12 de agosto del 2020 °C
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La pérdida de mi inocencia

¿UNA BARBIE? Sí, PERO SOLO PARA JUGAR. De chica yo parecía un chico. ¿Por qué? Porque cuando era niña, mi hermano -once meses menor- y yo parecíamos mellizos. El álbum de fotos familiar puede dar cuenta de ello. Mi madre nunca fue seguidora de las reglas de la feminidad clásica, o de los típicos clichés de clase media limeña, debo decir. Cosa que, en repetidas pataletas adolescentes, le recriminé muchas veces. Jamás me hizo peinaditos con lazos y pocas veces recuerdo haber usado vestidos. Mi hermano y yo, teníamos el mismo corte “Cristóbal Cólón”, tan de moda en los setentas, nos vestíamos igual, de overol, zapatillas y chompas azul o marrones (sin ningún asomo a tono que pudiese ser considerado como “femenino”); además él y yo éramos los mejores compañeros de juegos de combate, carreras en chachicars, triciclos, bicicletas, caballos de mentira, e incontables y, siempre imaginarias, aventuras intergalácticas. Cuando me hice un poco mayor y mi padre ganaba un poco más de dinero, sí tuve Barbies, jugué con ellas, y no tengo nada en contra de éstas muñequitas rubias de plástico, 90-60-90, paradas siempre de puntita (a la espera de un buen par de tacos, parece) pero yo nunca fui, ni quise ser, una. Seguir leyendo...

Quiero ser mamá

PENSÉ QUE NUNCA IBA A DECIR ESTO. Nunca me gustaron los niños; y pensar en tener uno, menos. No sé porque. Nada de eso de “no quiero traer una vida a este mundo”, ni “mi trabajo es primero”, simplemente los niños nunca fueron lo mío. Punto. Mis amigos cercanos pueden dar cuenta de mis pasados instintos anti-maternales. Antes, no me explicaba por qué cuando alguno de ellos veía un cochecito, a un grupito de niños jugando o una mamá cargando a un bebé, a todos se les activaba de manera inmediata y automática, el susodicho reloj biológico. Yo los fastidiaba y me reía comparando sus campanadas internas a las del Big Ben; ellos me decían que era extraño que ya tuviera casi treinta y siguiera sin ganas de tener un hijo. No sabía que pocos años después las cosas cambiarían. Seguir leyendo...