Lugar de la Memoria abre sus puertas desde mañana en Miraflores

Se expondrán historias y se detallarán los hechos que afectaron a diferentes comunidades del país entre 1980 y 2000

Mujeres shipibas dan los últimos toques a una pintura en el LUM. (Foto: Alessandro Currarino - Video: Antonio Álvarez)

El principal reto del Lugar de la Memoria, la Tolerancia y la Inclusión Social (LUM) ha sido contar en sus tres pisos –en la bajada San Martín, Miraflores– la gran diversidad de hechos ocurridos durante la época de violencia y terror que vivió el Perú entre los años 1980-2000.

El LUM será inaugurado esta noche y estará abierto al público desde mañana. El Comercio tuvo la oportunidad de recorrer la muestra antes de su apertura junto con dos de sus cuatro curadores, Víctor Vich y Ponciano del Pino, además de la coordinadora de la curaduría, Eliana Otta.  

La exposición se inicia con la fotografía de una mujer campesina que vota por primera vez. Hace referencia al “momento justo [1980] en que la gente históricamente excluida [analfabetos, comunidades campesinas y, sobre todo, mujeres] participa y es reconocida como ciudadanos. Es entonces cuando empieza la violencia y detiene ese proceso de democratización que se iniciaba”, explica Vich.

La muestra permanente del LUM se divide en tres ejes temáticos, uno por piso. Empieza con los hechos dramáticos que se vivieron cuando empezó la violencia terrorista. Continúa con cómo el Estado luchó contra la subversión y cómo la sociedad civil se organizó para responder a la violencia, esto ya en su tercer nivel.

Los curadores explican que uno de los principales retos era cómo contar esta historia, cuando hay tantas formas de hacerlo. Para empezar el recorrido, escogieron tres pueblos que simbolizan lo que pasó en muchos otros lugares del país: Uchuraccay (donde asesinaron a más de 125 personas, entre ellos, ocho periodistas), Putis (donde miembros de las Fuerzas Armadas mataron a 123 personas, de ellos, 19 eran niños) y el pueblo Asháninka (se calcula que más de 6.000 asháninkas fueron asesinados entre esos años producto del terrorismo y la lucha contra este).

A través de la historia de estos tres pueblos, la muestra busca la conexión entre el pasado y el presente. “El pasado no es algo que ha quedado atrás, es una dimensión interna del presente, vive dentro de él. Tiene deudas y demandas para restaurarlo”, dice Vich. Y este es precisamente el objetivo principal del LUM: que lo ocurrido durante estos años sea un impulso para buscar un mejor presente y futuro del país. Es por ello que una de las zonas del museo ha sido creada para que estudiantes de todo el país tengan un espacio de reflexión y conversación sobre lo aprendido.

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