Lika Mutal murió: lee nuestra entrevista inédita con la artista

Autora del “Ojo que llora” falleció a causa de un accidente vascular cerebral. Esta fue nuestra última conversación con ella

Lika Mutal murió: lee nuestra entrevista inédita con la artista

Holandesa de origen y peruana por elección, la escultora Lika Multa deja un legado perdurable. (Foto: Luis Choy/ El Comercio)

Enrique Planas

"No hay mucho más que decir", me dice su esposo, el pintor Gam Klutier, al responder la llamada. Lika Mutal, una de nuestras mayores escultoras, falleció, víctima de una embolia cerebral. "El coágulo era tan grande que no se pudo hacer nada. Fue tremendo", dice él con voz ausente, aunque calmada. La noche del lunes, su casa en Barranco abrió las grandes puertas para recibir a los amigos sorprendidos por la muerte de la artista de 77 años. Sus restos serán cremados este martes, en un funeral al que asistirá su grupo más íntimo.

Aquí un testimonio de parte: en diciembre del 2015, Mutal había presentado “El espejo de piedra” en el Museo de Arte Contemporáneo, una muestra con espíritu de retrospectiva, pues reunía 14 enormes piezas de piedra para dar cuenta de su complejo proceso de aprendizaje en el diálogo con su mítica materia prima. A inicios de este año, la propia escultora me llamó para conversar: quería publicar un libro que ordenara aquella experiencia y compartiera sus ideas sobre la piedra, desde la experiencia de artista y la conciencia de su alcance espiritual. Un diálogo que, finalmente, terminó fuera de tiempo para ser incluido en la publicación del MAC, pero que, por su interés, lo reproducimos aquí con sobrecogido pesar ante su ausencia.   

—Experiencia y conciencia. ¿Ambos términos, tan presentes en el proceso de tu trabajo frente a la piedra, se encuentran en tensión o son complementarios?
Son totalmente complementarios. Es la experiencia la que define la conciencia, lo que le da la razón. En mi trabajo, la experiencia es la piedra de toque. Uno va dándose cuenta de que un proceso de conciencia llega a una percepción que se va ensanchando. Y ese ha sido mi proceso en la piedra. He llegado a saber lo que se podría hacer con ella realizando piezas complicadas técnicamente, pero siempre dejando una parte natural intacta. Eso es la conciencia de la piedra.  

—¿Podríamos decir que es el Land Art el concepto que define tu trabajo?
Sí, claro. Está muy ligado a la percepción de que la tierra es clave para este tipo de arte. Y que hay que sacar de allí una experiencia. De eso se trata.

—El movimiento del Land Art, en los años 60, nació como una especie de respuesta a la comercialización del arte. ¿Esa intención marcó también tu ideario?
Sí, siempre. Pero estando en el Perú, sentí en los artistas del Land Art algo más: un deseo de retomar lo sagrado en relación a la tierra. Fuera, el ritual se había perdido. Se veían cosas muy raras, que llegaban a ser demasiado individualistas. En el Perú el ritual ha sobrevivido y existe su expresión artística, aunque no estaba conceptualizado. Y el concepto es muy importante. Pienso que hay ya nuevas generaciones que se dan cuenta de eso.

—Una clave fundamental para entender el proceso de tu trabajo es la conciencia del espacio...
Primero, tenía que encontrar la diferencia de lo que para mí era una idea romántica con la realidad. Esto se fue acompañando con un proceso de meditación, dirigido hacia la certeza de que lo sagrado está en la tierra, con la intención de salvar la tierra y ponerla otra vez en relación con el ser humano. El maestro andino que me acompañó en este proceso me decía siempre: "Toda piedra tiene un conocimiento. Debes sentarte al lado de la piedra y chacchar la coca, para que la piedra te ayude a lograr lo que quieres". Eso ha sido una revelación, en verdad. Sentada absolutamente sola, al lado de la piedra, sentía cómo esta energía iba cambiando. Fue un descubrimiento. Pienso que el origen, el corazón de la piedra tiende a la paz.  Pero en la historia reciente, el hombre ha hecho algo con la tierra, y la piedra ha internalizado la furia. Aunque no sé cuánto se puede hablar de este tema antes de que la gente me tome por loca…

—En tu trabajo, ¿dónde termina la ofrenda y dónde comienza la obra? 
No siento la obra como ofrenda. Lo que sí debe haber es una relación con lo sagrado de la madre coca, la hojita de la planta que no tiene nada que ver con la droga. Es terrible ver cómo la droga ha malogrado este poder sagrado y místico. La ofrenda es algo que ofreces al espíritu de la madre tierra, pidiéndole permiso para estar allí.

