04 de agosto del 2020 °C
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ME GUSTAS (PARTE II)

Su nombre apareció en mi celular antes de los 7 días que le había dado en mi mente. Nos saludamos y hablamos un rato como si no hubiera pasado nada entre nosotros. Me dijo para ir al cine. Vimos Little Miss Sunshine. Ya la había visto pero le dije que no me importaba; la verdad es que la disfruté más que la primera vez. Después fuimos a mi casa a tomar vino en la terraza. Reímos y hablamos hasta que se acabó la botella. Nos despedimos con un beso y continuamos nuestra rutina anterior de llamadas y salidas. Vimos a Voz Propia y luego fuimos a chupar a los sitios de siempre que son tres; aunque el sábado me enteré que habían clausurado uno. Bueno, ahora da igual, porque lo que sea que teníamos como relación ya se terminó. Él solo quiere ser mi amigo. Me lo dijo después de un concierto de Wicho García, luego de que se disgustara conmigo porque pensaba que yo quería imponer el lugar donde ir a comer, aunque la verdad es que mi única intención era ir a un sitio bonito. En serio: estaba feliz de estar saliendo con él otra vez. Seguir leyendo...

CHICO CONOCE A CHICA

Invierno del 2001. Mi último novio terminó conmigo, tomó un avión y estaba de regreso en el Perú por una promotora de Hamilton con la que me había sacado la vuelta, por la que me había dejado y a la que luego le sacó la vuelta conmigo el siguiente verano en Lima. Yo, que en ese momento no sabía de ella, ni de sus demás infidelidades, le guardaba un largo y estúpido luto, negándome a cualquier tipo de relación. Hasta mis amigas que no eran peruanas me decían Sarita Colonia, porque las cinco andábamos solas y libres de hacer lo que nos diera la gana en Barcelona. En el Café Mon Obert o en la cafetería de la universidad, ellas contaban sobre sus aventurillas, citas, los errores, juergas y finalmente nos reíamos o devolvíamos los libros, apagábamos los chats y nos íbamos cansadas por la Rambla a tomar una chela. Yo las escuchaba, me divertía con sus historias y las tenía podridas hablándoles de Kike; quien siempre volvía a aparecer en el teléfono, el correo electrónico o el correo postal, lo que, obvio, me impedía olvidarlo. Pero hubo algo. Una llamada. Seguir leyendo...

M

Un profesor de dramaturgia me dijo que recién a los treinta una mujer se volvía interesante. En ese momento no lo cuestioné, pero ahora me pregunto: ¿Cuáles fueron sus fuentes? ¿Habría presenciado la metamorfosis de muchas mujeres? ¿O recién después de cierta edad le parecían atractivas a él específicamente? ¿O sólo me estaba alentando o coqueteando? Quién sabe. Pero me quedé con esas palabras apuntadas en la cabeza para releerlas de vez en cuando; y ahora que estoy en plena edad citada, más que nunca. Tengo pocas pero buenas amigas, la mayoría solteras: una conviviente, varias separadas y una divorciada y, la verdad, es que después de ahondar un poco en cada una, y bastante en mí misma, descubro que no estoy sola en esto. Y creo que es más que los cambios hormonales, el llamado reloj biológico o las normas sociales o culturales. Creo que el nombre de todo esto es soledad. Y siempre se ha llamado así. Seguir leyendo...

LA MAÑANA SIGUIENTE

Creo que una de las peores cosas que pueden ocurrirte es despertar después de una noche de juerga y darte con la sorpresa de que hay un tipo en tu cama. Los recuerdos empiezan a llegar en medio del dolor de cabeza y el olor de cigarro en el pelo. La noche anterior había quedado en encontrarme a medianoche con Nelly y sus amigas en un lugar de música wave, el “Fantástico”. Eran recién las nueve y ese viernes no tenía nada que hacer. Hice pasta y destapé una botella de cava para matar el tiempo. Estaban dando 'Karate Kid' en la tele, así que me quedé tirada en el colchón que utilizaba de sofá. Era raro escuchar al señor Miyagui hablar en catalán. Seguir leyendo...

19 AÑOS DESPUÉS

Una noche en Barcelona, dando vueltas por los 30 metros cuadrados de mi departamento con una copa de vino en la mano y la botella vacía en la mesa, sentí que me encontraba completamente sola. La sensación de vacío me venció. No tenía con quién hablar, no sabía que demonios estaba haciendo en ese país. En un acto totalmente irracional, caminé hacia el teléfono y marqué el número de Martino Zolezzi, mi primer novio, diecinueve años después de que me dejara por una chica a la que jamás besó. Me di con la sorpresa de que ya no vivía en Lima sino en Nueva York. Me hice pasar por la una chica de su colegio y con la excusa de un reencuentro de la Promoción XL del Pestalozzi conseguí su teléfono. Seguir leyendo...