Avistamiento de ovnis: Una luz sobre el cielo de Chilca

De espaldas a los prejuicios, El Comercio decidió acompañar esta semana al famoso, amado y cuestionado ufólogo Sixto Paz y avistar ovnis en el desierto de Chilca. Este es un testimonio para ver y, si quiere, también para creer

*Por: Alberto Villar Campos* Esta noche me dispongo a ver para creer. Voy a someterme sin prejuicios a la que, se presume, será una incomparable experiencia cósmica y a olvidarme, aunque sea por unas horas, de aquel vergonzoso temor por lo desconocido que me atrapó de niño y hasta ahora no me suelta. La ruta nos ha llevado 67 kilómetros al sur de Lima y en esta tarde del 30 de marzo, en el desierto de Chilca, el cielo sin nubes se ha pintado enteramente de rojo. Sixto Paz, el hombre que asegura haber tenido su primer contacto extraterrestre hace 35 años y haber visitado Ganímedes (una de las lunas de Júpiter), lidera esta tribu de 40 personas, entre periodistas de Costa Rica, Estados Unidos y Perú, miembros del grupo Rama, curiosos sin bandera, y Ana María Polo, la virulenta jueza del famoso programa “Caso cerrado”, que intenta que su secreta pasión por estos fenómenos pase desapercibida. Es la octava vez que los “guías” (como llama Paz a los extraterrestres) pactan una visita con fecha y hora, y han transcurrido 12 años desde la última vez que la prensa lo acompañó en una experiencia similar. Si todo sale bien, entre el 30 y el 31 de marzo las naves extraterrestres se dejarán ver por lo menos cuatro veces. “¿Sabés cuándo lo sabés? Cuando no dudas”. El argentino Marcelo Dos Santos vivió hasta hace unos años de su fama de actor, estuvo casado con la despampanante actriz colombiana Aura Cristina Geithner, pero ahora dedica su vida a perseguir verdades y a lanzar frases tan desconcertantes como esta, mientras caminamos hacia Los anillos de Saturno, la zona escogida para el avistamiento. Y agrega: “Aquellos que tenemos certeza no necesitamos entrar en el juicio crítico del hemisferio izquierdo para demostrarlo”. Antes de llegar aquí, y luego de armar sus carpas, Sixto Paz realizó una primera meditación en conjunto con los asistentes. Todos tenían las manos abiertas y los ojos bien cerrados, como si estuvieran en trance. Todo se mezclaba en la oscuridad de la noche. El rito se volvió a repetir a las 7 p.m., la primera hora pactada por los “guías” para un primer encuentro. Pero en solo unos segundos, todo viso de ilusión se desvanece: en el cielo apenas se ven las luces de unos aviones y bajo ellos las líneas negras que dibujan los cerros desiguales. Sixto, entonces, nos dice haber recibido un mensaje (asegura hacerlo desde que era joven) de los extraterrestres. “Disculparán que no respetemos los horarios en esta ocasión, pero tenemos nuestros motivos que luego ustedes comprenderán —lee—. Recuerden: todo tiene un sentido. Estamos cerca, observándolos, y les haremos sentir nuestra presencia y nos verán”. El ufólogo peruano más famoso del mundo y a quien muchos, pero sobre todo la comunidad científica, tildan de loco y aprovechador, se disculpa de esta forma por haber difundido en Internet la noticia sobre el viaje a Chilca. Esto, dice, es lo que pudo haber ahuyentado a los “visitantes”. Tal vez los únicos intranquilos aquí seamos los periodistas, porque la meditación continúa y para los invitados es como si nada hubiera pasado o, sencillamente, todo estuviera por ocurrir. Entonces, a las 8:37 p.m., una luz roja aparece en medio de dos montañas situadas a cuatro kilómetros de donde estamos. Desde lejos, parece un objeto en forma de media luna que solo por instantes se mueve y un minuto después desaparece. La excitación se multiplica entre los pocos incrédulos, mientras las cámaras de fotos empiezan a fulminar la oscuridad. Sixto pide una nueva meditación y, en lo que parece ser un arranque de mediático oportunismo, aprovecha para hablar de Barack Obama, quien, según los extraterrestres, es el llamado a corregir los errores de Estados Unidos. A las 9:10 p.m., diez minutos después de la segunda hora pactada, la misma luz vuelve a aparecer. Ahora está más cerca, tiene la forma de un disco, brilla con más fuerza que antes y tarda unos minutos en ocultarse. “¿Ustedes también lo vieron, no? —dice la doctora Polo—. No había forma de negarlo”. A su lado, varios comparten las imágenes que captaron del objeto. “Yo ya no tengo temor sino entusiasmo —dice Sixto—. No me interesa pasar a la historia, sino que mi vida tenga sentido aquí y ahora. Uno piensa que el contactado es la estrella, pero no: somos meramente circunstanciales”. Son las tres de la mañana, casi todos duermen —la jueza Polo no ha parado de hablar con su equipo técnico— y el líder de esta visita ha desaparecido del campamento. Édgar Silva, un periodista costarricense, asegura que Sixto Paz se ha ido a dormir y prefiere pensar que fue la luna y no un objeto no identificado lo que vimos en esta noche extraña. Un objeto que, para nuestra mala suerte, no volvimos a ver. ¿Qué pudo ser? Hay quienes dicen que se trata de fenómenos naturales que ocurren en Chilca cada tanto, y otros aseguran que el lugar es el territorio que los extraterrestres han usado desde hace miles de años para confirmar su presencia en la Tierra. A las 5 de la mañana del 31 de marzo Sixto Paz nos despide, pero la sensación de haber visto algo indescriptible sigue allí. Cierto o no, lo que vimos allí fue claramente extraño. Para no creer.

Tags relacionados

Chilca

Ovnis

Sixto Paz