El nacionalismo “al vacío”, por Carlos Meléndez

En el Perú, los partidos de los tres últimos gobiernos demuestran que el argumento de la “ventaja del gobernante” no funciona.

El nacionalismo “al vacío”, por Carlos Meléndez

En la mayoría de países latinoamericanos (exceptuando Guatemala) el paso por el poder permite atraer y consolidar cuadros políticos, afianzar lealtades, crecer orgánicamente, y proyectar al partido hacia más puestos elegidos democráticamente, es decir, fortalecer la organización política oficialista. En el Perú, los partidos de los tres últimos gobiernos (el PNP-Partido Nacionalista Peruano,  el APRA y PP-Perú Posible) demuestran que el argumento de la “ventaja del gobernante” (“incumbency advantage”) no funciona.
Durante sus respectivos gobiernos, PP y el APRA no lograron victorias importantes a nivel regional. En las elecciones del 2002, PP solo ganó en la región Callao; en el 2006 el APRA se impuso en Piura y en el 2010 en La Libertad. El escenario electoral próximo repica catastrófico para el PNP: no presentó ningún candidato a presidencia regional. ¿Por qué el partido de gobierno rehúsa competir a nivel regional si, precisamente, ello proporcionaría un compromiso real con la necesidad de fortalecer la descentralización política en el país?
Según la encuesta de GfK del pasado mes de abril, el nacionalismo duro (quienes definitivamente votarían por candidatos parlamentarios, regionales y provinciales del PNP) es apenas un 3,5% del electorado total. El nacionalismo light (quienes probablemente votarían por los tres puestos indicados) alcanza  el 11,1% en todo el país. Ambos grupos (14,6%) suman una proporción tan pobre que desanima al oficialismo a competir electoralmente a nivel subnacional.  
La distribución geográfica del electorado duro nacionalista es mayor en Lima (5,4%) que en el interior. La costa central reúne al segundo grupo más importante de nacionalistas duros (5%) y la sierra sur mantiene adhesión al proyecto de Humala aunque con una intensidad baja (3,7% de nacionalistas duros y 14,8% de nacionalistas light). Pero el problema mayor para el partido fundado por la pareja presidencial está en el elevado porcentaje de sus críticos.
El 56% del antinacionalismo (los que definitivamente nunca votarían por un candidato del PNP) a nivel nacional es significativamente mayor en el oriente (64%), la costa norte (63,7%) y la sierra norte (57,3%). Estas regiones son particularmente adversas al nacionalismo (el nacionalista duro simplemente no existe en la selva ni en el litoral sur; en la costa norte consigue el 1,7%). Esta oposición se intensifica en los niveles socioeconómicos C y E (60 y 57%, respectivamente); un dato desfavorable para quienes obtuvieran el respaldo del sector informal, más prevalente en estos estratos bajos.
El nacionalismo tiende a desgastarse y a perder sus originales zonas de apoyo regional sin que la dirección partidaria (en poder de la primera dama) reaccione ante la adversidad. Ello demuestra desinterés por trascender institucionalmente y por reducir el personalismo de este proyecto. Así, el PNP se muestra altamente dependiente de los destinos de algún miembro de la dupla Humala-Heredia, perdiendo la oportunidad de reproducir nuevas figuras políticas, especialmente en las regiones. Si a ello se añade su indefinición ideológica, lo más probable es que siga el camino de Perú Posible: una organización reacia a explorar sus potencialidades y suspendida “al vacío“ por decisión de su eterno y único candidato presidencial.