Francisco Tudela: "La estrategia del presidente Humala es el suspenso"

El ex canciller del régimen fujimorista dice que no volverá a la política. Cree que cometió aciertos y errores

Francisco Tudela: "La estrategia del presidente Humala es el suspenso"

MILAGROS LEIVA GÁLVEZ
El Comercio

Tiene las fechas y los nombres en la palma de su mano. Memorioso, lector, amante de la política internacional. Francisco Tudela no tiene reparos en contestar que efectivamente nunca debió entrar a la política porque el precio que tuvo que pagar fue demasiado alto. Su pasado fujimorista lo ha condenado durante diez años, él ahora resucita para contar su versión.

¿Tengo la impresión o usted quiere resucitar como político?
No, no quiero resucitar, pero sí siento que en el terreno intelectual tengo muchas cosas que decir. No quiero volver a la política porque tiene una cara perversa: la continuación de la política por otros medios es la persecución judicial. Hoy e se busca aniquilar las ideas y a las personas a través de la persecución judicial.

¿Usted se sintió perseguido?
En un momento fui muy perseguido, tuve varias investigaciones abiertas pero jamás me abrieron un juicio porque no había razones, pero sí fui muy hostilizado, recibía notificaciones diarias, no podía trabajar. Me buscaron de arriba abajo, mi familia sufrió mucho.

Después de todo lo sucedido era más que necesario auditar a los políticos del fujimorismo…
De acuerdo y lo comprendo, pero no se puede partir de la premisa de que todo el mundo debe ser pasado por una criba policial. El punto de partida es la desconfianza y eso es bastante duro cuando uno es honesto.

¿Por qué entró a la política? Usted era un abogado, experto en temas internacionales con reputación académica y mire, el poder terminó matándolo.
Todo hay que situarlo en su momento histórico, la década de los 90 fue un momento muy difícil para el Perú, habíamos vivido la desintegración del Estado, vivimos un violencia horrorosa, una hiperinflación que llegó al 7.614%, luego vino el autogolpe que fue un shock para todo el país. En esa época yo era un profesor universitario y tenía un espacio en Canal 4 y vi cómo mi país pasaba por un momento de redefinición convulsionada. En ese contexto Rafael Rey me invita a formar parte de Renovación.

¿Acepta porque son amigos del Opus Dei?
No. Yo no pertenezco al Opus Dei, he visto que en Internet me atribuyen ser miembro de varias organizaciones, pero no es así.

¿No pertenece a sectas?
De mí se han tejido muchas leyendas creadas al calor de la odiosidad y conflicto político.

¿Entonces es un mito que usted fundó Tradición Familia y Propiedad cuando era alumno en la Universidad Católica?
Falso y puedo poner de testigo a mis compañeros de esa época como Gino Costa y Carlos Chipoco, con quienes tuve infinidad de polémicas universitarias. Yo solo defendía la democracia representativa y mis contrincantes consideraban que era un absurdo y que el futuro era la dictadura del proletariado y las repúblicas democráticas socialistas.

Usted era y es anticomunista…
Por una razón de fondo, mi familia materna experimentó duramente el comunismo, mi abuela rumana se salvó porque estuvo casada con un diplomático, pero el resto de su familia, tíos, primos,  fueron exterminados en los campos de concentración rumanos a partir de 1947. Mi oposición era por esa inhumanidad.

Disculpe, pero el capitalismo también suele ser inhumano.
Si lee “Archipiélago Gulag”, de Alexandr Solzhenitsyn, no encontrará nada semejante en el capitalismo, no creo que exista un Gulag en Estados Unidos. El sistema represivo soviético era patrimonio de los estados marxistas leninistas y yo conocí familiares que fueron ejecutados, lo que había del otro lado de Berlín que era una tiranía absoluta.

