La historia de la operación entre El Comercio y Epensa

Aunque ahora algunos competidores y políticos pretendan descalificar interesadamente el éxito empresarial del Grupo El Comercio, este se ha conseguido legítimamente gracias a la preferencia del lector

La historia de la operación entre El Comercio y Epensa

En los últimos meses, el Grupo La República (GLR) ha desplegado una intensa campaña mediática en su intento por sembrar en la población la idea de que el Grupo El Comercio (GEC) quiere “monopolizar” el mercado de los medios de comunicación, en contra del pluralismo y la libertad de expresión. Esta campaña ha tenido como portavoces a algunas personalidades que escriben en los diarios del GLR y ha sido respaldada por las declaraciones del presidente Ollanta Humala, de quien el GLR es, por supuesto, mucho menos crítico de lo que somos aquí en El Comercio y con quien tiene, ciertamente, una mayor afinidad ideológica.

(Editorial) Aquí le dejamos la respuesta, señor presidente

Pero al margen de cualquier predilección que pueda tener el presidente de la República por algún medio en particular, lo que el GLR ha pretendido es que se anule la operación efectuada entre el GEC y Epensa, haciendo creer que la defensa de la libertad de expresión solo puede entenderse en función de lo que conviene a sus propios intereses empresariales. Así, ha lanzado en contra nuestra una serie de calificativos para motivar rechazo a dicha operación, como “concentración de medios”, “acaparamiento” y “monopolio”.

Hablar de “monopolio” es absurdo toda vez que existen 60 diarios en el Perú, de los cuales seis pertenecen al GEC. “Acaparamiento”, por otro lado, es un término que utiliza la Constitución para referirse a aquellos mercados donde el número de actores que pueden competir es limitado por razones estructurales, como ocurre en la radio y televisión por las restricciones mismas del espectro radioeléctrico, que es un bien público. Claramente no es el caso del mercado de la prensa escrita, donde no hay restricción alguna para crear nuevos diarios o revistas, ya sea en formatos impresos o digitales. Cualquiera puede participar en este mercado aunque, como es natural, algunos lo hacen más exitosamente que otros, gracias a que obtienen legítimamente las preferencias de los consumidores.

Para argumentar que hay “concentración de medios”, el GLR se toma todo tipo de licencias, exagera deliberadamente en algunos aspectos y en otros omite información inconveniente para ellos. Dice, por ejemplo, que el GEC controla más del 70% de la prensa escrita, lo cual es probadamente falso, y minimiza el hecho de que fue el GLR el que quiso originalmente comprar Epensa a través de una oferta de adquisición hostil, la cual sí entrañaba una afectación significativa al pluralismo del mercado de prensa escrita peruano. Veamos por qué.

LA REPÚBLICA LANZÓ UNA OFERTA HOSTIL POR EPENSA
La historia de esta operación comienza a inicios del 2013, cuando Gustavo Mohme, presidente del GLR, buscó a los accionistas del Epensa para ofrecerles comprar la empresa, algo que debe resultar curioso para quienes saben que se trata de grupos con líneas editoriales muy distintas. En ese momento el accionariado de Epensa estaba dividido en dos grandes grupos: un 54% pertenecía a Enrique Martín Agois Paulsen (34%) y a Marcia Mindreau de Agois (20%), mientras que el restante 46% estaba en propiedad de los hermanos Luis Manuel, María Gabriela, Carlos Óscar Luis, y Rossana Bernardita Agois Banchero y de Olga Ana Rosa Banchero Rossi de Salazar. Eran los hermanos Agois Banchero –accionistas minoritarios– quienes tenían a su cargo la gestión de Epensa.

Pese a que las conversaciones con los hermanos Agois Banchero se suspendieron en febrero del 2013, el 25 de julio de ese año recibieron una carta notarial en la que se les informaba que los accionistas mayoritarios Agois Paulsen y Mindreau de Agois habían decidido vender su participación al GLR por US$17,2 millones y que ellos tenían 30 días para decidir qué hacían con sus acciones.

Al momento de recibir dicha oferta por Epensa, no existía ningún acuerdo con la familia Agois respecto del manejo de la línea editorial de sus diarios. Ante ello, y conforme al derecho de adquisición preferente que les asistía en virtud de la Ley General de Sociedades, los Agois Banchero decidieron comprar ellos mismos el paquete mayoritario en venta. Para ello, entraron en contacto con el GEC para que financiara esa compra.

A diferencia de la negociación inicial que se dio con el GLR, con el GEC los Agois Banchero definieron inmediatamente que, como parte del acuerdo, ellos debían mantener la línea editorial de los diarios de Epensa (“Correo”, “El Bocón”, “Ojo” y “Ajá”). Y así se hizo: se estructuró una operación mediante la cual se creó una nueva empresa denominada Grupo Epensa S.A.C., 100% de propiedad de los Agois Banchero, que es la que maneja editorialmente los diarios de Epensa y para la cual trabajan sus periodistas. El GEC, en tanto, compró el 54% de Epensa, compañía que no tiene injerencia alguna en temas editoriales y que solo maneja la parte logística, productiva y comercial de los diarios.

