La ‘farandulización’ de la política

Gustavo Romero Umlauff

Han empezado a calentarse los motores del próximo proceso electoral y la expo-sición mediática de los probables candidatos nos está invadiendo. Los políticos saben de sobra que los medios informativos –y en especial la televi-sión– se constituyen en los vehículos excepcionales para influir en los comicios.

Los candidatos se han venido adecuando a las nuevas formas de dirigirse a sus electores, pues la arenga de la plaza pública y la voz estridente del balcón no son admisibles en la televisión ni en la radio. En este escenario mediático donde el tiempo es decisivo y cos-toso, el político tiene que saber comunicar rápida y lacónicamente sus propuestas, tratando de seducir con inmediatez a las audiencias.

Los políticos han adquirido una cualidad distinta de obrar en las campañas apoyándose en la individualización y en una destacada exposición mediática. Y claro que hemos venido aludiendo al político como persona y no al grupo partidario al que encarna. Se destaca a la persona por encima de su partido, en lo que algunos llaman –en un extremo de exhibicionismo– la ‘farandulización’ de la política.

El rostro y el eslogan parecieran ser la clave del éxito, donde el político se convierte más en un producto del mercado –que trata de persuadir al espectador de su adherencia a una idea, generalmente de tipo económico, mediante la simpa-tía de la imagen– que un líder explicando serenamente sus propuestas.

Los medios han transformado el espectro polí-tico y son fuente indispensable de información. Son piezas fundamentales para orientar el debate más allá del simple rostro. Esto implica que los medios de prensa están comprometidos con su deber de informar, pues la tarea que despliegan es la del servicio, para difundir opinión e información. Ambas no son solo productos gobernados por las leyes del comercio, sino bienes cuya administración se decreta por las conveniencias y necesidades de los intereses sociales.

El deber de los medios es traducir la realidad política y ampliar el debate. Es una materia ética y pasa por reconocer que están al servicio del público y que la pertenencia de la información es universal; que la información nos pertenece a todos.

(*) Director ejecutivo de la Asociación Iberoamericana de Derecho de la Información y de la Comunicación (Aidic).