08 de agosto del 2020 °C
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EL LAZO ROJO DEL TIEMPO

¿EXISTE EN REALIDAD UN TIEMPO PARA AMAR? El sábado recibí la llamada de una buena amiga. Las noticias eran las siguientes. Había conocido a un chico en una fiesta el día anterior, habían bailado, se habían besado y, además, de paso, se habían enamorado. Apenas escuché esto último, le pregunté que cómo era eso de que se había enamorado en una noche. Ella me respondió que no había una razón, que estaba feliz y se despidió al toque porque tenía que prepararse para su segunda cita. El lunes, desde la ventana del chat, me dijo que él y ella ya eran novios. El martes, que el miércoles le iba a presentar a sus padres y el jueves, a su mejor amiga. Solo atiné a preguntarle cuándo nos veríamos. Quedamos el viernes. En un café, después del trabajo. Oyéndola entusiasmada, como no la veía desde que la conozco, contarme los detalles de su recién estrenada relación, me hice una pregunta que no me había hecho nunca: ¿existe un tiempo preciso para enamorarse? Más que un tiempo, creo que se trata de un momento. Existe un espacio temporal en el que dos personas se conocen, o si ya se conocen, se descubren y de pronto, todo comienza. Seguir leyendo...

EL JUEGO DE LA INDIFERENCIA

¿QUIÉN LO QUIERE JUGAR? YO NO. Me acuerdo de cuando estaba en el colegio y las primeras chicas de la clase comenzaban a tener enamorado, claro, de esos que duraban como dos horas, o a lo más, un día; un mes, era ya era una relación consolidada, y había una regla clara. No sé quién la inventó, pero ahora me gustaría saber quién lo hizo y si era consciente de sus terroríficas consecuencias futuras: hacerse la interesante. Todavía escucho las palabras de mi mejor amiga explicándome, mejor dicho advirtiéndome: cuando un chico te caiga, dile que lo vas a pensar. Para mí, el colegio fue un laberinto de rituales, códigos y demás cosas que se me hacían un laberinto en la cabeza (de paso, cabe mencionar, que esa es una de las razones por las que al colegio no voy más). Además, en esa época no se me pasaba por la cabeza que algún chico me fuera a "caer" ni tener que pasar por todo ese trámite de decirle que lo iba a pensar o algo parecido. Y ahora que reflexiono, al momento en que escribo, me pregunto: ¿qué tendría que haber pensado? A los once, doce o trece años ¿qué vas a pensar? Por supuesto que nada. Seguir leyendo...

MI RELACIÓN DE AMOR CON EL FÚTBOL

Mi relación con el fútbol comienza por un hombre: mi padre. En mi casa, los demás integrantes de la familia están divididos entre Alianza y Universitario. A mí nunca me interesó el fútbol, pero como ir a estadio era una actividad familiar obligatoria así como los almuerzos de cumpleaños y parrilladas de domingo, yo iba. Mi padre nació en el Callao, demás está decir que es hincha del Sport Boys y que trató, en vano, de hacer que uno de los otros miembros de nuestro clan se cambiara al equipo rosado. A mi me hacía gracia, hasta que un día se hartó y en medio de la euforia de un Boys vs. no recuerdo qué equipo, ofreció 300 soles a quien se pusiera la vincha rosa y coreara el popular: Vamos Boys. Yo fui la única que aceptó y de inmediato, comenzó un ligero interés por el fútbol. Ahora que tenía un equipo, la cosa empezó a ser más divertida. Seguir leyendo...

Todo va a estar bien

¿Y SI NO QUIERO DECIRTE ADIÓS? Las despedidas. Las odio. Conozco gente que es muy práctica o que se predispone muy bien antes de despedirse de alguien que le importa, un amigo, un novio, amante, hermano, madre, etc., quizás sea un antídoto para disociarse del dolor que provoca una despedida. Yo nunca he podido encontrarle el truco, porque no creo que despedirse sea fácil. Todo lo contrario. Creo que despedirse es una de las cosas que muchas veces he procrastinado por el simple hecho de no querer enfrentarme a ese momento en el que hay que decir adiós. Aunque las hay de todo tipo, las despedidas me remiten a una sensación de tristeza. Porque siempre implican la separación emocional, física o geográfica de una persona, de quién muchas veces no quieres separarte. Este año, no sé si por azar, he tenido que despedirme muchas veces. Y esto es algo que había dejado de hacer. Pienso que a veces uno se despide para siempre, a veces de manera temporal, otras uno no sabe si esa despedida es definitiva, y de hecho hay adioses crueles que te dejan un recuerdo horrendo en la memoria, quizás cuando alguien que amas te dice "ya no quiero estar más contigo", y por más que luches por retenerlo, hay que dajerlo ir y más de una vez, he tenido que decir -y en voz alta-: te dejo ir. Después de todo, en el amor, a diferencia de la amistad, no se puede ir contra la corriente, es decir, contra la decisión del otro. Seguir leyendo...