Museo Pedro de Osma inaugura nueva sala

El espacio está dedicado a las tradiciones de las culturas Tiahuanaco, inca y colonial

(Video: El Comercio)

Enrique Planas

Es un vaso ceremonial cuya forma se abre en su parte superior, como para ofrecérselo al sol. Aunque se conocen antecedentes en una cultura anterior como Pucará, el kero es uno de los objetos más característicos de Tiahuanaco. Se producía por pares, ya que en este objeto se sintetiza la dualidad andina, la complementariedad, el brindis con el otro. Su vigencia no solo se mantuvo en el mundo inca, sino que fructifica durante el período virreinal y el republicano. Hoy, el rastro del kero lo podemos encontrar en los llamados caporales arequipeños de vidrio, donde se toma la chicha. Pueden ser de cerámica, madera, vidrio, los estilos e inscripciones pueden cambiar, pero su función ritual nos vincula con nuestros ancestros. En ese vaso, burbujeando, hay más de 1.500 años de historia en los Andes.

Arte del Sur Andino: Tiahuanaco-Inca-Virreinato es el nombre de la nueva sala para la colección permanente del Museo de Osma, que alberga justamente objetos que, como el kero, los aríbalos, el tupu o las cabezas de porra, dan testimonio de una historia continua en el Altiplano andino.   

LA COLECCIÓN

Para Pedro Pablo Alayza, director del museo, el proyecto de sumar piezas precolombinas al acervo de la institución no era una propuesta reciente. Sin embargo, no había una propuesta que articulara orgánicamente con el patrimonio pictórico colonial que atesora el Museo de Osma.

Coincidentemente, Alayza había trabajado años antes con la familia Lámbarri preparando el pequeño museo que hoy existe en la hacienda Huayoccari, en Urubamba. José Ignacio Lámbarri, miembro de una familia que por generaciones ha sabido proteger el patrimonio artístico cusqueño, expone en aquella sala del Valle Sagrado una notable colección de arte Tiahuanaco e inca. "Trabajamos juntos el proyecto por cuatro años, con la idea de amarrar el mundo precolombino con el mundo virreinal, pues la familia cuanta también con una magnífica colección de arte colonial", recuerda el historiador de arte.

En esa experiencia se plantearon por primera vez esas nuevas rutas de investigación que buscaban destacar lo permanente a lo largo de milenio y medio, a través de objetos que nos sirven de guía para ingresar al mundo precolombino.

Esa es la motivación de la nueva sala del Museo de Osma, que conserva en comodato parte de la colección Lámbarri: mantener la continuidad entre la colección del museo y su vínculo con el pasado.

PRESENCIAS EN LA PINTURA

En su nueva sala Tiahuanaco-Inca-Virreinato, la curaduría incluye además una colección de pinturas cusqueñas donde la presencia inca es manifiesta. Así, no solo se trata de presentar objetos precolombinos que han sabido mantenerse en el tiempo, sino mostrar cómo la figura del inca y del mundo precolombino participa en la sociedad colonial. "Muy poca gente sabe que la aristocracia inca mantuvo prerrogativas reales reconocidas por la corona española durante todo el Virreinato. Es algo que desapareció con Bolívar, en los primeros años de la República", afirma Alayza.

 "Hubo un largo período en el que el mundo inca estuvo muy presente en el Virreinato. Hay que entender que la conquista del Perú no hubiese sido posible sin alianzas, tanto políticas como religiosas y económicas. Era necesario que los españoles contaran con el apoyo de grupos locales, caciques e indios nobles  para poder gobernar. Personajes como el Inca Garcilaso de la Vega o Francisca Pizarro nos muestran que el primer acto fundacional del Virreinato es el mestizaje", afirma el director del museo.

Un ejemplo muy gráfico resulta el cuadro “El matrimonio de la ñusta”, que retrata a doña Beatriz Ñusta, última descendiente inca, princesa nieta de Huayna Cápac, en su boda con Martín de Loyola, sobrino de San Ignacio de Loyola. En el lienzo de autor anónimo pintado en 1718, acompañan a la novia toda la panaca real, encabezada por Sayri Túpac, segundo inca de Vilcabamba, y  Túpac Amaru I, cuarto y último inca rebelde. Toda la corte indígena viste sus trajes oficiales, sus armas y la mascaipacha a un lado del cuadro. Y al centro de la imagen está San Ignacio de Loyola y San Francisco de  Borja, íconos jesuitas. "Es toda una composición en la cual se aprecia la importancia que tenía el mundo inca dentro de la Colonia. Los jesuitas, quienes tuvieron un enorme poder, establecieron una alianza privilegiada con la aristocracia inca. A partir de esta boda y de otras acciones, ellos lograron establecer una relación muy estrecha con la nobleza incaica y el pueblo cusqueño", señala el historiador. 

BUSCANDO UN INCA

Otro cuadro que destaca en la nueva sala representa la genealogía de los incas, un tópico de la pintura cusqueña del siglo XVIII, realizado  con la finalidad de justificar los ancestros del propietario ante la corona europea. Asimismo, ya en el cierre de la muestra, cuelga un muy interesante lienzo que retrata la fiesta del Corpus en el Cusco. 
En efecto, en una tradición que permanece por siglos, cada año en la Plaza de Armas del Cusco se reúnen los santos que representan a los diferentes barrios de la ciudad. En los tiempos incaicos, una vez al mes, con cada luna la fiesta convocaba en aquella misma plaza a las diferentes panacas reales, coincidiendo en el centro del mundo andino con las momias de sus incas.

En el cuadro anónimo, en medio de la fiesta mestiza destacan indios nobles llevando mascaipachas encabezando sus carruajes. Cuadros como este dan cuenta de esa unión permanente entre poder local y poder colonial, que tan bien plantean los trabajos de un investigador como Ramón Mujica. Un ejemplo elocuente de cómo los jesuitas fueron más allá resulta la creación de la imagen del "Niño Jesús Inca", afirma el curador.  

LA HISTORIA EN GRANDE

Como nos explica Alayza, la intención de esta muestra es asentar la nueva identidad del museo, afianzando un espacio en el circuito cultural dedicado a la difusión del arte precolombino y virreinal del sur andino. Por primera vez en la historia de esta institución, el pasado virreinal se aprecia a la luz de sus antecedentes prehispánicos.

"Queremos pensar toda esta continuidad entre Tiahuanaco, imperio incaico y Colonia como un gran período histórico. No queremos poner la atención en los simples acontecimientos, sino entender los grandes procesos culturales en un área determinada. Hemos planteado esta nueva sala para que se entienda que entre Tiahuanaco y los incas hubo un nexo muy estrecho, tanto como lo fue entre los incas y la Colonia", explica Alayza.

¿Cuándo empieza y cuándo termina la historia? Son preguntas que solo los manuales responden categóricamente. En efecto, con la muerte de Atahualpa si bien acabó la hegemonía inca en el poder político, no desapareció de la escena. La historia no va cerrándose por capítulos, sino que va dando muestras de una sorprendente continuidad. Específicamente, la del territorio del sur andino lleva milenios repitiendo sus ciclos económicos, ideológicos, políticos e ideológicos. Una gran historia que puede leerse en keros, tupus y aríbalos como si fueran libros abiertos.

MÁS INFORMACIÓN

Dirección: Av. Pedro de Osma 421, Barranco.

Horario: De martes a domingo, de 10 a.m. a 6 p.m.

Entradas: S/20 y S/10.


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