Preocupados por la inversión, por Iván Alonso

"No hay por qué desesperarse ni empezar a chapotear con programas masivos de vivienda que no tenemos cómo financiar".

Preocupados por la inversión, por Iván Alonso

Ilustración: Giovanni Tazza

Hay mucha preocupación en círculos periodísticos, empresariales y gubernamentales sobre qué pasará con la inversión este año. No es para menos: entre el tercer trimestre del 2013 y el tercer trimestre del 2016, la inversión se ha caído casi 20% en total, trayéndose abajo las cifras del crecimiento económico. Los economistas, naturalmente, comparten esa preocupación. Pero son ellos los llamados a hacer una distinción importante para poner esa caída en su justa perspectiva.

La inversión contribuye al crecimiento de dos maneras, una efímera y otra duradera. La primera es una contribución al “gasto agregado”, esto es, la compra de materiales de construcción, los sueldos de los ingenieros y albañiles, las nuevas computadoras, etc. Son insumos que los inversionistas demandan, que se producen en el presente y que se registran como parte del producto bruto interno (PBI) del año en curso. De esta manera, la inversión hace crecer el PBI, que es como medimos el tamaño de nuestra economía, con respecto al año anterior.

La segunda manera y la más importante en la que la inversión contribuye al crecimiento económico es a través de la acumulación de capital. Los gastos de inversión de hoy se convierten, ojalá, en fábricas, oficinas, hospitales, colegios, carreteras, aeropuertos y demás activos que poco a poco van aumentando nuestra capacidad para producir más y más bienes y servicios en el futuro, que es lo que en realidad mejora el bienestar material –y también, por qué no, espiritual– de la gente.

Todo economista debe saber la diferencia entre “stocks” y flujos, entre niveles y tasas de crecimiento. Es útil en este y otros contextos.

La caída de la inversión de los últimos tres años –20% en total, como dijimos al principio– es una caída en el flujo anual de inversión, pero eso no significa que el stock de bienes de capital esté cayendo. Ha caído la tasa de crecimiento del stock de capital, pero no el nivel del mismo. A pesar de la caída de la inversión, tenemos hoy probablemente, para la precisión con la que pueden calcularse estas cosas, un stock de capital 20% mayor que hace tres años, 40% mayor que hace cinco, 80% mayor que hace diez. Nuestra capacidad productiva se ha seguido incrementando año a año.

La razón es muy sencilla. Mientras el flujo anual de inversión sea mayor que el desgaste que sufre con el paso del tiempo el stock de capital acumulado, éste seguirá creciendo. Aun cuando hemos estado invirtiendo menos, seguimos dedicando casi el 25% de todo lo que producimos a la acumulación de capital. Eso es más de lo que solemos contabilizar como desgaste, que usualmente se asume es más o menos 10% del PBI. La diferencia todavía es positiva.

No hay, entonces, por qué desesperarse ni empezar a chapotear con programas masivos de vivienda que no tenemos cómo financiar. Gran parte de la caída de la inversión que hemos experimentado en estos últimos tres años es una caída de la inversión minera, un fenómeno que ha ocurrido no solamente en el Perú. El resto de la inversión privada se ha mantenido prácticamente igual, y parecería que ya está comenzando a crecer de nuevo. Los recursos tardan en movilizarse, pero siempre llegan allí donde los deseos y las necesidades del consumidor les muestran una oportunidad para obtener utilidades. No hay que ponerles trabas, pero tampoco se necesita apurarlos.