El juguete de Nadine, por Juan Paredes Castro

Con miras al 2016 y a la la campaña electoral futura, el Partido Nacionalista es el juguete nuevo de Nadine Heredia

El juguete de Nadine, por Juan Paredes Castro

Nuestro director periodístico interino escribe sobre el papel de la primera dama, Nadine Heredia, en la próxima elección de la presidencia del Congreso. (Foto: Sepres)

La convocatoria que hace poco hicieran Ollanta Humala y Nadine Heredia a la bancada parlamentaria oficialista a Palacio de Gobierno, tiene ahora consecuencias que entonces la pareja presidencial no midió bien o quizá sí.

Resultó comprensible que no eligieran a Marisol Espinoza por sus posiciones internas críticas al gobierno y más concretamente a la política económica. Pero igual fue incomprensible que arriesgaran tantos votos en contra con la legisladora Ana María Solórzano.

No se sabe si porque Nadine estuvo más fuerte en su posición que Ollanta o este demasiado condescendiente con su esposa, lo cierto es que la decisión adoptada aquella noche para que Solórzano sucediese a Fredy Otárola en la Presidencia del Congreso asfixió el consenso esperado en la bancada oficialista y en sus más cercanos aliados: Perú Posible y Solidaridad Nacional, entre otros.

Con un presidente ausente del país, y una primera dama posesionada de la importante cuota de poder que maneja en Palacio de Gobierno y en el Partido Nacionalista, la presión política oficialista para que Solórzano se abra paso hacia el titularato del Legislativo, depende ahora de lo que la propia Nadine Heredia haga o deje de hacer: conseguirle los votos que necesita o dejarla en el punto muerto de las reacciones adversas.

Hay un sector del humalismo que hace rato busca materializar ciertas reivindicaciones desde el Partido Nacionalista. El problema, para la pareja presidencial, es que tales reivindicaciones podrían afectar el modelo económico, del cual la vicepresidenta Marisol Espinoza es, por ejemplo, una acérrima crítica. Precisamente en el cónclave palaciego de hace una semana la bancada oficialista tuvo que elegir entre Espinoza y Solórzano, quedando descartada la primera con el argumento de que su cargo constitucional sería irreconciliable con la Presidencia del Congreso.

Existiría en la pareja presidencial el fundado temor por empoderar en la Mesa Directiva del Congreso a una facción del Partido Nacionalista que todavía reclama, entre otras cosas, el retorno al programa de la Gran Transformación. Los propios integrantes de esta facción, como la legisladora Esther Saavedra, no ocultan sus cuestionamientos a la actual política económica. De ahí que Solórzano representaría la apuesta segura de Palacio de Gobierno por lo que en su momento expresaron Daniel Abugattás y Fredy Otárola: una sintonía más o menos armoniosa con la pareja presidencial y con el ministro Luis Miguel Castilla, sin sobresaltos de ninguna clase.

Con miras al 2016 y a la suerte de la campaña electoral futura, el Partido Nacionalista es el juguete nuevo de Nadine Heredia. Quien quiera tomarlo en serio, desde adentro o desde afuera, puede llevarse un gran chasco.

Por ahora el PNP forma parte del entrenamiento y del entretenimiento de la pareja presidencial en el manejo del poder político más que en la dirección de una organización de la que ambos son fundadores, líderes absolutos y casi convencidos de que lo que administran son estados de ánimo.