Un gran dispendio la refinería de Talara, por Iván Alonso

"¿Quién decidió comenzar un proyecto de esa magnitud que no contaba con un plan de financiamiento viable?".

Un gran dispendio la refinería de Talara, por Iván Alonso

"Todavía no sabemos cuánto acabará costando el proyecto de modernización de la refinería de Talara. Los US$5,400 millones son el estimado de hoy, pero pueden fácilmente convertirse en US$6,000 o US$7,000 millones". (Foto: El Comercio)

Iván Alonso

El presidente del directorio de Petroperú, Luis García Rossell, ha ofrecido, sin querer queriendo, el argumento más contundente para cancelar el proyecto de modernización de la refinería de Talara (PMRT): su ínfima rentabilidad. Según sus propios cálculos, revelados en una entrevista periodística, el “ebitda” de la compañía (una medida del flujo de caja de sus operaciones) pasará de US$300 millones a US$650 millones anuales. En otras palabras, el PMRT generará US$350 millones adicionales. Pero para eso hay que invertir US$5,400 millones. Dividiendo lo primero entre lo segundo, se obtiene una rentabilidad de 6.5% al año.

Una simple pregunta: ¿invertirían el presidente de Petroperú y los directores que lo acompañan la plata de su jubilación en un fondo que rinda 6.5% al año? Seguramente no. Menos aun si se tratara de un negocio de alto riesgo como el PMRT, cuyos ingresos dependen de las diferencias entre los precios de los combustibles y los del petróleo crudo en el mercado mundial, que pueden variar enormemente de un año a otro.

La justificación de moda para insistir en un proyecto de tan cuestionable rentabilidad es que ya no se puede parar porque se ha invertido demasiado. Una justificación que nos parece inaceptable. Que se haya gastado hasta ahora US$1,600 millones no significa que debamos seguir adelante, sin pensar en la rentabilidad de los US$3,800 millones que quedan por invertir. Si nos olvidamos de lo ya gastado y los comparamos solamente con lo que falta gastar, los US$350 millones que agregará el PMRT al “ebitda” de Petroperú nos dan una rentabilidad de 9%, que todavía es insuficiente.

Esos US$1,600 millones que ya se gastaron, por lo demás, abren otra interrogante. ¿Quién decidió comenzar un proyecto de la magnitud del PMRT que no contaba con un plan de financiamiento viable? ¿Qué pensaba hacer Petroperú para no quedarse con el PMRT a medio construir, en caso no obtuviera todos los recursos necesarios? Habrá asumido que el estado pondría la plata.

Y eso es probablemente lo que termine ocurriendo de cualquier manera. No es verosímil que Petroperú pueda emitir bonos por US$3,000 millones en el mercado internacional, como dice su presidente, simplemente porque los US$650 millones de “ebitda” no dan para pagar los intereses y amortizar la deuda en 10 o 20 años con la holgura que buscan los inversionistas. La única forma sería con una garantía del estado.

Las gestiones con el gobierno español no van a llevar a un resultado muy distinto. Sea que financie directamente el PMRT o mediante un seguro de crédito para que la banca internacional provea los fondos, tendrá que hacer una evaluación de la capacidad de pago de Petroperú. Quizás sus criterios no sean tan exigentes como los del mercado de bonos, pero difícilmente el gobierno español querrá asumir todo el riesgo, sin una garantía del estado peruano para resarcirse de eventuales pérdidas.

Lo que es peor, el estado estaría asumiendo una contingencia ilimitada. Todavía no sabemos cuánto acabará costando el PMRT. Los US$5,400 millones son el estimado de hoy, pero pueden fácilmente convertirse en US$6,000 o US$7,000 millones. La diferencia tendrá que ponerla el estado. Cancelar el proyecto tiene un costo, sin duda. Pero las penalidades que haya que pagar al contratista son apenas una fracción de lo que puede costar terminarlo. 


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