Regresemos a sus inicios, dicen que en la Universidad Católica usted fue un neonazi que marchaba con su polo negro.
Todas esas son leyendas falsas y por eso invoco el testimonio de mis compañeros de esas épocas. Lo que siempre defendí fue la democracia representativa y me consideraban anacrónico, lo que había que defender era el totalitarismo marxista. La historia me dio la razón porque cayó el comunismo en 1991 y no existe más la Unión Soviética. Lo que existe hoy es la democracia representativa.

¿Pero cómo un hombre que defendía la democracia y aborrecía el totalitarismo cayó en las redes del fujimontesinismo?
Perdón, en el montesinismo jamás, todas las personas que me conocen saben que Montesinos era mi enemigo.

Ahora todos dicen que eran enemigos del ‘Doc’…
Es fácil decirlo, pero yo lo fui.

¿Usted votó por Fujimori en 1990?
No, yo voté por Vargas Llosa.

Y mire ahora, Mario Vargas Llosa no puede ni verlo…
Son pasiones, en la política siempre hay que separar a la persona de las ideas, si no va por mal camino. Yo he leído todo lo que Vargas Llosa ha escrito sobre mí y le digo una cosa: no le guardo rencor. Es un hombre muy apasionado, pero su psicología no la comparto.

¿Y le tiene rencor a su primo Alejandro Tudela quien escribió que usted es un déspota ilustrado?
No, porque lo que dijo no es cierto, también es una cuestión de pasión. Y todo ese cuento de que mi abuela me había dicho que fuera presidente es mentira, ella tenía horror a la política y lo que siempre me decía es que jamás me metiera en política. Alejandro sabe que no es cierto.

¿Cuánto temió morir como rehén en la embajada del Japón?
Todos tuvimos miedo, el primer día Cerpa Cartolini me dijo que me iban a ejecutar al día siguiente, cambió de opinión por la cobertura mediática y debo decir que la prensa me salvó la vida.

¿Cuál fue el pensamiento recurrente durante el cautiverio?
Es muy extraño, lo que yo pensé es que todo esto me sucedía como una especial de herencia de destino. Yo estaba dentro de una lucha cósmica atemporal y había caído en manos de la gente que había matado a mi familia rumana y rusa. Era un karma y verlo así me dio mucha fuerza porque saqué energía de la conciencia del sufrimiento de mis familiares.

Pero cuando le dicen que van a matarlo, ¿en qué piensa uno?
Ni siquiera piensa en la muerte, viene el ahora qué pasará. Lo primero que ocurre es que súbitamente uno se aísla en sí mismo, es como si el mundo exterior dejara de importar. Queda uno mismo, quedas enfrentado a ti mismo y a una interrogación sin respuesta.

Fujimori no le hizo caso con el Caso Ivcher, usted dijo que renunciaba a ser canciller si le retiraba la nacionalidad…
No me hizo caso y fue un grave error, no quiero entrar en juicios emocionales. La historia ya hizo un juicio sobre lo sucedido. Yo me fui por principios.

¿Y por qué regresó a lo mismo? Primero acepta la embajada en la OEA y luego la vicepresidencia.
Sentí que era una manera de servir a mi país. Veía de lejos el Perú, yo no estaba aquí y veía una oposición destructiva, sentí que se exageraba y temí que todo el esfuerzo de la década se perdiese.

En esa época las denuncias de corrupción desbordaban…
Sí, pero yo no vivía en el Perú y sentí que estaba en riesgo todo lo construido.

¿La re-reelección no le causó escozor?
No hubiera aceptado la vicepresidencia si hubiera sido ilegal, lo que usted menciona es una apreciación política, pero constitucionalmente era legal. Al llegar al Perú para la campaña, en enero del 2000, tropecé con la realidad del control que Montesinos ejercía sobre el gobierno de Fujimori. Hay que ser sinceros, lo que se vio en los videos no es algo que supiéramos antes. Yo recuerdo cuando Olivera pasó el primer video, a mí me dio asco.

