Que sí es política, por Marco Sifuentes

“Ni Una Menos no tiene ni debería tener una bandera partidaria. Pero eso no quiere decir que no sea política”.

Que sí es política, por Marco Sifuentes
Marco Sifuentes

En estas semanas, han aparecido varias columnas de opinión –todas de hombres– recalcando que la marcha Ni Una Menos no es, o no debería ser, una marcha política. Pero lo siento, sí lo es. Lamentablemente, en el Perú, ‘política’ suele ser una mala palabra. Suele confundirse con ‘militancia’ o ‘partidarización’. Ni Una Menos no tiene ni debería tener una bandera partidaria. Pero eso no quiere decir que no sea política.

Es política porque se exige, en principio, que el sistema de justicia se comporte a la altura del grave problema de violencia contra la mujer que existe en el país. Eso implica cambios políticos que, de hecho, este movimiento ya ha empezado a lograr (hace un par de días, la flamante ministra de Justicia, Marisol Pérez Tello, coordinó con el fiscal de la Nación la creación de fiscalías especializadas en casos de feminicidio).

Es política por la misma razón que no se llama ‘Nadie Menos’. Todos en el país tienen problemas, pero hacia eso no va Ni Una Menos. Se trata de un grupo organizado de la sociedad que está marchando por llamar la atención sobre un problema generalizado pero específico de un sector de la población. Que ese sector abarque a la mitad de los peruanos nos dice lo grave de la situación. 

Es política porque, como explicó la organizadora de la marcha, Jimena Ledgard, en el programa de Jaime de Althaus, dentro del amplio grupo de mujeres hay poblaciones más afectadas (indígenas, lesbianas, trans) que, por la discriminación que sufren, suelen ser incluso más vulnerables. Es obligación de nuestras autoridades reconocer esto.

Es política porque, por ejemplo, en el grupo de mujeres indígenas están las afectadas por las esterilizaciones forzadas. De hecho, la gente que minimiza (o de plano niega que haya existido) esta “política de salud” de los años 90, suele ser la misma que cuestiona esta marcha. Y esa gente resulta coherente. En ambos casos le están negando a la mujer la decisión sobre su propio cuerpo (las excusas para la violencia feminicida suelen resumirse en que la víctima no hizo lo que el agresor quería: desde sexo hasta ponerle menos ají al almuerzo).

El problema del machismo puede ser social o cultural y existen varias formas de combatirlo. Una de ellas es, precisamente, la acción política. Exigir cambios en la legislatura, en la cultura de las instituciones públicas, en las políticas de salud. Todo se puede lograr si la gente se organiza. Y eso es lo que está pasando. Gente organizada pidiendo cambios. Si eso no es política, entonces nada lo es. Dejen de tenerle miedo a la palabra. A menos que, claro, en realidad lo que tengan es miedo a los cambios.