La batalla de los últimos clarineros cajamarquinos

El clarín es un instrumento que data de la época de la Colonia. Hace una semana, la Municipalidad Distrital de Baños del Inca reconoció el arte de los últimos clarineros cajamarquinos

La batalla de los últimos clarineros cajamarquinos

MAYER ABANTO CHÁVEZ
El Comercio

El ronco sonido del clarín cajamarquino se remite a la época de la Colonia. Es un instrumento usado por los músicos en ceremonias religiosas, fiestas sociales y en faenas agrícolas. Es tocado solo por hombres y siempre va acompañado por dos instrumentos más: la caja y la flauta. A veces es posible que algunos campesinos lo toquen durante el famoso carnaval de Cajamarca.

Natito Tucto Limay y su familia son de los pocos que aún conservan la tradición de tocar el clarín. “Yo aprendí de niño, mi madre cantaba y hacía que yo tocara mi clarín”, menciona Natito. El músico cuenta orgulloso la difícil técnica para aprender a tocar el clarín, pero se lamenta porque las autoridades poco hacen por poner en valor este valioso instrumento.

Su ejecución es considerada particularmente difícil. “Hay que sostenerlo en diagonal y hacia arriba, coger el cuerpo del instrumento con un brazo y agarrar la boquilla con la otra mano para soplar con fuerza por ella”, afirma el músico, aunque para él la tarea parece muy sencilla.

El ronco sonido del clarín se origina en la vibración de los labios del intérprete en la boquilla que se transmite por el aire contenido en el instrumento. La entonación de melodías se hace a base de piques y continuos, como en los instrumentos de viento. Luego de mucha práctica los sonidos empiezan a emitirse sin mucho esfuerzo.

NO PERDER LA TRADICIÓN
El clarín de Cajamarca fue declarado Patrimonio Cultural de la Nación en el 2008, pero poco se hace para conservar esta tradición.

El presidente de la Confederación de los Clarineros y Cajeros de Cajamarca, Dolores Ayay Chilon, menciona que se realizaron festivales para difundir la tradición del clarín pero tuvieron poca convocatoria.

Sin embargo, con el esfuerzo de la confederación, se crearon dos escuelas en las que se enseña a tocar el clarín a poco menos de 20 alumnos. “Necesitamos apoyo para pagar el sueldo del profesor. De lo contrario en unos años el clarín solo será historia”, se lamenta Dolores.