Censura,interpelación: la pesadilla de todo ministro

Crónica del trance que afrontaron diversos miembros del gabinete cuando eran señalado por el Congreso de actos que bordeaban la ilegalidad

Censura,interpelación: la pesadilla de todo ministro
Por: *Gino Piaggio Valdez* El jueves, el presidente del Consejo de Ministros, Yehude Simon, y la ministra del Interior, Mercedes Cabanillas, ingresaron al hemiciclo del Congreso con una moción de interpelación en la mano y salieron con una moción de censura sobre sus espaldas. Ambos debían esclarecer los violentos sucesos del pasado 5 de junio en Bagua, los cuales tuvieron por resultado la muerte de 24 policías y 10 civiles. Para los fujimoristas y humalistas, ni Simon ni Cabanillas lograron tal cometido. Si bien aún no tienen el sello de la censura estampado en la frente, ambos ministros deben estar pensando en los personajes que en el pasado estuvieron en la misma situación y que finalmente terminaron censurados por el Parlamento. El caso más reciente es el de Fernando Rospigliosi, quien fuera ministro del Interior en el gobierno del ex presidente Alejandro Toledo, de julio del 2001 a junio del 2002 (renunció) y de julio del 2003 a mayo del 2004 (censurado). Si bien el último período de Rospigliosi como ministro no terminó como él hubiese querido, hoy en día asegura que no se arrepiente de las decisiones que tomó en aquel momento y que, a pesar de haber salido del Congreso en medio de abucheos, se despidió del sector Interior con la cabeza en alto. “A mí me interpelaron por los hechos de violencia acaecidos en febrero del 2004 en la empresa agroindustrial Pucalá (que dejaron un muerto). Sin embargo, dos días antes de presentarme ante el Congreso fueron asesinados el alcalde de Ilave y uno de sus regidores (por una turba que estaba bajo los efectos del alcohol y que tenía tomada la ciudad desde hacía 24 días, pues exigían la renuncia del primero)”, recuerda. El 29 de abril del 2004 el aún ministro del Interior se presentó ante un Parlamento que clamaba por su cabeza. Entró con la marca de la interpelación por los sucesos ocurridos en Pucalá y salió con el anatema de la censura, presentada por la bancada aprista, por los hechos sucedidos en Ilave. Todo acabó el 5 de mayo del 2004. Luego de una hora y media de debate, se votó en el pleno del Congreso la moción de censura. El resultado: 62 votos a favor, 39 en contra, seis abstenciones. Chau, Rospigliosi. La misma suerte corrió Javier Alva Orlandini hace 43 años. El entonces ministro de Gobierno (hoy Interior) se presentó el 24 de octubre de 1966 ante la Cámara de Diputados, la cual le pedía cuentas por un enfrentamiento entre policías y manifestantes en Toquepala, que dejó un muerto. Era el primer gobierno del presidente Fernando Belaunde, y la alianza Apra-UNO (Unión Nacional Odriísta) había hecho de la censura a los ministros su deporte favorito. “Desde que asumí el cargo supe que iba a ser censurado. Sin embargo, no me iban a echar en 15 minutos. Tenían que sudarla”, decía Alva Orlandini en una entrevista que le concedió a El Comercio. El ministro llegó al hemiciclo con una maleta que parecía a punto de volar en mil pedazos. Dentro había cientos de documentos que a su parecer podían ayudarlo en sus argumentos, incluyendo una película sobre todos los viajes que había realizado a provincia como titular del sector Interior. La exposición de Alva Orlan-dini duró 16 horas seguidas y concluyó al día siguiente (25 de octubre de 1966). Mientras él disertaba, los diputados tomaban turnos para dormir. En ese entonces, el tiempo de intervención no estaba estrictamente reglamentado, por eso habló y habló sin que alguien pudiera decirle ¡basta! Al final, el ministro dejó de serlo al ser censurado con 61 votos a favor, 29 en contra y ninguna abstención. *INTERPELACIÓN SIN CENSURA* Pero hay también ministros que cuando son interpelados logran esquivar la censura e incluso la moción. A esa cuadrilla de afortunados pertenece Manuel Ulloa, quien el 16 de setiembre de 1982, cuando era presidente del Consejo de Ministros, se presentó ante la Cámara de Diputados al haber sido interpelado por el recrudecimiento de las acciones terroristas. Lo más resaltante de aquella sesión de interpelación no fue el hecho de que Ulloa lograra mantenerse en su cargo, sino el comportamiento del hoy presidente de la República, Alan García (que en ese entonces era diputado) cuando el primero no le permitió una interrupción. Una crónica periodística de la época relata: “Ulloa no demostró interés en conceder la réplica, lo que obligó a Alan García a dejar su escaño, bajar con parsimonia y con una sonrisa en los labios hasta el estrado que ocupaba el primer ministro para insistir en que le conceda la interrupción (...) Ulloa, sin perder el aplomo, no le concedió el uso de la palabra. García, con la misma sonrisa, se dirigió a las tribunas y moviendo en forma negativa el brazo derecho, dijo: “El ministro no quiere”. Después Ulloa diría que la actitud de García fue “un legítimo afán de notoriedad”. Otro presidente del Consejo de Ministros a quien también se interpeló, pero no fue censurado ni se presentó una moción para ello, fue Jorge del Castillo. Antes de renunciar al cargo por el escándalo de los “petroaudios”, el actual parlamentario tuvo que presentarse ante el pleno del Congreso el 2 de abril del 2007 para explicar por qué se había designado al ex ministro fujimorista Alberto Pandolfi como director del Prevén (Programa de Reducción de Vulnerabilidades frente al Evento Recurrente del Niño), cuando este no podía ocupar un cargo público al estar inhabilitado constitucionalmente. Si bien en esos momentos había otros ministros que eran mejores candidatos para una interpelación, y hasta para una bien merecida censura, el Parlamento se había ensañado con Jorge del Castillo y quería su cabeza, cosa que finalmente no consiguió. SEPA MÁS *Desde la interpelación hasta la censura* La interpelación consiste en requerir la presencia de todo el Consejo de Ministros (o de uno o varios de sus integrantes) en el Congreso, para que responda un listado de preguntas (pliego interpelatorio). La moción de interpelación debe estar firmada por no menos de 18 congresistas y acompañada del respectivo pliego interpelatorio. Esta solo será admitida si es aprobada por no menos del tercio de congresistas hábiles. La moción de censura se presenta cuando las respuestas del ministro, o los ministros no satisfacen al Congreso. Esta debe contar con la rúbrica de por lo menos treinta congresistas para ser admitida. La censura, que propone el retiro de la confianza que el Congreso confirió al Consejo de Ministros (o a uno o varios de sus integrantes), será aprobada si está firmada por 61 congresistas. En tal sentido, un ministro que es censurado está obligado a renunciar a su cargo.