¿Y por qué no se fue inmediatamente si tanto asco tuvo?
Porque es muy fácil tirar todo por la borda y dejar que todo se desintegre, quise ser una fuerza positiva, pero no se pudo y renuncié porque la podredumbre era muy grande. Se ha dicho que Fujimori me dijo que estaba enfermo y yo quería ser presidente, falso.

¿Hoy diría que Fujimori y Montesinos fueron socios?
No lo puedo saber, no tengo evidencias, pero sí creo que había algo de entendimiento. Montesinos se opuso a mi candidatura, lo dice muy claro en un video. Después de los videos, la oposición estuvo enardecida, pero también me pedían que no renunciara. Yo decidí que el camino era la transición inmediata y por eso me fui.

¿Se arrepiente de su paso por el fujimorismo?
Si todos los peruanos hubiéramos sabido lo que vimos después, naturalmente no hubiera aceptado. En mi caso hubo una estimación incorrecta.

Difícil de creer porque ingenuo no es.
Sí, pero a veces uno hace juicios de valor errados. En ese entonces yo pensé que Fujimori no estaba en el lado oscuro, puede ser ingenuidad, pero hoy pienso que hubo entendimiento entre él y Montesinos. ¿En qué grado? Nunca lo sabremos.

¿Qué piensa hoy de Fujimori?
No soy un hombre que toma ofensas con facilidad; en primer lugar, siento pena. Siento que pudo haber enrumbado las cosas de otra manera y haber evitado todo esto. Fue muy injusto que pasáramos por todo esto, personalmente fue un trance muy difícil.

¿Y qué de Montesinos?
Sobre él tengo un juicio categórico: probablemente sea la persona que más daño le ha hecho al Perú en toda su historia. La exhibición de la corrupción por medio de los videos solo resulta comprensible en el dominio de la psiquiatría. Hizo un daño como si hubiéramos perdido una guerra. El daño moral es inconmensurable.

¿Usted votó por Keiko?
No, voté nulo. Encontré una elección sorprendente y ninguno me pareció.

¿Y cómo ve el gobierno de Gana Perú?
Seguimos viviendo en la incertidumbre porque las líneas de la política económica no se definen. A mí me preocupa la gran crisis de pago internacional y eso no remonta; si se instala una recesión mundial, en seis meses nos alcanzaría y entonces se decidiría qué medidas son pertinentes y cuáles no. Tengo la impresión de que hay una crisis en ciernes y debemos estar preparados porque todo lo que se haya dicho en la campaña o en la presentación del Gabinete queda anulado por la realidad.

¿Cuál es su opinión de Ollanta Humala ?
Representa una continuación de un fenómeno que comenzó en el noventa. Hasta ese año los jefes de Estado salían de las clases medias adscritas a los políticos tradicionales, a partir de Fujimori los presidentes surgieron de sectores que no pertenecían a la política tradicional. Salvo Alan García, se ha seguido repitiendo el fenómeno.

Queda claro que usted no es ‘caviar’, ¿cuál es su etiqueta?
Soy un conservador republicano.
 
¿Puede contarnos cómo está su padre?
Está bien, cumplió ayer 96 años y lo que sucedió con él fue emocionalmente devastador. Tenía 92 años cuando lo sacaron de su casa sin que pudiera regresar, no fue justo. Después de que me agredieron de manera insultante por el tema político vino el asunto familiar y recibí otra camionada de insultos. Toda la gente que nos conoce sabe de la unión de mi padre conmigo y con mis hermanos, fue él quien nos educó, con él crecimos después de que mis padres se separaran. Todo fue muy injusto. Lo que pasó en ese tiempo con mi padre fue tan devastador como mi experiencia en la embajada. Fue atroz escuchar juicios políticos sobre mi vida familiar afectiva, no tenían ni idea de mis relaciones familiares. Fue terrible, una experiencia emocional devastadora, como los 126 días que pasé de rehén. De todas estas cosas salen cosas buenas y yo aprendí a ser un hombre realista pero, si quiere que le diga la verdad, son cosas que hubiera preferido no conocer.

