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De Trappist-1 y la NASA a otras ficciones planetarias [FOTOS]

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Los humanos, con la Tierra cayéndose a pedazos, buscan poblar una luna de Júpiter en "Avatar". (20th Century Fox)

Nos encanta mirar al cielo. Pero detrás de esa contemplación romántica de la Luna y las estrellas, parece haber un deseo natural de buscar un escape de la Tierra. Un anhelo de salir disparados en un cohete hacia lo desconocido, de penetrar en la oscuridad más profunda. ¿Por qué nos fascina tanto el espacio exterior? ¿Para qué queremos explorar lo lejano? Son las inmensas preguntas celestes.

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Hay dos pulsiones que parecen claras: la de la huida –el querer abandonar este mundo ancho, pero ajeno– y la de la conquista. Esta última, en particular, se hace patente cuando hablamos del afán “colonizador” del hombre. El reciente descubrimiento de la Trappist-1 –“estrella enana, ultrafría y muy tenue”, la ha descrito muy literariamente la NASA– y de sus siete exoplanetas ha emocionado a medio mundo por la posibilidad de encontrar una fuente de vida fuera de la galaxia. Y ante las imposibilidades (al menos hasta ahora) de la realidad, la ficción se ha ocupado de cumplir ese sueño antiguo. 

 

 

TODOS EN LA LUNA
De futurista, poco o nada, pero la “Divina Comedia” de Dante Alighieri ya se planteaba el Paraíso como una especie de estado inmaterial dividido en nueve cielos, entre ellos Mercurio, Venus, Marte, Júpiter, Saturno, el Sol y la Luna. Así, de la mano de Beatriz, Dante hace uno de los primeros viajes interplanetarios de la historia de la literatura. Más adelantado, imposible.

Pero es la Luna la primera que despertó pasiones e inquietudes. En 1865, Julio Verne escribió “De la Tierra a la Luna”, uno de sus más famosos textos de aventura, imaginando una travesía a la gran roca. Y en 1901, inspirado por la oleada colonizadora británica, H.G. Wells publicó “Los primeros hombres en la Luna”, otra aproximación a la idea de habitar el satélite terrestre.

Pocos años después, con el cine como arte recién nacido y esas dos obras como principal fuente creativa, el francés Georges Melies dirigió el clásico “Viaje a la Luna”, película pionera de la ciencia ficción en la que una expedición terrícola combate a los selenitas, los maltrata y hasta los esclaviza. Todo narrado en 14 minutos con un humor tan natural y naíf que roza lo aterrador.

 

 

TRAS LOS MARCIANOS

Cuando las certezas de que en la Luna no había nada y alcanzarla se convirtió prácticamente en un capricho de la Guerra Fría (finalmente cumplido en 1969), otro fue el destino ideal escogido: un poquito más allá, en Marte, se volcaron las esperanzas de encontrar agua y compañía dentro del cosmos infinito.

Sobre las posibilidades de hacer una nueva vida en ese lugar, Ray Bradbury escribió una serie de relatos denominados “Crónicas marcianas”, en los que reflexiona sobre todas las cuitas que nos agobian como humanidad y que, eventualmente, trasladaríamos idénticas al Planeta Rojo. Retrato de una colonización más bien gris.

El ruso naturalizado estadounidense Isaac Asimov, otro titán de las historias futuristas, también coqueteó con el planeta vecino en “A lo marciano”, en el que describe a varias generaciones de humanos viviendo en Marte y disputándose, entre otras cosas, el agua, en medio de diversas intrigas políticas. Asimov explotaría esa línea temática en uno de sus títulos cumbre, “Fundación”, donde los rasgos terrícolas se extienden hacia rincones aun más lejanos. En un universo sin fin, la onda expansionista no tiene cuándo acabar.

 

 

EL INFINITO Y MÁS ALLÁ
Más recientemente, el director James Cameron quiso adelantarse a todo Hollywood no solamente en términos de tecnología 3D, sino en mandar un mensaje a la conciencia sobre los parámetros morales de la conquista humana. Lo hizo, con irregulares resultados, en “Avatar”, película en la que los habitantes de una Tierra en franca decadencia comienzan a buscar opciones de supervivencia en una de las lunas de Jupíter. Allí se toparán con los Na’vi, una suerte de pitufos espigados que buscarán proteger sus recursos naturales ante el avance industrial de los hombres.

Otra película de interés en esta categoría es “Starship Troopers”. Resistida por la crítica, la cinta de Paul Verhoeven quizá sea una gran incomprendida por su propuesta extravagante y desbordada. Aquí, el hambre de los seres humanos por aniquilar mundos y vidas alienígenas es, según versión del propio autor, una metáfora del fascismo descontrolado y demente, incapaz de menguar su propia locura.

Y aunque Trappist-1 nos alegre la semana con su redonda, vital, pero todavía aparente perfección, existe un temor de que los insaciables propósitos económicos y de poder del hombre la conviertan en el próximo destino de sus propias fechorías.

Todavía falta tiempo para saberlo. Mientras tanto, mejor sigamos mirando la Luna de lejos.

 

MÚSICA SIDERAL: DE LOS PLANETAS A MAJOR TOM

Para una banda sonora sideral, el grupo español Los Planetas ofrece buenas metáforas sobre las ansias de conquistar el universo, aunque no podamos ni con nuestras vidas en la Tierra. Amarga cuota de realidad.

También le han cantado a las estrellas los Rolling Stones con "2000 Light Years From Home", Pink Floyd en "The Dark Side of the Moon" o los Flaming Lips en temprana versión punk con "I Want My Own Planet" .

Pero nadie ha musicalizado tan bien esos viajes interestelares como David Bowie, quien con "Space Oddity" creó a su álter ego Major Tom, astronauta que se pierde en la galaxia pero que luego deambula por otros planetas y canciones. 

En uno de los últimos videos de Bowie, "Blackstar", un cadáver en traje espacial es encontrado por una mujer con cola. Ni el héroe cósmico pudo con la grandeza del espacio exterior.

 

¿QUÉ ES TRAPPIST-1?

Estrella distante
El astro se encuentra a 40 años luz de la Tierra, es decir, a unos 378 millones de billones de kilómetros.

Exoplanetas hermanos
Alrededor de Trappist-1 hay siete planetas rocosos de tamaño y masa similares a los de la Tierra.

El agua es vida
Sus temperaturas oscilan entre los 0 y 100 grados, rango en el que puede haber agua líquida. Pero solo tres de ellos están en la llamada "zona habitable".

Trabajo pendiente
La NASA estudiará su atmósfera para determinar si existe actividad biológica. Esto tomará varios años.

Todo cuenta
Pero incluso si no se encuentra vida, servirá para entender las condiciones necesarias para albergarla.

 

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