Editorial: La marcha crucial

Nadie debe arrogarse la atribución de definir quién puede participar en la manifestación de hoy y quién no.

Editorial: La marcha crucial

Hoy tendrá lugar en varias ciudades del país un acto de enorme importancia: la marcha Ni Una Menos, contra la violencia, acoso y discriminación de las mujeres. Impactada por algunos casos recientes de escandalosa agresión de este tipo frente a los que luego la justicia procedió con indulgencia que lindaba con la complicidad, una porción considerable de la ciudadanía ha decidido por fin reaccionar contra esta terrible realidad, pero lo cierto es que todos sabemos que esta nos afecta desde hace mucho más tiempo que el que los registros periodísticos indican.    

De cualquier forma, la idea de decenas de miles de peruanas y peruanos es hacer sentir hoy su voz de protesta contra tanta indolencia oficial y de solidaridad con las personas que han sufrido o sufren cotidianamente alguna manifestación de este abominable fenómeno. En esa medida, lo deseable es que asistan a la marcha todos los que se sientan identificados con la causa que reivindica. Y que los que no puedan acudir expresen por algún medio su respaldo a la misma. Como es evidente, mientras más sean los que se adhieren, mejor.

Ocurre, sin embargo, que este tipo de iniciativas, que se anticipan multitudinarias, atrae siempre la atención de quienes están abocados a ganar adhesiones de otro orden, bajo la presunción un tanto absurda de que si llegan a confundir su empeño particular con la motivación general de los manifestantes, al final del día habrán llevado a buena parte de ellos a su redil. O por lo menos, habrán generado esa impresión en la opinión pública.

Con ello, no obstante, lo que se provoca es que los que alientan una determinada causa particular se sientan tentados a ya no respaldar la marcha para no favorecer de esa manera indirecta la causa particular de otro de los grupos presentes en el esfuerzo. Sobre todo si ese segundo grupo tiene un rol más protagónico en la organización del evento.

Por ejemplo, la gente que simpatiza con Fuerza Popular (FP) o el Apra no iría a la marcha de hoy si sintiera que con ello está sirviendo fundamentalmente los intereses políticos del Frente Amplio (FA) o Peruanos por el Kambio (PPK), y lo mismo sucedería sin duda si el escenario fuera el inverso. Y cuando hablamos de ‘política’ en este contexto, no nos referimos al sentido que le daba Aristóteles a la expresión –aquel que tiene que ver con las acciones conducentes a la felicidad de los ciudadanos en una comunidad o una ‘polis’– sino a uno más estrecho. A saber, aquel en el que la palabra es prácticamente entendida como un sinónimo de ‘lo electoral’.

¿Se ha visto amenazada la marcha de hoy por un escenario de esa naturaleza? Pues sin que la sangre haya llegado al río, se diría que sí. Por un lado, se han exhibido, por ejemplo, afiches que convocan un encuentro de mujeres del FA que usan el nombre del acto público en cuestión (con hashtag y todo) como elemento central; y por otro, hemos visto también volantes de esa organización en los que se convoca a la marcha y se menciona al mismo tiempo actividades del frente “contra la impunidad sobre las esterilizaciones forzadas realizadas en la dictadura fujimorista”.

Nadie pretende, por supuesto, que los representantes de esa opción política renuncien a la divulgación de las reivindicaciones que consideran justas, ¿pero era ese el lugar adecuado para hacerlo? ¿No se estaban arrogando en la práctica la atribución de definir quién podía ir a la manifestación de hoy y quién no; y, en consecuencia, condenándola a tener una convocatoria menor a la que sin ese filtro podía alcanzar? 

Felizmente, una vocera del FA como Marisa Glave ha dicho luego expresamente que ella espera que Fuerza Popular participe en la marcha. Pero tratándose de un evento así de crucial para la promoción de una causa que va más allá de las banderías y los símbolos inscritos ante el JNE, es evidente que la propaganda partidaria y las hostilizaciones a quienes compiten con ellos en la cosecha del voto popular pudo haberse evitado. 

Por lo demás, hay que decir que los intentos de apropiación de la marcha por parte de agendas diferentes a la que sirvió para convocar el evento en primer lugar han ido más allá de los partidos políticos. Todos esos intentos, al igual que los de los partidos, cojean del mismo pie: implícitamente excluyen a quienes creyendo en la causa que originó la marcha no necesariamente coinciden con esas otras agendas. Son todos, pues, igualmente debilitantes para el evento.

Vamos todos, pero todos, a la marcha.