Los canales que hicieron posible la vida en Lima

Hace 3.000 años se inició uno de los procesos creativos más importantes en estas tierras: convertir el desierto limeño en grandes valles productivos

Los canales que hicieron posible la vida en Lima

JAVIER LIZARZABURU
El Comercio

Es una tarde de enero. La brisa sopla a lo largo de la playa y la crin de los caballos se alborota. Los estandartes flamean seguros. Los jinetes avanzan desconcertados, pero con una buena dosis de sorpresa.

Unos metros más adentro el desierto se convierte en enormes campos de cultivo. En ese momento no conocen bien los nombres de los productos que comen sus habitantes: son plantaciones de palta, camote, papa, maíz, pallares, frejoles, rocoto, ají, maní. Los sabores más dulces los dan la chirimoya, la lúcuma, el pacae.

Uno de los rasgos más llamativos de este lugar, que la población local insiste en llamar Limaq, es que está atravesado por muchos ríos y riachuelos.

Lo que tampoco saben los visitantes a caballo es que este escenario no es natural. Son valles artificiales que, hasta ese momento, habían tomado más de 2.500 años en crearse. Valles que habían sido arrebatados al desierto a pulso.

EL CORDÓN UMBILICAL
Los más educados de ellos empezaron a escribir. Pedro Cieza de León, uno de los primeros en ver esa Lima sentenció: “Es una de las buenas tierras del mundo”. Agustín de Zárate, contador y cronista, anotó que “en cada casa hay una acequia de agua sacada del río, que podría hacer moler un molino”.

No cabía duda. Esta tenía que ser la nueva capital, y así dejaron constancia ese 18 de enero de hace casi 500 años. Con frecuencia, y con el humor negro con el que el limeño trata a su ciudad, se decía que de haber pasado en invierno estos caballeros habrían seguido de largo.

Lo que parece más cierto hoy es todo lo contrario. Lima estaba destinada a ser la capital. Una de las razones para eso eran sus canales de irrigación. “Sin la Lima prehispánica, la Lima española no habría sobrevivido”, dice el arquitecto Juan Gunther, reconocido experto en la historia de la evolución de la ciudad.

Para eso debieron tener un profundo conocimiento del suelo, “porque hacer un canal no es cualquier cosa; no es simplemente abrir una zanja”, dice. Además, ninguno de los ríos podía regar todas las chacras al mismo tiempo.

SUELO Y ANTIGÜEDAD
Desde el Centro Histórico hasta Chorrillos, hay un declive en el terreno. “Entre Ate y Miraflores hay una pendiente permanente y por cada 100 metros baja 1,33 metros. Esa es la pendiente de Lima”, cuenta Gunther. Esto quiere decir que no se podía hacer un canal perpendicular, porque el agua habría erosionado el fondo. Tampoco en otro sentido paralelo, porque el humus se habría asentado, levantando el fondo del canal. “Se necesitaban ángulos muy precisos para que el sistema funcionase”, explica el arquitecto Gunther.

En cuanto a su antigüedad, por años se había sostenido que los más antiguos podían ser del 200 a.C. Según Joaquín Narváez, un arqueólogo que ha trabajado su tesis doctoral sobre estos canales, se puede asegurar, sin lugar a dudas, “que empezaron a construirse 3.000 años atrás”. La medición la hace extrapolando elementos como arquitectura y cerámica.

Incluso sostiene que es posible que se hayan empezado a construir mucho antes, pero faltan estudios para asegurarlo de manera definitiva.

Lo que han dejado en claro las investigaciones que se han venido realizando en este campo es el tipo de sociedad que los creó, porque –señala– no se pudo construir algo de tal magnitud sin haber tenido una sociedad organizada y altamente calificada, donde tenían lo que hoy llamaríamos ingenieros, administradores y jueces.

CANALES MADRE
En esa sociedad organizada había que decidir quién recibía el agua, cuándo, por cuánto tiempo, en qué cantidad, quiénes recibían más, quiénes recibían menos. Antes, como hoy, en Lima no llovía, por lo que estos valles tenían que regarse de manera eficiente con agua que provenía de algunos de los tres ríos de la capital, a través de sus múltiples canales.

El sistema que se encontró cuando llegaron los españoles consistía de cuatro canales madre: Ate, Surco, Huatica y Magdalena. Según el arqueólogo Rommel Ángeles, del museo de Pachacámac, los canales principales podían llegar a tener de tres a cuatro metros de ancho, por lo que en la Colonia dieron por llamarles ríos.

Los secundarios, para regadíos menores, podían tener un metro de ancho, y luego había una cantidad enorme de acequias. Se cree que la profundidad no era mayor de un metro, en los principales, y menos de 30 cm. para las acequias.

RICA HERENCIA
Según el arquitecto José García Calderón, durante la cultura Lima (200-600 d.C.) se produjo la primera y mayor expansión de la frontera agrícola del valle de Lima. “Muchos asentamientos comienzan a aparecer después de que se amplían los canales, como Huallamarca y Pucllana, con lo que se permite que la ocupación del valle sea mucho mayor”, explica.

Estos canales hicieron posible también la Lima colonial, porque aquí se establecieron las haciendas que subsistieron durante más de 400 años hasta los años 60, cuando la expansión urbana de la capital empezó a avanzar sobre los antiguos campos de cultivo.

Hoy podemos afirmar que el ingenio de esos antiguos limeños le dio vida al territorio que habitamos. Los canales que construyeron permitieron la domesticación de las plantas, tan fundamental y necesaria para el desarrollo de la gastronomía actual. Sin ese trabajo ancestral, Lima aparecería hoy en los mapas del mundo no como una compleja y palpitante capital, sino como un punto más en un vasto y nublado desierto.

PRINCIPALES CANALES PREHISPÁNICOS
ATE (LATI:
11 km, llamado río Vitarte. La bocatoma está a la altura del puente Huachipa. Riega desde Santa Clara a Puruchuco y Rinconada.

SURCO (SULCO:
29,5 km, llamado también río Surco. Es el más largo y caudaloso de los cuatro. Sale de la zona de Ate, más arriba de La Atarjea y riega la parte baja del valle hasta Chorrillos.

HUATICA (GUATCA:
8 km. Sale de La Atarjea, sigue paralelo al río y entra por Barrios Altos. Llegaba hasta Limatambo y Pucllana y los distritos de San Isidro y Miraflores.

MAGDALENA:
8 km. La bocatoma estaba detrás del actual Palacio de Gobierno.

Regaba el valle hasta Magdalena. Se dividía en dos canales menores: Maranga (Malanga): 5 km, que iba de San Miguel al mar, y La Legua (Guala): 10 km, que iba de Maranga a La Legua.

Había varios otros canales en los valles de Chillón y de Lurín, así como una serie de lagunas de depósitos.


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