“Para mí era cuestión de saber lo que significa ser peruanos”

Inés del Águila, directora del museo Josefina Ramos de Cox y artífice de la muestra ‘Lima Milenaria’, sobrevivió a un accidente y hoy cuenta su historia y lo que signifcó entender a esa ciudad antigua

“Para mí era cuestión de saber lo que significa ser peruanos”

JAVIER LIZARZABURU
El Comercio

Inés del Águila parecía predestinada a no sobrevivir. Una mujer de apariencia frágil, con 45 kilos de peso, 1,50 cm de estatura, 68 años de edad, no podía hacerle frente a la embestida de una combi contra el taxi en que viajaba.

Ese 28 de enero, justo unos días antes de la inauguración de la muestra ‘Lima Milenaria’ de la que había sido su creadora, entró a la clínica con 4 de presión y 4 de hemoglobina, un hígado comprometido, costillas rotas y varias otras fracturas. Los médicos recomendaron dejarla ir en paz. En esas condiciones no podían hacer nada, dijeron.

Sus hermanas tomaron la decisión: “Creemos en los milagros. Operen”. Y el resultado, dicen ellas, es eso: milagroso. “Lo que pasó es un testimonio sobre la vida”, dice Inés del Águila un mes después del accidente, sentada en una silla de su casa del jirón Neptuno, en la urbanización La Luz, en Pueblo Libre. “Porque se puede decir que el que finalmente determina la vida es Dios”, y la firmeza de su convicción no deja lugar a dudas de su mejoría.

Ya dispuesta a recuperar el ritmo interrumpido, Del Águila apunta que la muestra en la Casa O’Higgins es más que un despliegue de huacos. Para ella, la esencia de Lima Milenaria es la de “un pueblo que conquista el territorio para crear cultura”, y enfatiza que “la continuidad es el rasgo más distintivo de Maranga”.

LOS INICIOS
Para esta loretana de nacimiento, su primera vinculación con el Parque de las Leyendas se produjo en 1965, cuando era estudiante universitaria y colaboraba con la doctora Josefina Ramos de Cox, la primera en impulsar las investigaciones arqueológicas en el sitio. De ahí no vuelve hasta 1989.

“Cuando llegamos con la doctora Inés a fines de los años 80 todo estaba abandonado, cubierto de maleza”, cuenta Lucénida Carrión, quien ahora es la directora de Arqueología del parque. “Lo que se había excavado en los años 60 se había vuelto a cubrir de tierra”, explica.

El parque había sido salvado de la destrucción, pero toda la importancia se le daba al zoológico. A Inés del Águila se le reconoce haber salvado la ciudad prehispánica de Maranga. “Cuando llegué tuve que ganarme el respeto de la gente, porque a ellos solo les interesaban los animales”, cuenta mientras una enfermera sigue atenta a lo lejos a lo que dice su paciente.

Para eso, cuando llegó a trabajar al parque instauró lo que llamó los Lunes de Peruanidad, para sensibilizar a la gente y autoridades, del tesoro arqueológico que tenía el parque.

CONOCER LA PATRIA ANTIGUA
Hasta ese entonces, todo el mundo podía subir a las huacas como si se tratara de cerros. Recién en 1993 logró su primer objetivo de levantar el perímetro de protección. “El hecho de que el público se viera privado de subir a las huacas era un problema para los administradores”, dice, porque el parque vive de sus entradas. “Para mí era cuestión de entender qué significa ser peruanos”.

“Cuando uno ve a la gente que camina por ahí sin saber por qué están las huacas, te crea otro compromiso”. Esa experiencia definió su ruta para los siguientes años de su vida.

“Ahí empecé a pensar que era necesario contarle a la gente quiénes habían vivido acá, porque esa información les decía que ellos también son parte de esta historia, que todos somos parte de un proceso, al que podemos seguir contribuyendo”. Su lucidez y fortaleza a estas alturas de su recuperación es sorprendente. Ella lo atribuye a una vida en contacto con la naturaleza y a salto “de huaca en huaca”.

LIMA MAÑANA
Pero todo este trabajo no se hace para quedarse en el pasado sino para entender la ciudad de hoy. Para ella, Lima sigue siendo “ese centro de convergencia de los pueblos de la selva, la sierra y la costa”, que permitió el desarrollo de la civilización entre los antiguos limeños.

Su plan inmediato es estar lo suficientemente recuperada para visitar la muestra antes de su cierre, el 11 de este mes. Más allá, uno de sus proyectos, al que piensa dedicarle su empeño es el de conseguir una exposición permanente sobre Lima, desde sus orígenes hasta hoy.

No se hace problemas con su propia permanencia. Al final, expresa, “lo bueno de este trabajo es que la gente lo siga haciendo sin mí. Eso probará que las raíces eran fuertes”. Lo dice mientras se acomoda en la silla desde donde domina la sala de su casa. Y como si se tratara de un sino limeño y milenario, ella también estaba predestinada a sobrevivir.


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