VIDEO: Monjas carmelitas descalzas inaugurarán un monasterio de clausura en Manchay

El cardenal Juan Luis Cipriani será el encargado de estrenar el Monasterio de Clausura San José y Santa Teresa de Jesús tras 5 años de construcción

LUIS SILVA NOLE

La madre priora Manuela María de la Cruz agita lentamente una pequeña campana. Como si hubiera sonado el timbre del recreo, las demás religiosas salen presurosas de sus habitaciones para ensayar villancicos en tono de huaino, alrededor de la pileta del segundo claustro, en el corazón del novísimo Monasterio de Clausura San José y Santa Teresa de Jesús, en las alturas de Manchay.

Pero la prisa de estas monjas carmelitas descalzas, recién llegadas del convento de clausura de Santa Teresita del Niño Jesús, de Lircay, en Huancavelica, linda con la cadencia. Sus pasos son cortos, suaves y rítmicos, casi aterciopelados.

Oír y ver a estas religiosas bajo el sol y con el fondo de un par de ampulosos cerros debe ser lo más parecido a escuchar un coro de ángeles en el cielo. Doce no saldrán nunca más de ahí y cuatro regresarán a Huancavelica. Sus finas voces acarician los sentidos. Revitalizan el espíritu. Inspiran.

En tanto, en el primer claustro, donde también hay una pileta, obreros apuran los acabados en esquinas de tarrajeo rebelde, cerca de la sala capitular, la capilla, la cocina, el comedor y los salones para talleres de repostería y bordado, donde modernas máquinas de coser son acondicionadas. Las monjas venderán a pedido dulces, turrones, cortinas, manteles y demás productos para conseguir recursos en beneficio del convento.

El padre José Chuquillanqui quiere que no falte detalle alguno cuando, esta tarde, el cardenal Juan Luis Cipriani inaugure el monasterio, cuya obra demoró unos cinco años.

“El mayor problema que tuvimos ha sido juntar el dinero para la obra. Las entidades de ayuda no suelen apoyar este tipo de proyectos porque no ven materialmente resultados positivos para la población”, dice el padre Chuquillanqui, quien lleva las riendas de la parroquia Espíritu Santo de Manchay, un pueblo integrado básicamente por migrantes de la sierra, igual que las monjas, solo que desplazados por el terrorismo.

La priora, de 73 años, cusqueña y fundadora de cinco conventos, comenta que le alegra llegar a Manchay. “Acá crecerá el número de integrantes de la orden”, asegura, para luego explicar que se dedican a orar y a vivir en sacrificio por nosotros.

“En este tiempo de progreso económico y tecnológico, el espíritu debe nutrirse con la oración. Ahí –reflexiona el párroco, impulsor del convento– radica la importancia de estas monjas, dedicadas a la vida contemplativa en favor de todos, especialmente por los que olvidan que tienen alma”.

Donaciones, tómbolas y faenas comunales levantaron el convento, que en su tercer claustro agrupa galpones para cuyes y gallinas ponedoras, y cinco andenes ganados al cerro para la siembra de hortalizas.

Ya en su habitación, la madre María Regina del Carmelo, de 43 años, se arrodilla para escribir. “No debemos tener sillas. Es parte del sacrificio. Así somos felices. Por amor a Dios”, dice.

LUCÍA, DE 19 AÑOS

“Estoy enamorada de Jesús”
Su velo es blanco. Cuando se convierta en monja, dentro de unos años, será negro. A sus 19 años, la novicia huancavelicana Lucía de Jesús y del Inmaculado Corazón de María es sincera. “Como joven a veces uno piensa en salir, pero en esos momentos le pido a la Virgen María que me ayude a tener fortaleza para vencer las tentaciones del enemigo”, refiere.

Pero a la vez se expresa con convicción. “No pienso en los chicos. Yo estoy enamorada de Jesús. Es un amor sobrenatural”, Lucía dice que desde pequeña sintió el llamado de Dios, en su tierra, cuando se acercaba al misterio de la Eucaristía.

Ahora integra el grupo de carmelitas descalzas que desde hoy vivirán en clausura en el monasterio de monjas de Manchay, el undécimo de este tipo en la Arquidiócesis de Lima: nueve están en el Centro Histórico y uno en Surco.