Marcapata y una iglesia camino a la selva

Esta antigua localidad ubicada en la carretera Interoceánica destaca por su original templo

IÑIGO MANEIRO

Desde el abra Pirhuayani, a 4.735 metros, comienza un largo y vertiginoso descenso hasta Puerto Maldonado, ubicado a 180 m.s.n.m. En este trayecto, no puede ser de otra manera, se atraviesa una gran cantidad de zonas de vida y ecosistemas diferentes. A medida que descendemos, la vegetación y el calor se hacen más y más exuberantes. Nos encontramos en la Interoceánica Sur que une el Cusco con Brasil.

En ese camino, a unos 200 km del Cusco, una iglesia destaca en el paisaje. Está ubicada en una antigua localidad, en la que llueve 300 días al año, famosa por su rocoto, está rodeada de cerros y profundos valles. Este lugar fue un punto estratégico para las rutas comerciales de la coca y el oro, y sitio de avanzada para las prácticas evangelizadoras.

Estamos en Marcapata y la iglesia es la de San Francisco de Asís. El templo está rodeado de un muro de barro y un pequeño jardín, donde se encuentra una gran piedra de molino, y todo da la sensación de estar muy junto, porque Marcapata se encuentra en una pequeña llanura de un cerro estrecho, y esto hace que sus calles, casas, la iglesia, la plaza y sus comercios estén muy cerca unos de los otros; por lo que el pueblo es una larga fila de construcciones que abandonaron el adobe por el material noble y la calamina.

FIESTA EN EL TEJADO Y EL VOLCÁN ENANO
La segunda semana de agosto, cada cuatro o cinco años, se celebra la fiesta ritual del repaje o ‘wasi chakuy’. En ella, cientos de comuneros llegados de las ocho localidades que forman el distrito de Marcapata, algunas ubicadas en la puna y otras en la profundidad de la selva alta, renuevan la paja que cubre el techo de la iglesia, cuya construcción se terminó en el siglo XVIII. Para ello traen totoras, sacos de paja y sogas, y en una ceremonia dirigida por el ‘collana’, van eliminando las viejas capas del techo por otras nuevas.

El interior de la iglesia, aunque, como el pueblo, un poco abandonado, es especialmente rico. Llaman la atención las extraordinarias pinturas murales de personas, animales y flores que adornan las paredes y el techo. El piso, con un diseño de damero, el altar, adornado con pan de oro, la estructura del tejado, la mesa del altar de color esmeralda y muchas esculturas están hechas en madera de queuña roja y de sauco, incluyendo la de San Francisco de Asís hecha en una sola pieza. Todas estas características han hecho que la iglesia San Francisco de Asís de Marcapata esté incluida en la lista elaborada por el World Monuments Fund, como monumento que necesita ayuda para su conservación.

Más allá, a una hora de la Plaza de Armas, a 45 minutos de caminata, se encuentra un volcán, el más enano del mundo, según los lugareños. Está en el río Putumayo y de él sale un géiser que hace las delicias de la gente, como la iglesia y su fiesta única de cambiar el techo de paja y totora.


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