La intolerancia y el racismo sacuden la red tras elecciones presidenciales

La Defensoría del Pueblo pedirá al Gobierno aplicar políticas para desterrerar el tema

La intolerancia y el racismo sacuden la red tras elecciones presidenciales

JUAN AURELIO ARÉVALO

Uno puede encontrar comentarios desatinados en las redes sociales, pero no por ello debemos pasarlos por alto. Si bien al inicio de la campaña electoral los propios políticos fueron los que usaron estos espacios como trincheras, la polarización de la segunda vuelta llevó a los usuarios a descalificarse entre ellos mismos instalando un racismo que nunca antes se expresó de forma tan pública.

Frases como “puneños de m… muéranse de frío, ahora que Ollanta les mande ropa” o llamados cuasi infantiles que alientan un golpe de Estado dieron la vuelta al mundo a través de las principales agencias de noticias.

Pero tampoco podemos olvidar las frases intolerantes que tildaron de mafiosos y corruptos a todos aquellos que optaron por la candidatura de Keiko Fujimori es decir, el 48% de peruanos recibieron este adjetivo.

Esto se pudo leer en la red, a poco de conocidos los resultados: “perdieron los delincuentes, asesinos, manipuladores, mafiosos” y otros comentarios que aludían al físico de la candidata como “La gorda Keiko quiere ser presidente para hacer lo mismo que su padre, no votes por la gorda rata”…

RESPONSABILIDAD ESTATAL
La Defensoría del Pueblo ha seguido de cerca esta situación. “Todos tenemos derecho a expresar libremente nuestras opiniones y críticas, pero esto nunca debe lesionar la dignidad de un ser humano”, señala Gisella Vignolo, adjunta para los Derechos Humanos y las Personas con Discapacidad de dicha institución, quien resalta que la discriminación es un problema constante y estructural, y por ello estamos obligados a una profunda reflexión sobre lo poco que ha hecho el Estado para enfrentarla.

En efecto, el Perú solo registra una sentencia por delito de discriminación. En el 2006, cuatro docentes del Instituto Superior Tecnológico Manuel Arévalo Cáceres amenazaron al director de dicho centro con suspender el dictado de clases si Vilma Palma, una señora con discapacidad motora y de articulación de lenguaje, continuaba haciendo sus prácticas ahí. Los cuatro recibieron tres años de privación de libertad suspendida, fueron inhabilitados para ejercer y se ordenó el pago de 10 mil soles a favor de la agraviada. ¿Cuánto esperó Palma para que se haga justicia? Cuatro años.

“No basta con sancionar a nivel normativo las conductas que alientan la discriminación, como el lenguaje intolerante, humillante o racista. Urge diseñar y aplicar políticas públicas, educativas, culturales y preventivas que permitan la inclusión e igualdad”, resalta Vignolo.

Para el abogado especialista en derechos humanos Wilfredo Ardito queda claro que una de las tareas del nuevo gobierno será enfrentar la lacra del racismo. “En Brasil, cuando asumió Lula, se creó un ministerio para la equidad social. En Argentina existe el Instituto Nacional contra la Discriminación. Quizás después de esta situación tan lamentable en las redes sociales pueda salir una respuesta institucional del Estado para evitar que este problema que divide la sociedad continúe”.

DESDE SIEMPRE
Según Ardito, de todas las formas de discriminación, la más extendida y la más negada en el Perú es el racismo. Es decir, “la creencia de que existe una relación entre los rasgos físicos de las personas y sus características morales e intelectuales”.

“En política siempre ha habido este tipo de expresiones. En el 90 lo sufrió Fujimori. La diferencia es que ahora existen las redes sociales y las personas se expresan de manera muy impulsiva, sin filtros”, comenta Ardito, quien en su intento de explicar tanta agresividad recordó que en estos comicios participaron tres millones y medio de nuevos electores, quienes por su inexperiencia no manejaron adecuadamente sus frustraciones.

“Muchos jóvenes de determinados sectores sociales tienen una socialización muy restringida. Alternan solo con quienes piensan como ellos. Parte de lo que hizo [Pedro Pablo] Kuczynski fue tratar de convencer al elector de clase media y alta de que iba a ganar, que era el candidato de la gente moderna, pero tuvo efecto en un sector social muy pequeño. Las personas creyeron que iba a ser mucho más masivo, pero no fue así. Reaccionaron con desconcierto y sorpresa cuando lo realmente sorprendente es esa incapacidad de ponerse en el lugar del otro y entender que existen otras opciones”.

El consultor en Social Media, Augusto C. Ayesta, sostiene que el problema de esta generación de nativos digitales es la superficialidad con la que consumen contenidos. “Consumen cápsulas de información, no profundizan. Están hiperconectados e hiperatentos. Atienden a todo y a la vez a nada”.

Pero quizás lo más preocupante es que aquellos que reaccionaron con comentarios tan burdos como “róbale el DNI a tu empleada para que no vote por Ollanta” son los que tienen más y, supuestamente, mejor educación. Habría que preguntarse entonces, qué clase de educación es esta que da origen a una mayor fragmentación social y a apreciaciones tan patéticas como que el voto está determinado por el rasgo físico.