Como resultado, los medios dirigidos por los Agois Banchero mantienen su completa independencia, con lo cual, en términos del manejo editorial de los diarios, el mercado de prensa escrita peruano no ha visto variación alguna tras la operación. El GEC sigue manejando sus diarios y Epensa los suyos. En cambio, si el GLR hubiera comprado Epensa, eso sí hubiese implicado un cambio significativo en la composición del mercado, porque los diarios de Epensa habrían terminado modificando sus líneas editoriales. El que el GLR haya querido comprarlos a través de una adquisición hostil es indicativo de ello.

En resumen, esta no fue una operación buscada por el GEC, sino traída al grupo, y se resolvió de manera que no alterase el pluralismo editorial del mercado de prensa escrita, distinto a lo que quería hacer el GLR, que era concentrarlo más. Aunque el GLR sume las participaciones para sustentar su campaña de que hay “concentración”, lo cierto es que tras la operación, el GEC mantiene un 49% de los diarios que se venden en el país; Epensa, un 28%; y el GLR, un 16%. En cambio, si el GLR hubiese comprado Epensa, el GEC habría mantenido su 49% y el GLR habría pasado a tener 44%. Claramente, un mercado más concentrado, sobre todo si se tiene en cuenta que la participación en provincias del GLR se habría elevado nada menos que a 68%.

LA RAZÓN DEL CRECIMIENTO DE EL COMERCIO
¿Por qué al GEC le interesó la parte logística, productiva y comercial del negocio de Epensa? Porque sin duda ello permitirá aprovechar sinergias, rentabilizar más sus diarios y así fortalecerlos en un contexto en el cual el futuro de la prensa escrita es incierto. Dicho sea de paso, este modelo que busca sinergias entre empresas editoras se aplica con éxito en países como el Reino Unido, donde los diarios mantienen su independencia y nadie cree que suponga una amenaza a la libertad de expresión, sino todo lo contrario.

No hay que olvidar que, al igual que el GLR, el GEC es un grupo de medios de comunicación pero también es una empresa que permanece en el mercado gracias a que logra ser rentable año a año. El GEC no siempre tuvo la participación de mercado que tiene hoy. De hecho, la teoría del “pulpo” que trata de vender el GLR es falsa porque el GEC no creció principalmente a base de “tomar” medios que le pertenecían a otros, sino de crearlos desde cero, en lo cual ha tenido un éxito que no han podido igualar sus competidores, sobre todo los que ahora reclaman.

En el año 2002, el GEC tenía una participación de mercado de 10%, mientras que el GLR tenía cerca del 29% del mercado y Epensa, más de 30%. Como resultado de los lanzamientos de “Trome”, “Perú21” y “Depor”, el GEC creció significativamente, por el éxito que tuvieron estos productos. Así, del 49% que tiene hoy el GEC en venta de ejemplares, “Trome” justifica un 30%, y el resto lo explican El Comercio, “Perú21”, “Depor” y los otros dos diarios del grupo. La única compra que el GEC realizó previa a la operación de Epensa fue la de “Gestión”, que tiene una participación del 3% en sus ingresos.

Desde todo punto de vista, la del GEC es una historia de éxito empresarial, de diversificación de productos, de crecimiento orgánico a partir de la expansión de un mercado que fue creciendo porque nosotros lo hicimos crecer, al potenciar nuestros productos, lanzar nuevos diarios, comprar algunos para complementar nuestro portafolio, y últimamente ingresar a nuevos negocios como la educación y el entretenimiento.

Si ya hemos visto que la operación de Epensa no ha significado cambio alguno en el manejo y la independencia editorial de sus diarios, no hay razón alguna para cuestionar la estrategia empresarial del GEC que no sea la de penalizar el éxito que ha tenido y hacerle más fácil el camino a quienes no pueden competir con él por la vía regular. Sin perjuicio de que nos defendamos en los fueros donde corresponda, enfrentando toda la interferencia política que quiera dársele a nuestro caso, podrá confiar usted, apreciado lector, que estaremos aquí haciendo lo que nos toca hacer: fiscalizando los excesos del poder. Y por supuesto que seguiremos creciendo, con nuevos productos o los actuales, si nuestros lectores nos siguen brindando su preferencia.

LA FALSA HIPÓTESIS DE “ACAPARAMIENTO”
Aun cuando no corresponde hablar de “acaparamiento” en un mercado donde no hay barreras de entrada como el de prensa escrita, ni siquiera si se utilizaran los criterios establecidos por la Ley de Radio y Televisión para estos dos últimos mercados se llegaría a la conclusión de que hay “acaparamiento”. El número máximo de frecuencias que se puede tener en televisión es 30% y en radio, 20%. Si consideramos que en el Perú hay más de 60 diarios y el Grupo El Comercio tiene solo seis, no pasa del 10% del total.

Nótese que la Ley de Radio y Televisión utiliza como criterio el número de frecuencias y no la sintonía, por la sencilla razón de que, en un mercado donde hay diversas alternativas para escoger, no tiene sentido penalizar a un medio al que los radioescuchas o televidentes premian con su sintonía por ser el que más se ajusta a sus preferencias. La elección libre del consumidor es lo que prima, y así lo entiende la Ley de Radio y Televisión y, por supuesto, también la Constitución Política del Perú.