Diana Álvarez Calderón: entre ruinas y cultura viva

Ministra de Cultura habla de los planes para crear un museo arqueológico en Pachacámac y otro en Iquitos. Además, de rehacer el expediente para que la comida peruana sea reconocida como patrimonio

FERNANDO VIVAS @Arkadin1
EL COMERCIO

La ministra de Cultura es la primera de esa cartera que sale de las canteras del Estado. A diferencia de sus antecesores, ilustres del mundo académico, su reto es privilegiar un enfoque técnico para lidiar con la conservación del patrimonio y el desarrollo de las artes.

¿Cómo hacer para que el Ministerio de Cultura no sea visto como el guardián de las ruinas, sino como promotor de cultura viva?
Me pasa en reuniones que me dicen que el ministerio está ahí para la filosofía, pero no hace obra. La cultura no se siente como algo tangible, pero empezamos a tomar conciencia del valor de invertir en ella.

EL PRESIDENTE Y LA CULTURA

¿Tiene que pelear con el ministro Castilla por el presupuesto?
El ministro Castilla hace su trabajo y yo el mío. Yo digo quiero, quiero, quiero, y él dice no.

¿Tiene “feeling” para la cultura?
Mucho, viene con sus hijas al teatro, es muy preocupado por la cultura de sus hijas.

¿Y la pareja presidencial?
Vienen todo el tiempo al teatro, traen a sus hijas. Casi no se pierden nada. Alguien me decía: “Esa es la educación del Franco Peruano” [colegio donde estudió Humala]. Por cierto, el aumento que se acaba de hacer a los elencos [músicos y bailarines] ha sido gracias a él.

¿Quién la llamó para invitarla a ser ministra?
Juan Jiménez Mayor. Yo había trabajado antes con él, era muy prolijo, igual que Pedro Cateriano. Ambos me ayudaron cuando trabajé en el Ministerio de Justicia. Cuando Lucho Peirano decidió retirarse, me llamó Juan. Le dije que debían elegir a alguien con un prestigio especial. Me respondió que mi experiencia en el Estado daría dinamismo al sector.

¿Votó por el presidente?
Sí, voté por él. Lo conocí hace años en la presentación de una revista.

En sus lineamientos se dice que el ministerio debe estar en las grandes discusiones nacionales. ¿Se referían al debate sobre la inversión, y a su papel en las consultas previas?
[Ríe] Imagínate, en lugar de debatir sobre libros y artes, estamos en eso. Todo camino nuevo se ve como un problema, pero yo no lo veo así, sino como un reto. No nos respetamos, no hay confianza y hay que crearla. Es maravilloso que una empresa tenga que pedir permiso para operar en un lugar donde no hay mucha gente, pero que el Perú diga “a estas personas se las respeta”. Es una señal de respeto entre peruanos.

Hay intereses encontrados: por un lado, grandes proyectos y por otro, protección a toda costa.
Se pueden hacer las dos cosas. Por ejemplo, en el lote 88 [Camisea], hemos pedido a Pluspetrol que allí donde pudiera haber una pequeña duda sobre pueblos en aislamiento no se explore.

LA CONCESIÓN DEL GRAN TEATRO NACIONAL

Tremendo dolor de cabeza el tema de la interculturalidad.
Sí, creo que está acá porque el ministro Juan Ossio era antropólogo, por deformación profesional [ríe].

El ministerio cae antipático a empresas o vecinos que necesitan un CIRA (certificado de inexistencia de restos arqueológicos).
Si se viera el beneficio de la inversión en cultura, todo sería distinto. Con el uso de drones [pequeños helicópteros no tripulados que registran el territorio desde el aire] y los georradares [permiten analizar qué hay debajo de la superficie], se acelerarían los CIRA.

Hablemos de la cultura viva. ¿El Gran Teatro Nacional será dado en concesión?
Es una idea que existe desde el ministro Ossio. Mi primer sentimiento es: ¿cómo dar en concesión este teatro que es nuestro? Pero seguirá siéndolo y tendrá posibilidad de gestionarse mejor. Si nosotros lo manejáramos, habría que hacer una licitación para cada contrato que pase de un monto determinado, sería complicadísimo.

