03 de agosto del 2020 °C
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Mi breve paso por el 2007

ESTE ES UN PEQUEÑO ALBUM DE RECUERDOS. Mi mejor amigo siempre le pone título a los años. Por ejemplo, el 2002 fue el año de la honestidad y el 2004 fue el año del perseverancia. A mi siempre me hicieron gracia este tipo de buenos propósitos generados por la euforia de la llegada de los nuevos 365 días y, de hecho, por un cierto grado de reflexión sobre lo vivido durante el año que quedaba atrás. Nunca me fije si en realidad estas máximas se cumplieron alguna vez; sin embargo, sí creo que eran producto de esa listita imaginaria de lo vivido, lo bueno y lo malo. Recordar esa lejana costumbre de mi querido Joaquín, me ha hecho elaborar por primera vez una propia. Lejos de querer hacer una especie de ránking, ahí va mi breve paso por el 2007. Seguir leyendo...

Un buen día en amigolandia

Y AHORA, ¿QUÉ HACEMOS? Como me encontré semi-obligada a hacerlo, después de tanta voltereta mental y de los buenos consejos y deseos de muchos de ustedes (los que agradezco, como siempre) llamé al chico de 24, que me aclaró que tenía 26 luego de leer el post anterior y regañarme por ser tan obvia (de paso, las noticias corren como reguero de pólvora en la blogósfera limeña), para decirle: si, quiero salir contigo. Ahí mismo arrancaron los problemas. Los dos viajábamos pronto, ambos teníamos cosas pendientes por hacer antes de subir a nuestros respectivos aviones y nuestros horarios no coincidían para nada. Solo teníamos un día. A continuación, transcribo lo que ocurrió: Seguir leyendo...

¡Se me va el tren!

¿LA EDAD SE MIDE EN AÑOS, O QUÉ? Es curioso. Varias veces desde que empecé a escribir este blog, al ver mi edad: 34 años, 5 meses, 1 día, 14 horas y 36 minutos en este preciso momento (esta inusual exactitud debe ser consecuencia de haber desayunado con toda una mancha de suizos), varios lectores me han repetido un sinnúmero de veces, en diferentes tiempos verbales, la misma frasecita: se te va el tren, se te está yendo el tren, se te va a ir el tren. A manera de broma, les respondía con una pregunta: ¿cuál era ese tren al que, supuestamente, me debía subir y que me estaba dejando en tierra?. Porque claro que sé a cual tren se refieren: a lo que supuestamente algunas personas piensan que una mujer -hoy, no voy a decir una “chica”- de mi edad debe tener: un novio, esposo o familia, entre otros “deberías de”. No voy a decir que este tipo de comentarios no me ha molestado más de una vez y de hecho el tema de la edad ha dado pie a largas, interesantes y, a veces, chistosísimas conversaciones entre amigos cercanos de todas las edades. Pero ayer, que justamente perdí un tren, de los de verdad, con ruta Cusco-Aguas Calientes, y que me llamó un chico de 24 años recién cumplidos, con el firme propósito de invitarme a salir apenas regrese a Lima, pensé que era momento de preguntarme: ¿es el número de años acumulados un punto a considerar para hacer o dejar de hacer tal o cual cosa? Seguir leyendo...

La casita del terror (o el concubinato)

¿CONVIVENCIA? AHORA NO, GRACIAS. Solo una vez viví con un chico. Reconozco que mi opinión sobre compartir un mismo techo con alguien puede ser parcial porque se dio por una coyuntura particular. Yo estudiaba fuera y en el intento de los dos de no dejar que nuestra relación terminara, tomamos una decisión: vivir juntos, por lo menos un tiempo. El matrimonio vendría después. A mí faltaba otro año lectivo. A él no le importó mudarse de país y trabajar para mantenerse económicamente y a mi lado. Todos estos factores los analizamos en apasionadas conversaciones a unas horas rarísimas. Así comenzó nuestra convivencia, por más que mis padres se hagan los locos y no les guste la idea de que haya vivido con un hombre sin casarme. Sin embargo, el que dijo o piensa que el concubinato es lo mejor “antes” de un inminente matrimonio, que es justo y muy conveniente paso previo, o peor, un estado, similar a un enlace religioso o civil, en el que todo para la pareja se convierte de modo automático en una maravilla, que sirve para limar toda aspereza, que lo vuelve todo de una manera mágica -para mí, irracional- perfecto entre dos personas, se volvió o está loco. Por lo menos, a mi me pasó todo lo contrario. Seguir leyendo...