Espíritu criollo: Lo mejor de la vieja guardia en un disco de lujo

Los máximos representantes del vals tradicional peruano se reúnen en esta colección. Se presentarán hoy a las 9:30 p.m. en la Feria del Libro de Lima

Por: Gonzalo Galarza Cerf

Un encuentro de cantantes criollos es un ejercicio de memoria. Un acto inmediato, espontáneo y vivo contra el olvido. Contra el paso de los años. Contra la lejanía de los sentimientos: allí están las letras que reviven ese amor ausente, perdido, o el canto desesperado, porque “sin ti, mi vida, prefiero morir”, como lo entona y humaniza con desgarro Pepe Villalobos en “Obsesión de amor”, uno de esos veinte temas que atesora el segundo número de “La gran reunión: Los guardianes de la música criolla”, titulado ‘Cristal herido’ .

Un encuentro de cantantes criollos es también una fotografía de una ciudad lejana (en tiempo), pero no perdida ni mucho menos cálida. Allí están reunidos” Walter Goyburu”:http://www.youtube.com/watch?v=FNHkwYLz0gg rasgando la guitarra, César “Pescado” Oliva ejecutando temas como si lo hubiesen sacado del agua y respirara solo con la música, Carlos “Pila” Curay, “Jorge Armas”, Francisco “Chiquito” Rodríguez, Eduardo “Papeo” Abán en el cajón, ocupando el puesto de su padre Carlos (que estaba convocado, pero adelantó la jarana en el más allá), y Fernando Urquiaga, ese productor que confiesa haber descubierto un mundo que no conocía y que ha sido una experiencia fabulosa. El Callao, el Cercado, La Victoria; sus máximos representantes de la vieja guardia. Los de Monserrate y el Rímac, como David Farfán y Ernesto Samamé “Sudapisco” no pudieron asistir al bar Queirolo, donde se produce esta gran reunión.

Un encuentro de cantantes criollos es, además, un acto contra el anonimato. La reivindicación hecha canto, aunque en el fondo ellos anden ajenos a sentirse parte de la noticia. Son cantantes al natural, aunque eso suene de otros tiempos.

HOMBRES DEL BARRIO
Hombres cultivados en reuniones de casa, por la radio de los años cincuenta y sesenta, por las esquinas de barrio y los clubes sociales y musicales; padres de familia que nunca vivieron de la música, porque la música no era algo para vivir, sino algo más allá del horario de sus trabajos, casi como un rincón que se parece al cielo, pero también al infierno. Y es allí donde están en estos momentos, reunidos todos a la mesa, como si las miradas, la música, la “chacota”, avivaran los recuerdos: “Tú lo conociste al loco”, pregunta uno. “Yo sí lo conocí al loco.

Claro. El loco Villalta”, responde otro. “Yo lo conocí cuando trabajaba en La Victoria”, agrega otro más. Y ahora sabemos que existió el loco Villalta, otro guardián del criollismo. ¿Cuántos cultores están aún en sus casas o sentados en las aceras de las esquinas o reunidos frente a una cerveza a la espera de un rescate como este, hecho disco? Quizá pocos; quizá muchos. Pero estos, todos, se presentarán por primera vez hoy, en la Feria Internacional del Libro, y ya no habrá olvido ni anonimato, sino será un encuentro de cantantes criollos. Y eso, ya saben qué es.

LOS ROSTROS DE LA VIEJA GUARDIA
La tarde empieza y se lanza el anzuelo: “No te vayas “Pescado” que te voy a poner bonito”. César “Pescado” Oliva sonríe. Y no (se) pica. El ambiente es una pequeña muestra de lo que nos cuentan fue la concepción del disco “Cristal herido”, producido por Sayariy: “Son cultores del verdadero vals criollo, no el estilizado como el de ahora. Entonces cada uno tiene una particularidad para cantar el vals y cuando se juntaron dentro del estudio era la casa: nos reíamos, tomábamos un pisco, comíamos una empanada y cada uno llegaba de manera diferente y tenías que agarrarte porque acá en este mundo el que se pica pierde”.

Lo dice Eduardo “Papeo” Abán, quien hace la percusión a raíz de que su padre murió poco después de ser convocado para la grabación. Sentado en el cajón, “Papeo” también soporta las bromas del resto: “Tuvimos tan mala suerte que tuvimos que recurrir a él”, lanza “Pescado”, como quien patea la “chacota” para otro lado. “Papeo” es la muestra de que aún se puede cultivar el criollismo: tiene 30 años menos que todo el resto de músicos: “Todos son mis tíos”. Y “Papeo”, que ha mamado de la vieja guardia, sabe distinguir el canto de cada uno y elabora al instante una tipología de interpretación de acuerdo al barrio, a la zona: “El Callao canta una cosa bien jaranera; La Victoria es el síncopa: Barrios Altos es más sincopado, cadencioso…”.

MATICES
Cada uno tiene su repertorio; y tiene, sobre todo, sus convicciones. Por eso Carlos “Pila” Curay dice que trabajó toda su vida, quería cantar solo sus temas, en reuniones o fiestas. “Yo canto lo que yo sé y lo que quiero, los valses que me gustan a mí”. Y “Pescado” lo respalda: “A él no le gustaba que lo obligaran”. Por eso a sus 75 años ha debutado en los estudios: antes no había grabado nada. “Como dicen ellos: le han sacado su prepucio a los 75 años”, ríe “Papeo”.

En la mesa, todos le piden a Walter Goyburu notas: ponme sol menor, si menor. Y cantan, valses “igualito que el disco”. Aunque “Cristal herido” tiene más: hay polcas, habaneras. Y su repertorio no es el que suele estar en peñas, sino el que habita en la memoria de algunos cultores del criollismo. Y es la experiencia exacta de esas reuniones en el callejón. “Grabar el disco ha sido una experiencia fabulosa. He descubierto un mundo de talento, de calor humano, con sentimiento, con fermento, como dicen. Valses y polcas que en mi vida jamás había escuchado”, dice Fernando Urquiaga. Y sí: Está hecho con todo eso y más.

EL DATO
En la Feria del Libro
Hoy se presentarán en la FIL.
Parque Los Próceres: Cdra .17 de la Av. Salaverry, Jesús María. 9:30 p.m.
Entrada: S/.2.


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