Está demorando el proceso.
Sí, porque me estoy reuniendo con Pro Inversión para revisar las condiciones. Hay postores como Graña y Montero y la Universidad de San Martín.

¿Está lista la ley de cine?
Sí, y estamos analizando otras iniciativas. Alguien me sugirió que solicitara facultades legislativas.

Los rockeros se quejan de no ser oídos en la radio. ¿Simpatiza con la idea de cuotas?
No creo que la cuota haga que uno escuche lo que se le ponga. El cine peruano no tiene cuota y ha mejorado.

Pero el Estado pone dinero, o sea, hay apoyo.
Exacto, podría haber algún concurso para músicos, pero aún lo estamos estudiando. Estoy ligada a la música desde pequeña.

También ha tenido relación con la política desde tiempo atrás.
Estuve en la campaña del Fredemo, trabajé cerca de Vargas Llosa. Mi interés fueron las zonas populares. Mucho después, encontré a Fernando Olivera, en el 2000, y me dijo que se presentaba para presidente. Me reí, pero terminé en la lista al Congreso.

¿Es cierto que en su casa hubo una insólita reunión entre Olivera, Ernesto Schütz y Toledo?
Olivera y Schütz, no Toledo. Olivera me pidió hacer esa reunión. Yo no me llevaba bien con Schütz, ellos hablaron solos.

NUEVOS MUSEOS

Volvamos a la cultura. Nada de cuotas, pero sí promoción.
Estamos preparando una ley de mecenazgo. Tengo que discutirlo con el ministro Castilla. Tenemos el proyecto para hacer el gran museo arqueológico del Perú en Pachacámac. Al presidente le fascina la idea. Él quería hacer el Museo Amazónico en Iquitos y ya conseguimos el terreno. Le dije que un museo amazónico es importante, pero falta el gran museo del Perú.

Alan García tiene el teatro, Humala que tenga el museo.
Mínimo, ¿no? [ríe]. Hay esos proyectos importantes para que no digan que el ministerio es pura filosofía. Y estamos rehaciendo el expediente para que la comida peruana sea reconocida.

En eso los mexicanos nos han ganado, ¡qué vergüenza!
Pero no nos han ganado la gran batalla. Les pasó que le reconocieron más lo ‘tex-mex’ y no su gran patrimonio nacional. Un funcionario mexicano me dijo que tenemos la suerte de que sí podemos llegar al mundo con la idea de comida peruana que queremos. Estamos trabajando con mucho cuidado el expediente, porque no queremos rebotar como la primera vez.

¿Es taurófila o antitaurina?
No debiera confesarlo, pero siempre fui a los toros. El problema no es Acho, sino la tradición en pueblos del interior.

EL PINTOR Y LA MINISTRA

Le hago una pregunta personal, a propósito de los artistas. ¿Hay algo que compartir sobre su vida sentimental?
¡Tola! [ríe]. Sí, desde hace algunos meses tengo un noviazgo con José Tola, gran artista plástico.

Un genio temperamental.
No tan temperamental, esa es una fantasía que se ha tejido. Me he encontrado con una persona muy metódica para trabajar, con mucha disciplina y madurez, que sabe lo que quiere hacer, con un horario muy definido para su trabajo. Lo hace desde las 7 de la noche hasta el amanecer. Es algo increíble verlo trabajar, está metido en su mundo. Pone siempre la misma música.

¿Cuál?
Bob Dylan, porque dice que no le entiende una palabra, es difícil entenderlo, y así no se distrae con la letra. Cuando se tiene una rutina tan estricta, no se tiene tiempo para muchas otras cosas y uno se pregunta si ahí hay algo de egoísmo. Pero, ¿qué es el arte sino?

En resumen, su experiencia con la cultura está siendo vasta, intensa e incluye hasta su vida sentimental.
[Ríe] Sí, es un ministerio muy interesante. Aunque me encontré con el tema difícil de la interculturalidad, tengo un equipo de jóvenes tan vitales que contagian. Tengo que estar calmándolos, diciéndoles: “Así no, primero hay que construir confianza”, que es lo único que va a hacer que al peruano se lo respete y que vengan a invertir aquí felices y con responsabilidad.