Juan Luis Cipriani: "El país sigue viviendo en la oscuridad de la cólera y la venganza"

Es ingeniero industrial graduado en la Universidad Nacional de Ingeniería (UNI) y doctorado en Filosofía y Teología por la Universidad de Navarra, España. El cuarto de once hermanos, hijos del matrimonio de don Enrique Cipriani y de doña Isabel Thorne, recuerda sus años mozos marcados por el deporte

Juan Luis Cipriani: "El país sigue viviendo en la oscuridad de la cólera y la venganza"

Por Martha Meier Miró Quesada
“Vieras qué bien jugaba el básquet pese a que no soy tan alto”, nos dijo. Lima era entonces amable y “la sociedad estaba más sana, el barrio, los amigos. No había esta presencia de la droga en cada esquina”. A los 18 años sintió el llamado de Dios y se consagró a su servicio. Conversamos con el cardenal Juan Luis Cipriani, un personaje polémico, caricaturizado hasta el hastío y del que se ha dicho de todo, casi siempre lo peor.

Es parte de la leyenda urbana lo que usted supuestamente dijo sobre los derechos humanos
Es un eslogan para atacar la honra del cardenal. Han puesto en mi boca una frase que no pronuncié. Todos conocemos que en los años más difíciles de Ayacucho algunas instituciones solo se preocupaban por lo que ocurría con los terroristas. Una verdadera contradicción porque los derechos humanos son universales, patrimonio de todos.  En ese contexto le comenté a un huantino que trabajaba en “Caretas”:  “Oye esa coordinadora es una”.

Otra parte de la leyenda dice que usted colgó un cartel para desalentar a presentar casos de violaciones a los derechos humanos
El informe de la Comisión de la Verdad menciona que en el Arzobispado de Ayacucho había un cartelito que decía: “Aquí no se reciben casos de derechos humanos”. Si preguntas a unos, dirán que era un papel en la puerta, otros que una pizarra. Es como aquel pasaje del Antiguo Testamento cuando dos ancianos quieren calumniar a una mujer y al preguntárseles por separado bajo qué árbol la vieron pecando, uno dijo bajo una acacia y el otro bajo una encina.  Creo que, lamentablemente, el país sigue dividido, en la oscuridad de la cólera, de las venganzas.

El tema de los derechos humanos le ha generado muchos detractores
De una vez por todas hay que decirlo: La Iglesia y yo defendemos los derechos humanos de todos. Esa defensa de los derechos humanos es tan importante que no puede ser propiedad de un sector ideológico. 

Bueno, pero también están las discrepancias ideológicas…
Así es, pero no es posible que la vida de una persona sea utilizada como medio político. En cuanto al pensamiento, debe ser plural, discrepante, eso es saludable. Pero duele que cuando una persona dice algo claro y rotundo no se va al contenido del pensamiento sino al ataque a la persona. No dialogan ni discrepan sobre ideas y más bien salen con mentiras.  Leo un periódico y hay un ataque feroz al cardenal y al Opus Dei porque quieren “apropiarse” de la Católica y esto es falso.

¿Qué dijo la Comisión de la Verdad sobre su trabajo en Ayacucho?
La Comisión de la Verdad no me convocó oportunamente. Si se iba a hablar del trabajo de un obispo, era normal que dijeran: “Oye, vamos a llamarlo”. El Perú merece conocer quién es el cardenal y cuál  es la verdad: no hubo cartelito, pizarra ni esa frase y soy respetuoso de los derechos humanos universales.

Su modo de encarar los temas frontalmente puede generar ciertas incomodidades
Hay un gran déficit de verdad en la sociedad actual. Déficit en el intercambio de opiniones, en el coloquio natural. Yo no me considero dueño de la verdad pero me resulta muy difícil guardarla  o tolerar la media verdad, que es una gran mentira.

Usted llegó a Ayacucho en 1988, ¿qué encontró?
Yo llego a Ayacucho como obispo auxiliar de monseñor Federico Richter, a quien recuerdo con enorme agradecimiento. Encuentro una población atemorizada, en un desamparo total. Asesinaban a los misioneros e impedían cualquier convocatoria de la Iglesia porque Sendero Luminoso quería ser el único que convocaba y dirigía. En la misa dominical empiezo a tener unas homilías en las que levanto la voz para recordar el derecho humano de estos campesinos, de estas señoras y de estos niños a vivir en paz.  También doy el mensaje a las Fuerzas Armadas que deben pacificar y dejar la imagen de ser tan duras  como Sendero.

Hoy la Iglesia vive tiempos difíciles por los casos de abusos a menores…
El Papa ha pedido perdón y ha repetido que es una purificación que Dios está haciendo con su Iglesia. El tema ha salido a la luz de una manera escandalosa y un sector ha aprovechado para causar el mayor daño posible.  Cuando el pecado tiene una malicia tan grande que convierte el sacerdocio en un arma contra un niño, es el demonio que se mete en la Iglesia. Hay además un delito claro y flagrante.  Son hechos espantosos.

Pese a los escándalos, la Iglesia goza de más credibilidad que muchas otras instituciones.
Eso obliga a estar a la altura porque la gente cree en nuestra palabra. Son tiempos muy difíciles en los que ya no se respeta la privacidad ni la intimidad. La cultura del ‘chuponeo’ telefónico y de los videos debe ser erradicada y sancionada porque es un arma mucho más peligrosa que la metralleta. Es cínica y traicionera y se dedica a matar tu honra, a matar tu empresa, tu futuro político, a matar a tu esposa y tus hijos.

*Se lo critica por opinar constantemente sobre política… *
La gente dice: “Todo el tiempo habla de política”, es otro ataque a la persona. Todo ámbito de la vida tiene repercusiones políticas, pero no estamos hablando de política partidaria, yo  hablo desde el punto de vista pastoral pero cuando uno quiere proponer una idea para el cambio de opiniones, para la discusión, los mismos de siempre dicen que no quieren que el cardenal hable.  Pero el cardenal no se va a callar.


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