04 de agosto del 2020 °C
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¡NO TE ENTIENDO! (I)

¿Y si, en serio, somos tan diferentes? Un día de verano en el que tuve, por fin, la valentía de hacer una llamada a larga distancia y terminar una relación, tomé una decisión. Cambiar. Me había ido tan mal -por tres años, o mejor dicho, en tres tandas de tiempo, porque él vivía en Lima y yo en Barcelona- con el que yo creía, y lo gritaba a los cuatro vientos, era el amor de mi vida, que apenas terminé yo, y no él (por primera vez) con lo nuestro, me sentí aliviada y con unas ganas enormes de desechar el pasado de una buena vez. Ese día coincidió con la visita a España de Sandra, una de las mejores amigas de mi mejor amigo, Joaquín. Ella, extrovertida, muy graciosa y pituca sin remordimientos ni falsos pudores, nos propuso un día de compras por el centro y una noche en la que los tres debíamos "ligar". Ésa era la consigna. Así que nos pusimos de lujo para ir a un bar súper ficho en lo alto de la ciudad. Ya en el lugar, nos dimos cuenta que Joaquín nos ganaba por partida doble, pues tenía a dos holandesas que con las justas hablaban castellano, peleándose entre ellas por invitarle una cerveza. Mientras, las dos iniciamos una discreta inspección visual. Yo me fijé en un chico en la barra. Era alto, flaco, tenía pelo largo y oscuro. De pronto pensé: este tipo es igualito al ex del que me acabo de librar. Esa no era la idea, había que romper los patrones. Estaba en eso, cuando vi a Sandrita con dos vasos de vodka tonic y un rubio musculoso a su lado, caminando hacia mí. Me imaginé que ya había conseguido su aventura nocturna, pero estaba equivocada, el tipo me había estado mirando y le había pedido a Sandra que nos presente. Seguir leyendo...

MI ESCONDITE EN EL PARQUE

¿TODOS TENEMOS UN ESCONDITE? Si, el mío es la banca de un parque. En la única película de amor de pareja que ha dirigido Takeshi Kitano, hay una historia preciosa, que me conmueve. Una chica siempre se encontraba a la hora del almuerzo en la banca de un parque para llevarle la comida a su novio, un obrero. Un día él le dice que tiene que marcharse para tener una vida mejor y poder casarse con ella. Entonces, ella promete esperarlo hasta que vuelva. No voy a contar el desenlace por si algún día la estrenan en Lima o la dan por cable. Pero lo que más se me quedó en la cabeza es la imagen de esta mujer que espera al bendito novio a la misma hora, día tras día, con el almuerzo sobre su regazo, la mirada fija en lo que pasa a su alrededor y el pensamiento en otro lado. Desde que descubrí el placer de habitar un espacio público, que deja de serlo apenas te sientas en una banquita vacía, no he podido dejar de hacerlo, ahora, casi todos los días. Seguir leyendo...

ATRACCIÓN VIRTUAL (II)

NUESTRO VERDADERO YO Días antes de darle mi dirección personal de correo electrónico, la curiosidad, me hizo indagar quién era este chico. Lo busqué en Internet y, a pesar de no haber hallado ninguna foto suya, encontré que había montado una exposición individual el año pasado, de la que sí había imágenes. Me gustaron sus instalaciones. Al parecer, eso del buen gusto que le atribuí de modo virtual, se extendía a su trabajo, y por lo tanto, a él mismo. En los artículos relacionados con esa exhibición, me fije en un detalle al lado de su nombre, su fecha de nacimiento: 1979. Esto me hizo sentir cierta aprehensión, que reconozco como un prejuicio tonto. Si él hubiera sido seis años mayor que yo, no hubiera sentido que existiese problema alguno; así que seguí adelante. Por supuesto que tomé ciertas precauciones, de forma apresurada, pero lo hice. Le propuse un lugar muy conocido para mí. Iba a estar a salvo en caso fuera un asesino en serie, un acosador o un loco. Por coincidencia, además, dos amigas que iban a salir esa noche, iban al mismo restaurante. Además de una segunda y tercera opinión, tendría un salvavidas en caso de cualquier emergencia. Sin embargo, debo reconocer que el miedo más grande eran mis propias expectativas que, ya en ese momento, eran del tamaño de un globo aerostático. Seguir leyendo...

LA NOVIA VESTIDA DE NEGRO

¿QUÉ PASA CUANDO TODO SE TERMINA? El luto. Cuando se trata de la separación de una persona, podría sonar como una palabra algo trágica, pero muchas veces lo es. Más de una vez he pensado en lo difícil que me ha sido dejar al otro ir, y más de una vez sufrí demasiado. ¿Por qué? En vez de haber estado preguntándome o preguntándole "¿por qué me dejas?", o en el peor de los casos "no te vayas, no me dejes, te quiero" (admitir que he vivido esos momentos me hace sentir una ligera vergüenza), nunca se me ocurrió reflexionar acerca de lo que en realidad me estaba haciendo mal. Cuando terminas con alguien o a la inversa, no sólo se pierde a la persona amada sino eso a lo que antes yo llamaba intimidad, que no es más que lo compartido con el otro. En ese saquito entra de todo: esa mano firme en mi cuello para darme seguridad cuando me presentaste a tus padres, nuestras conversaciones a oscuras, las tres mil películas que vimos juntos, tu auto en el malecón que ya no existe, el mío en el cruce de la Av. 28 de Julio con la Av. Reducto, el primer beso en la mitad del bosque, la vez que nos chocamos por no atropellar a un gato, tu manera compulsiva de fumar, la primera vez que hice el amor (en realidad fuiste el segundo, pero yo la consideré siempre como la primera), las veces en que nos reímos tanto, las horas que me dejaste besarte todo lo que quise, todas esas canciones, los conciertos de Mar de Copas que tuviste que soplarte, tu cara de alegría en el aeropuerto, mi sorpresa en un concierto de la Banda del Maíz, la cadena de plata que le robaste a tu hermano para regalármela, nuestras caminatas cogidos del brazo. Bueno, estos son detalles mínimos en comparación a lo se queda de un modo atemorizante en la memoria. Seguir leyendo...