Raúl Romero: el conductor de TV que "aceptaría encantado una cachetada" en su contrato

El también músico de Los Nosequién y los Nosecuántos cumplió 50 años y estrenó nueva temporada con “Habacilar”

Raúl Romero: el conductor de TV que "aceptaría encantado una cachetada" en su contrato

ALFREDO ESPINOZA FLORES (@alfred_espinoza)

“La gente se confunde cuando ve a un viejo como yo interactuar con jóvenes, pero yo soy feliz”, dijo alguna vez Raúl Romero. Más conocido como ‘Cara de haba’, el conductor de TV se acerca a los 20 años en la pantalla chica con una fórmula simple pero efectiva: el eterno joven a pesar de los años.

Este mes estrenó su octavo año con ‘Habacilar’ y hace dos años lanzó el último disco de Los Nosequién y los Nosecuántos, ‘La Tierra del Sol’. Ya con 50 años sobre los hombros, reconoció haberse sentido agotado de su trabajo, pero también aseguró estar del éxito que ha tenido a pesar de algunos duros y tristes tropezones.

RAÚL ROMERO A LOS 20
Cuando sonaron los primeros acordes de ‘Magdalena’ en un cassette, Raúl Romero tenía 29 años. Era 1990 y el estudio de Miki Gonzáles había sido escenario para dar vida a un fenómeno musical nacional.

La historia de los Nosequién y los Nosecúantos se remontaba apenas a un año atrás, poco después de que Romero había vuelto de España: en 1989, se presentaron por primera vez bajo ese nombre en el mítico bar El Florentino de Barranco. En 1988 lo habían hecho en la PUCP, pero aún sin su nombre definitivo.

El “No somos nada” incluyó éxitos como el mencionado, “Aló Gisela”, apenas dos años después de que la rubia Valcárcel apareciera en la pantalla chica, y la despechada ‘La Pacha’.

RAÚL ROMERO A LOS 30
Sin pelos en la lengua, la fórmula con la que se presentó al público la repitió en su segunda producción, “Con el respeto que se merecen” (1991), apenas cumplidos los 30 años. Y fueron más allá. ‘Los patos y las patas’, “Pasamayo maldito” y el casi himno de su momento “Las torres” suenan hasta hoy.

La producción de su tercer disco, “11 porotazos super bailables” (que incluía el tema “Vargas Llosa”), lo cogió en una nueva faceta, que sería aún más exitosa que la presente. En 1993, junto a su hermana Elena, dejaron de sonar en la radio para aparecer en la pantalla chica con “De 2 a 4”, el programa que se metió al público adolescente y juvenil en su bolsillo con sus juegos concurso y el popular “Canta y gana”.

En entrevista con El Comercio y en vista a que se decía que el nuevo programa de Gian Piero Díaz y “…” sería una nueva versión de su primer espacio Romero recalcó que “De 2 a 4” nunca funcionaría sin Elena. Pero la fórmula ha funcionado con él en solitario. Claro, obviando el fugaz “Feliz domingo”, que apenas duró cuatro semanas y fue cancelado cuando la casa televisiva para la que trabajaba quebró. Y pasando por alto su aparición en “A las 10 de la PM”, por Canal 11, en el año 2000, el espacio en el que entrevistaba a políticos que estuvo al aire tres meses.

Con los Nosequién lanzó luego “Walter” (1996), en el que se incluyó la exitosa ‘Ballena azul’. Pese al buen recibimiento, la banda decidió separase por casi dos años. Nada que temer, el regreso valió la espera: dos conciertos en la extrañada Feria del Hogar con todos los tickets vendidos. “Amorfo” (2000) fue el producto de su vuelta a los estudios. Otro single bajo el brazo, Sin calzoncito, lo remontó a los primeros lugares en la radio.

RAÚL ROMERO A LOS 40
Hay quienes dicen que los 40 es como volver a vivir. Para él significó su vuelta (y permanencia) a la TV. Sin Elena, pero acompañado de jóvenes y deslumbrantes modelos, se metió al público juvenil nuevamente en los bolsillos con “Erre con erre”.

Ello, sin embargo, no le impidió continuar con su faceta musical. En 2002, a los 41 años, lanzó “Nadie nos quitará lo bailado”, un recopilatorio que se vendió tanto que la banda firmó contrato con Sony Music de Colombia: la internacionalización estaba asegurada y los conciertos por Latinoamérica y Estados Unidos no se hicieron esperar. Por eso luego lanzaron “Pisco Sour” (2004) y le atinaron nuevamente con ‘Yo de ti’. Cinco años después salió su último disco, La Tierra del Sol.

En la ‘tele’ renunció a su espacio en 2003, forzado porque a su equipo de trabajo no le pagaban. No hubo mayor drama, ya que inmediatamente cambió de canal y reapareció en sintonía con “Habacilar”, programa que él considera una segunda etapa de “Erre con erre”.

Pese a distintos líos que tuvieron al otro lado a experimentadas luchadoras en el ring televisivo, como Magaly Medina y Gisela Valcárcel (en parte asperezas ya limadas), y algunos cuestionamientos sobre la veracidad de su ‘reality’ “Amigos y rivales”, el programa continúa viento en popa y se va por su octavo año al aire.

No todo ha sido felicidad, sin embargo. Retrocediendo algunos años, en el 2001, una entrevista en Caretas removió todo su escenario y su entorno, cuando aceptó haberse reunido con Vladimiro Montesinos en la salita del SIN en 1998. Relató esas cinco reuniones, en las que Romero estuvo de acuerdo en hacer campaña para Fujimori con su banda, incluso con una cifra propuesta, 1´500.000 dólares, monto con el que no se llegó a un acuerdo al final. En esa misma publicación, reiteró el apoyo que había tenido al ex presidente y lanzó frases que no lo ayudaron en nada, como cuando justificó las masacres de Barrios Altos y La Cantuta porque eran “precios a pagar”.

RAÚL ROMERO A LOS 50
Hace algunos días Raúl Romero cumplió 50 años. Aunque asegura estar feliz de seguir con su programa, confesó hace poco que “hace tres años tuve una sensación de agotamiento, pero ahora me encuentro fresco, vital y comprometido con lo que hago”.

Ahora tiene más competencia al aire: ‘Dame que te doy’ y lo nuevo de la productora de Gisela, ‘El último pasajero’. Aunque anunció que “Habacilar” sufriría cambios para no perder su liderazgo en el ráting, lo cierto es que su fórmula como conductor será muy difícil que cambie: la del ‘tío’ que aún se comporta como ‘chibolo’, esa que fastidia a algunos pero les gusta a muchos. Esa que le ha permitido mantenerse tantos años en la pantalla chica y con una estabilidad económica envidiable. “Digamos que si cada día que voy a trabajar me dieran una cachetada en la puerta como parte de mi contrato, la aceptaría encantado”, dijo a El Comercio, entre risas.