04 de agosto del 2020 °C
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¿Qué será de tu vida, Ignacio?

MI PRIMER AMOR FUISTE TÚ. En 1981 se formó Siniestro Total –cuando no tenía idea de que años más tarde me iba a gustar-, mi papá nos llevó al cine a ver Carros de Fuego e Indiana Jones en busca del arca perdida, escuchaba en la radio del Fiat de mi mamá Bette Davis Eyes de Kim Carnes, Whip it de Devo, Woman de John Lennon y un montón de REO Speedwagon, y me enamoré por primera vez de mi compañero de carpeta en el colegio: Ignacio Donoso. Seguir leyendo...

El cepillo de dientes y el ¿amor?

LLEGÓ EL MOMENTO DE VENCER EL MIEDO (¿O NO?) Este es el panorama: has conocido a alguien que te gusta, ha pasado cierto tiempo y quizás pueda pasar a ser algo más, punto. Bueno, lamentablemente, por lo menos para mí, ese punto medio –ése, el terrorífico, tantas veces anhelado, mil veces maldecido, el tan necesario para poder decidir con la mente clara- no existe. En su lugar vienen en desfile: signos de interrogación (varios, mejor dicho, interminables), paréntesis (a veces, ahora no), signos de exclamación (sí, claro, estamos en plena época en la que todo tiene olor a fresco, todo es nuevo, tanto que admito haberme despertado una mañana y reír sola como una orate al recordar los besos de la noche anterior), punto seguido (cuando ese “todo” parece tener una continuación), una optimista coma (cuando aún hay que ver “que pasa”), comita (cuando hay sospechas de que lo que pase después no es lo que queremos, o la certeza de que nunca pasará), o de arranque, un triste –o feliz- y definitivo punto final. Por más que lo he buscado, nunca he encontrado el punto medio, ese que, supuestamente lo equilibra todo. Cuando ese alguien te empieza a llamar más seguido y sin motivo, cuando las citas se hacen más seguidas, cuando comienzas a desarrollar todo un comportamiento ajeno al habitual, en mi caso: un aumento en el guardarropa para la(s) siguiente(s) cita(s), un cara a cara con la tortura de la depilación con cera, la inclusión del kit de maquillaje de emergencia (yo que no me maquillo usualmente) de manera perpetua en la cartera, las miradas extrañadas en la oficina cuando te ampayan cantando mientras trabajas, una extraña y súbita desaparición del mundo de tus amigos y familiares, y una, no menos sorpresiva, aparición en un mundo de gente, actividades, rutinas y horarios que no conoces. ¡Qué ganas de caminar dando saltos de niña con un algodón de azúcar en la mano!, ¡qué paja sería estar en el colegio otra vez para tener tres meses de vacaciones y tener todo ese tiempo para estar disponible y poder verlo! Pero ese flotar en nubes de colores, no dura mucho. Hay cosas que en una te bajan los pies a la tierra, o mejor dicho, te obligan a decidir dejar tu muy querido, y necesitado, cepillo de dientes en un baño ajeno. Seguir leyendo...

Viva San Valentín

EL AMOR VALE CUALQUIER DIA DEL AÑO He leído que el día de los enamorados proviene de una vieja leyenda que, muy contrariamente a los que yo pensaba, tiene que ver con los solteros y no con las parejas. En la antigua Roma se realizaba la adoración al dios del amor, Eros, que ellos llamaban Cupido y al que le pedían favores mediante regalos para conseguir el enamorado ideal. ¡Qué paja! –pienso. Porque esta historia bien podría ser el origen de este blog, sólo que en vez de un dios está Internet, y en lugar de regalos, están los posts que, semanalmente o dos veces por semana, escribo en la búsqueda de un posible enamorado o, como prefiero decir, novio. Pero claro, recién me entero de esto ahora, después de todos los momentos cursis que confieso he vivido durante varios 14 de febrero y que recuerdo como flashbacks rosados con cara de haber chupado limón. Pero no me avergüenzo, porque cuando uno está enamorado ¿hay límites para demostrar amor? Si los hay ¿dónde está la barrera entre el romanticismo y la vergonzante cursilería? Seguir leyendo...