¿De qué se arrepiente?
Podría decir como Edith Piaf que no me arrepiento de nada, pero si tuviera 18 años de nuevo haría mi vida muy diferente; para empezar creo que no me hubiera metido en política. Le hubiera hecho caso a mi abuela. Quizá solo debí estudiar Historia, como fue en un principio mi deseo.

¿Y qué les dice a las personas que lo desprecian por todo su pasado fujimorista?
Que están en su derecho, que cada uno tiene sus ideas, yo siento que hice en cada momento lo que consideré responsable y correcto. El ser humano es falible, tuve aciertos y errores y los asumo. Nadie es perfecto.

POLíTICA INTERNACIONAL
Usted ha sido canciller, ¿qué le parece lo que sucede hoy en Torre Tagle?
Es una institución civil y jerárquica, casi militarizada en su estructura; es indiscutible que, al existir un cambio de gobierno donde se alteran las reglas de juego, impacta a la diplomacia. Hay un cambio de orientación evidente. Un buen punto es la ratificación del equipo peruano en La Haya.

¿Y la visita del canciller ruso? ¿El nombramiento de la embajadora en Francia?
Con el nombramiento de los embajadores políticos he aprendido que no hay que adelantar juicios, a veces se critica anticipadamente y resultan siendo grandes embajadores, no voy a entrar en la crítica arbitraria, no es justo. El gobierno de Humala tiene su cuota de embajadores políticos como todos los gobiernos, dejémonos de hipocresías, siempre ha sido así.

Usted habla de un nuevo movimiento de izquierda y dice que Brasil pretende organizar a toda América Latina mediante el Foro de Sao Paulo.
No hablo del Estado Brasileño, sino del foro, que fue fundado un año antes del colapso de la Unión Soviética por Lula da Silva. Incluso tiene movimientos terroristas que la integran como el MRTA, también están las FARC. Al llegar el Partido de los Trabajadores al a Gobierno de Brasil, entienden que el mensaje del foro les permite traspasar la barrera lingüística y política en América Latina.

El triunfo de Ollanta es el triunfo de Brasil.
Viendo el equipo de asesores mediáticos que tuvo en la campaña y la acogida del Gobierno Brasileño, no puedo negar el cambio de polaridad. Hoy Brasil tiene un rol más importante que Venezuela, Uruguay y Argentina. Obviamente, Dilma es mucho más poderosa que Chávez y representa un modelo de marxismo ‘light’ pero sí agrupa a gente radical que incluso puede ser violentista.

Entonces que Humala vaya a transformarse en dos años en un Hugo Chavez es una leyenda.
Son especulaciones. Si quiere que le diga la verdad, no sé qué pasará en dos años. No puedo leerlo, la estrategia del presidente Humala es el suspenso, tiene una estrategia mediática diferente a todos los gobiernos que he visto en el pasado. No encuentro que sea un error, es una estrategia inteligente. No hablo mucho, crecen las expectativas y siempre tengo la primera plana asegurada. Humala es el presidente del suspenso.

Humala gana las elecciones diciendo que el modelo capitalista de los últimos veinte años no incluyó a los más necesitados
Esa fue la premisa electoral, intelectuales de su partido piensan que el Estado debe tener más presencia y eso produce acercamiento a Brasil, Venezuela, Bolivia y Argentina, eso es evidente; ¿qué hay detrás de esa perifería?: el núcleo euroasiático. Eso lo revela la visita del canciller ruso quien va a Caracas y luego viene a Lima.

No vino el canciller alemán.
Nada es casual. Y eso me preocupa porque nosotros siempre heredamos el destino de los bloques geopolíticos. A mí no me cabe duda de que el bloque atlántico es más democrático que el bloque euroasiático.

Muy difícil que América Latina pueda desligarse de Estados Unidos.
Sí, pero en el plano político pueden generarse alejamientos y frialdad como ha sucedido con Argentina, Venezuela y Bolivia y eso es aprovechado por el otro bloque para instalar sus empresas a diestra y siniestra.