—Cuentas que la física cuántica te sirve para explicar el proceso creativo de tu obra. ¿Física y arte son comparables?
Por supuesto. Reglas de las artes visuales como la incertidumbre, la dualidad, la fluctuación, el entrelazamiento, la complementariedad son también reglas de la física cuántica. 

—¿Qué es para ti la sinceridad en el proceso artístico? ¿Tiene que ver con negar la idea de pulir la piedra?
Yo salí relativamente pronto de la Universidad Católica porque me di cuenta de que jamás iba a soportar todo ese tiempo de cursos teóricos. El galerista Carlos Rodríguez me dijo: "No doy muestras a estudiantes, pero te voy a dar una a ti. Si tú quieres hacer una exposición, tienes que salir de allí". Y decidí salir. El maestro Juan Arias, un picapedrero fantástico que llegó a ser como un padre para mí, después de ver mis "Quipus", una serie de esculturas pulidas, me animó a aprender a trabajar el granito. Me llevó a una pequeña cantera en Cajamarquilla, porque aquí no se vendían bloques de granito entonces. Allí había centenares de bloques pequeños y una muy clara relación con el cosmos. Te explico: el lado sur de la cantera estaba lleno de musgo, mientras que el lado norte estaba oxidado. Yo sentí realmente que esas piedras eran pedacitos de algo mucho más grande. Desde entonces pienso que es una especie de narcisismo imponer tu propia idea cuando trabajas la piedra.

—Hay que aprovechar lo que el propio material te da…
Efectivamente. Cuando empecé a trabajar la piedra me parecía muy estática con el material, por eso hacía todos esos movimientos dentro de la piedra para sacarla de su inmovilidad. De repente, entendí que eso era una proyección de mi propia búsqueda. Estaba en busca de un idioma.

—Sueles decir que la piedra tiene un "instinto caníbal", la capacidad de consumir la energía de quien esté cerca. ¿Es verdad eso?
Sí, es tremendo. Creo que fue a pesar mío. He trabajado con piedras que me han hecho sentir enferma después. Me atrevo a contarlo porque detrás de mí están estas piedras. Son una ventana hacia un mundo que no conocemos pero con el que podemos tener un contacto. Y eso es lo que quiero contar.

—Cuando un artista hace una retrospectiva, lo convencional es que haga un acopio de obras creadas en un período determinado. En esta exposición ("El espejo de piedra", presentada en el MAC en diciembre del 2015) sucede al revés: reflexionas sobre el período de tiempo que llevas relacionándote con una obra en especial.
Sí. El proceso no solamente tiene que ver conmigo, sino también con lo que ha pasado en este país.  Y con su violencia. Me resultaba aburrido pensar en hacer una retrospectiva desarrollando una serie de ideas mías. Uno es muy pequeño. Sin embargo, cuando trabajas con un material natural como la piedra, sientes que puedes ensanchar el universo. Solo la experiencia de estar en un espacio y sentir que ese espacio está vivo, es increíble. Es la experiencia de participar en la vida. Lo que sale de una piedra sale de tu alma, de tu cuerpo, de tu mente. Pienso en "El ojo que llora", por ejemplo. Recuerda la reacción que tuvo un enorme grupo de personas contra el informe de la CVR y mi obra, tirando lodo e insultando. Una obra de arte puede mostrar lo que ha pasado sin palabras. Y este “sin palabras” es muy importante.   

—Como artista, ¿buscas desaparecer en el paisaje?
Sí. Hasta cierto punto. Uno recibe, y hay que dar un paso atrás. Pero en el momento en que todo esto pasa, el nexo es el ser humano. Soy importante solo como instrumento.

PERFIL
Lika Mutal (1939-2016)
Profesión: Artista plástica
Aunque nacida en Holanda, radicó en nuestro país desde 1968. Estudió en el Bonifacius College de Utrecht, en la Escuela de Bellas Artes de la U. de los Andes en Bogotá y en la Escuela de Artes Plásticas de la PUCP,  en Lima.
De su obra pública en el Perú destaca "El ojo que llora", ubicada desde el 2005 en el Campo de Marte de Jesús María, Lima. Por esta obra obtuvo en el 2014 el International Global Service Award de la Escuela de Chicago de Psicología.

EL DATO
Lika Mutal fue, junto a Alberto Goachet, Juan Alberto Flores, Juan Mulder y Graciela Fernández Baca, miembro del jurado de la edición 21 del Premio Padre Urías de El Comercio, que reconoce los mejores trabajos periodísticos del año.

 


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