“Tengo 104 años y leo El Comercio sin lentes”

Lorenzo Arana Castilla irradia vitalidad y mucha chispa. Conversar con él es viajar entre el ayer y hoy

MARÍA FERNÁNDEZ ARRIBASPLATA

“Nací en Lima en 1908. Tengo 104 años. Crecí en el Rímac. Estudié en el colegio Santo Tomás de Aquino. A los 20 años ingresé a la Guardia Civil, soy uno de sus fundadores. Tomo una copa de vino todos los días y me gusta cantar. Leo El Comercio desde pequeño gracias a mi tío sacerdote. Pago mi periódico con mi pensión. Soy muy católico, iba a ser cura. Mi virtud es ser bondadoso. ¿Mi defecto? Mis hijas dicen que soy controlador. Admiro a Fernando Belaunde. Vivo feliz con mis hijos y mi perrita chilena Pelusa”.
(Lorenzo Arana Castilla)

A primera vista no refleja el peso de su edad. Al contrario, irradia vitalidad y mucha chispa. “De mis cinco hermanos soy el único que queda vivo. Yo soy heredero de una familia longeva. Todos ellos fallecieron a los 100 años”, explica don Lorenzo quien tiene cuatro hijos y dos nietas. Pero al margen de su vitalidad, también sorprende su buena memoria. Sentarse a conversar con él es viajar entre el ayer y hoy. El primer recuerdo que se le viene a la mente es el paso de los tranvías por Lima, luego comenta sobre el hipódromo de Santa Beatriz y calles antiguas que ya no lucen el mismo brillo de antaño. Lo único que no tiene claro es si alguna vez resolvió un Geniograma. Aunque sus hijas afirman que sí.

—¿Desde cuándo lee El Comercio?
Yo tenía 12 años cuando comencé a leer en la iglesia Las Cabezas del Rímac que queda por el puente Santa Rosa. Allí vivía con mi tío, que era cura. Él compraba El Comercio, pero lo guardaba. No quería que tocaran su diario, por eso yo lo leía escondido con la luz de las velas. En mi época solo existían tres diarios: El Comercio de los Miró Quesada, “La Prensa” del señor Pedro Beltrán y “La Crónica” del señor Escudero Villar.

—¿Y cuál es la sección que más le gusta del periódico?
Bueno todas, pero más Deporte Total. Sigo las noticias de fútbol, yo soy hincha de Alianza Lima. También la página de defunciones, allí me entero qué amigos mueren.

—Dígame algo que no le guste.
A mí me gusta todo, es un periódico que tiene todas las noticias importantes del país y del mundo.

—¿Le costó acostumbrarse al nuevo diseño?
Está bien, antes en mi época traía pocas hojas y había dos secciones, mañana y tarde y no estaba tan relacionado con los países del extranjero, solo salían las noticias del Perú. Como le dije, yo aprendí a leer con El Comercio. No compro otros diarios. Ahora últimamente me he enterado por sus páginas de que en Cajamarca quieren explotar una mina y hay un problema social. Los parlamentarios creen que el Congreso es una casa de empleos. ¡Solo asisten por la plata y discuten tonterías!

—¡Se sabe todas las noticias!
Ollanta recién está empezando, no tiene experiencia. Está ayudado por su esposa, siempre lo respalda, pero ahora está en pleitos con la familia por su viejo Isaac.

—¿Cuál fue el mejor presidente?
Primero: el presidente Augusto B. Leguía, gobernó hasta 1930, hasta que apareció un militar, Sánchez Cerro, quien le hizo la revolución. Lo acusaban de ladrón y abusivo, pero al contrario, el país era muy honrado, quería que el Perú progresase. Por él nos conocieron otros países, los invitó para el centenario de nuestra independencia. Segundo: Fernando Belaunde y el último, Alan García.

—Su hija me cuenta que Ud. lee las noticias sin lentes…
Yo no puedo leer con lentes, tengo que sacármelos ¡Me molestan!

— ¿Cuál es su secreto para vivir así a los 104 años?
He llevado una vida tranquila, a nadie hice daño, siempre he sido solidario. Lo único es que estoy sordo, me tienes que hablar fuerte. Escucho música y me encantan los tangos de Carlos Gardel. Tú sabes que el tango estaba prohibido en Buenos Aires, porque era un baile deshonesto. Él se fue a cantar a los suburbios y se hizo famoso.

—También le gusta el vino…
Claro hay que tomar, es bueno y cuando ya estoy mareadito canto los tangos de Gardel. “Por tu ojos negros… [canta]”. Ya no me acuerdo más [risas]. Esta sí: “Mi Buenos Aires querido cuando yo te vuelva a ver no habrá más pena ni olvido…”.

—Se lo sabe de memoria. ¿Le gusta mucho la música?
Desde que estaba en el colegio me enseñaron a cantar. Cantando uno vive bien. Siempre hay que darle alegría al alma.

—Cuénteme, ¿a qué se dedicó?
Yo ingresé a la Guardia Civil en 1928. En todas partes hay policías y ¿qué cosa es la policía? ¡La conservación del orden! Yo perseguía a los malhechores, tenía que hacer investigaciones. En mi tiempo el país era tranquilo, ahora está lleno de delincuentes.

—¿Pero antes iba a ser cura?
Sacerdote, pero me escapé porque me aburrí. Allí los padres solo nos dictaban Historia del Perú y Geografía, nada más. Estábamos encerrados, fue un milagro de Santa Rosa poder escapar porque no había cómo salir. Un buen día ingresó un alumno nuevo de Camaná, tenía ropa de calle. Me vestí con la ropa del chico, me escondí en el confesionario y como botaron una pared, salí y ya estaba afuera.

—Me han dicho que usted tiene una compañera que se llama Pelusa.
¡Es mi perrita! Me pasa la voz para almorzar, para todo. Cuando estoy arriba, sube y me ladra hasta cansarse, ahí ya sé que tengo que bajar.

—¡Qué bonita su historia! ¿Le gustaría conocer el Diario? Será nuestro invitado de honor.
Claro. Yo no conozco, pero no puedo ir solo, iría con mis hijas para saber cómo hacen las noticias. Me gustaría ver la portada del día que nací.


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