La amenaza de muerte al fraile suicida de Chorrillos

Fernando Canchari revive cada día la célebre historia del salto del fraile en Chorrillos. No teme al vacío, pero sí por su familia y por su propia vida

*Por: Fernando González - Olaechea T* El hombre que se suicida todos los días tiene miedo de que lo maten. Por 22 años Fernando Canchari se ha lanzado desde un peñasco en la playa El Salto del Fraile (en Chorrillos), que se llama así, evidentemente, por la historia del mismo nombre. De pie, sobre las rocas, extiende los brazos y se lanza al mar, pero ahora su actitud temeraria al encarar la muerte ajena y ficticia se desvanece ante la posibilidad de la propia y real, que, sin embargo, ha estado ahí siempre a un salto. A principio de noviembre dos tipos que cuidaban los autos fuera del estacionamiento del restaurante El Salto del Fraile lo veían saltar. Para él ese no era ningún problema, pues su trabajo consiste en que lo vean para luego pedir una suma de dinero a voluntad del espectador que le puede valer un ingreso, según la temporada y el día, de S/.15 hasta S/.150. Pero ellos no lo observaban para entretenerse, sino para estudiarlo. Examinaban cómo Fernando, con 41 años encima, entraba y salía del agua para hacer todos los saltos que se necesitaban. Analizaban la forma como saludaba al público y las expresiones que exageraba para que la gente en el malecón pudiera notar el drama. Uno de esos dos observadores, Manuel Bárcena Mendoza, le dijo que quería saltar. Fernando respondió que no habría problema, que le podía dar la última media hora de su turno para que él y Crisóstomo (como Fernando conoce al otro hombre) saltaran un par de veces. Pero para Manuel eso no era suficiente. Fernando recuerda que a los pocos días llegó con otra actitud. “Él vino y me dijo que ya iba a saltar. No me lo pidió. La forma como me lo dijo fue desafiante, como buscando problemas”, cuenta Fernando. Ese día discutieron y sellaron su desacuerdo con un par de puñetazos. Las cosas estaban tensas en esa playa normalmente solitaria donde el único ruido es el del mar que se estrella contra las rocas sin cesar. Hay tres frailes suicidas que se arrojan al mar por unas monedas. Ninguno tiene un vínculo laboral con el restaurante que lleva el nombre de la playa. Pero la relación es una simbiosis que conviene a todos. Los otros dos frailes van en las mañanas, Fernando lo hace en las tardes, desde la 1:30 luego de dejar a su hija en el colegio hasta las 5:00 aproximadamente. No hay contratos, ni documentos, solo acuerdos entre las partes. Pero que esos acuerdos que de una u otra forma han funcionado no se respetan ahora no solo lo sufre Fernando, sino también el restaurante. “Los clientes se sienten incómodos si hay problemas afuera; esos dos señores [Manuel y Crisóstomo] vienen con palos, como maleantes, y alguien puede salir herido”, refirió Ruth Ramos, administradora del local. *ADVERTENCIA TEMERARIA* El viernes 13 fue un mal día para Fernando. En la tarde llegaron Manuel y Crisóstomo junto con otras personas de Alto Perú (asentamiento humano donde viven y una de las zonas más peligrosas de Chorrillos) a dejarle en claro que ahora ellos iban a saltar en ese horario. “Eran unos quince, vinieron con palos, con mangueras y piedras. Lo amenazaron para que ya no saltara”, dijo Evydia Chávez, esposa de Fernando, y quien lo acompaña a saltar todos los días desde que se conocieron hace diez años. “Yo les dije que les daba dos horas, de una a tres. Los demás les dijeron que aceptaran, y ellos lo hicieron”, comenta Fernando. Y por eso se molestó cuando al día siguiente Manuel no quería reconocer lo acordado. El domingo 16 de noviembre fueron Manuel con Crisóstomo y dos hombres más a buscarlo a la playa. Fernando dice que uno de ellos tenía un revólver y que lo amenazaron de muerte. Por eso al día siguiente fue a la Gobernación de Chorrillos a pedir garantías para su vida. Máximo Sifuentes, teniente gobernador, recuerda que Fernando llegó asustado. Se tramitó la resolución, se notificó a los implicados y solo apareció Manuel, al día siguiente, a preguntar de qué se trataba el asunto. “Entró, preguntó y no le importó, se fue y no regresó para rendir su manifestación. La otra persona no ha sido incluida en la resolución porque no tenemos el nombre completo ni su dirección”, relató Sifuentes en su oficina. “Yo puedo hacer cualquier otra cosa. En las mañanas manejo un colectivo de Chorrillos a Tacna hasta que me da la hora de dejar a mi hija al colegio y después vengo acá, pero no voy a dejar de hacer esto, con lo que me gano la vida hace años, porque vienen dos matones y me lo dicen”, explica Fernando, mientras se sacude el agua tras el segundo salto. La actuación de Fernando acaba con las últimas luces de la tarde. Hace ya algunos días que no oye de Manuel y Crisóstomo y confía en que todo saldrá a su favor. Solo queda esperar que la tragedia ficticia no se vuelva una verdadera. *SEPA MÁS* *La historia del fraile que se mató por amor* La historia del salto del fraile fue escrita en el siglo XIX por el escritor Ricardo Rossel (Perú, 1841-1902). El texto, dedicado a su amigo y también escritor Ricardo Palma, relata el amor prohibido entre la hija de un marqués y el hijo de una sirvienta de la casa. Cuando el marqués se entera de la relación arregla todo para que recluyan al muchacho en un monasterio y envíen a su hija a España. El muchacho, ahora fraile, se las ingenió para llegar hasta Chorrillos y fue hasta ese peñasco para ver partir el barco. Cuando por fin lo vio, se despidió de su amada y desesperado frente a su insalvable destino decidió suicidarse lanzándose al mar. La chica, viendo todo con un largavista desde el barco, hizo lo mismo.

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