Editorial: Grave responsabilidad de peatones en caos vehicular

Según preocupantes estadísticas de la Policía de Tránsito, el 40% de los accidentes fatales se debe a la imprudencia del peatón, en gran parte porque el 80% de los transeúntes no respeta las disposiciones viales. Por su parte, la Organización Panamericana de la Salud (OPS) indica que el 78% de afectados en accidentes de tránsito corresponde a peatones.

¿Qué significa esto? Pues que hay una arista del problema, más allá de la responsabilidad de los transportistas y conductores, sobre todo los choferes de combis, que exige mayor atención y acciones concretas por parte de las autoridades.

Por lo pronto, las propuestas del Código de Tránsito para enfatizar la responsabilidad de los peatones son letra muerta, por lo que el Congreso aprobó modificar la Ley General de Transporte y Tránsito Terrestre, que incorpora sanciones más severas al peatón que incumple dicho código.

Se espera ahora la pronta implementación del reglamento respectivo para empezar a aplicar dichos cambios, lo que debe acompañarse por una intensa campaña a través de los medios de comunicación, coordinada por el MTC y las municipalidades provinciales.

Efectivamente, no solo se trata de aplicar multas. El problema es realmente muy complejo, pues implica educar al peatón para promover un cambio de mentalidad, que incluya el respeto a las reglas, el énfasis en la responsabilidad personal y el convencimiento de que está de por medio la vida misma.

¿Por qué los peatones no obedecen las señales viales, no esperan la luz verde del semáforo para cruzar, no usan los puentes peatonales y transitan temerariamente por la calzada a mitad de la calle? ¿Por qué suben o bajan de los vehículos en movimiento o por el lado izquierdo, y transitan cerca del sardinel o al borde de la calzada? ¿Lo hacen porque no valoran sus vidas o simplemente por la costumbre criolla de ignorar las normas de tránsito?

¿Acaso es una cuestión de idiosincrasia, pues la mayoría de peruanos no conoce sus derechos ni sus deberes y tampoco valora que sus prerrogativas y atribuciones terminan donde comienzan las de los demás?

La educación vial resulta, entonces, un tema sustancial, pero históricamente relegado en las políticas públicas, orientadas a ordenar el tránsito en Lima y el resto del país. Claro que no resolverá por sí solo el caos vehicular, pero sí ayudará mucho.

Corresponde a las autoridades locales, regionales y nacionales aplicar un enfoque integral del problema, que incluya desde el reordenamiento de las rutas del transporte de pasajeros hasta la ejecución de las obras necesarias en materia de planificación y viabilidad urbana, pasando por una mejor coordinación con la Policía Nacional.

Tenemos que empezar ya con la campaña de sensibilización y de sanción al peatón, para lo cual podría establecerse una alianza estratégica con el Ministerio de Educación, de modo que la capacitación se dé también a través de las escuelas.

Los transeúntes deben convertirse en parte activa de la solución del problema, y no en un obstáculo más en este caos, incómodo, inseguro y hasta criminal, del accidentado tránsito capitalino y nacional.


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Editorial de El Comercio