primer acercamiento a la crónica?
En mi etapa universitaria comienza a despertar la crónica. Gatopardo llega a América Latina. Surge Etiqueta Negra. Había grandes maestros: Martín Caparrós, Juan Villoro, Leila Guerriero. Yo tuve de profesor a Julio Villanueva Chang y también apareció la Fundación de Nuevo Periodismo Iberoamericano. Todo eso, creo yo, hizo que surja una generación de cronistas. Sergio Vilela, Juan Manuel Robles, Gabriela Wiener, Toño Ángulo. Algo debe haber pasado allí porque todos tenemos casi la misma edad.

MÁS INFORMACIÓN
“Cholos contra el mundo”, publicado por la editorial Planeta, ya se encuentra disponible en las librerías locales. La portada es una ilustración de Cherman y cuenta con el prólogo de Sergio Vilela. El precio es de S/.35.