La importancia de “estimular la curiosidad en los niňos” cobra especial valor tras una reciente publicación en la revista Neuron que describe los eventos que ocurren en nuestro cerebro cuando somos picados por el “bichito” de la curiosidad. Al parecer mientras más curiosidad sentimos por un tema en particular, resulta mucho más fácil aprender sobre este tema. Estos hallazgos brindarían información acerca de las maneras de promover el proceso de aprendizaje y memoria, tanto en individuos saludables como en aquéllos con problemas neurológicos.

Gruber y coolaboradores utilizaron la resonancia magnética funcional para investigar cómo la curiosidad influencia la memoria. Se pidió a cada participante del estudio que clasificara una serie de preguntas de acuerdo al grado de curiosidad que sentía por conocer la respuesta a cada una de ellas. Una vez recolectada esta información, el participante recibe la pregunta y hay un período de 14 segundos antes de que se presente la respuesta. Durante este período de espera, se le muestra al participante  la imagen de un rostro neutral y no relacionado con la pregunta.  Después de esta secuencia de eventos, los participantes deben reconocer los rostros mostrados y posteriormente, las respuestas a las preguntas planteadas. Imágenes de resonancia magnética funcional del cerebro de los participantes fueron recolectadas en diferentes momentos del estudio.

Dos hallazgos importantes derivan de este estudio. Primero, como se esperaba, aquellos individuos que mostraron mucha curiosidad para conocer la respuesta a una pregunta, fueron los que mejor retuvieron dicha información. Más interesante es aún el hecho que una vez que se despierta en ellos el “bichito” de la curiosidad con la formulación de la pregunta (y antes de recibir la respuesta), los sujetos demuestran una mayor capacidad de retener información no vinculada con el tema, como reconocer los rostros presentados inmediatamente después de formulada la pregunta. Este impacto de la “curiosidad” en la memoria y aprendizaje de los participantes se extendería a las siguientes 24 horas.

En segundo lugar, los investigadores mostraron que, una vez que se estimula la curiosidad, se registra una actividad incrementada en dos áreas del cerebro: 1) en el circuito asociado a la recompensa, dependiente de dopamina, uno de los transmisores de mensajes entre neuronas presentes en nuestro cerebro; y 2) en el hipocampo, una región crucial en el proceso de aprendizaje y memoria. Gruber y coolaboradores mostraron además evidencia de interacción entre ambas áreas.

Estos hallazgos proveen información relevante de cómo estimular la memoria a través de la motivación. Ello tiene una elevada implicancia clínica en el tratamiento de déficits de memoria que acompaňan a procesos naturales como el envejecimiento, así como aquéllos que acompaňan a problemas neurológicos. Sin embargo, su aplicación va más alla del campo clínico pues daría pistas acerca de cómo promover el aprendizaje de temas usualmente tediosos o aburridos en el salón de clases o en el lugar de trabajo, utilizando temas que estudiantes/trabajadores estén particularmente motivados a aprender. Y da base a la importancia de exponer a niňos en edad pre-escolar  a programas de estimulación temprana.