03 de agosto del 2020 °C
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Cómo ser una jugadora en 5 canciones

LA SEDUCCIÓN VIENE CON SOUNDTRACK Después de leer sus comentarios sobre el post anterior y de comprar a sol el "Manual del Pendejo" en un semáforo, me quedé pensando en el personaje del “jugador” y vaya que se aplica a ambos sexos. Hay jugadores y jugadoras. Pero creo que jugador no es solo un sacavueltero y mentiroso profesional, sino una forma un tanto vulgar de llamar a quien utiliza o ha utilizado alguna o muchas veces las reglas, truquitos o conductas especialmente diseñados para ganar en el conocido juego de la seducción. Por lo general, la estrategia es diferente en ambos géneros. Lo que sí es común a ambos es el propósito: conquistar. Las mujeres jugamos y lo disfrutamos, (que tire la primera piedra la que nunca lo ha hecho) por la simple razón de que, así como a ustedes, a nosotras de vez en cuando, o mejor dicho, cuando nos da la gana (depende de cada una) pasamos un buen rato con uno que nos guste. Trucos no nos faltan. No sé por qué el recuerdo de alguna noche (día, tarde o madrugada) en la que he salido a la cancha, o mejor dicho, al bar, fiesta o discoteca más cercano, dispuesta a coquetear a discreción, siempre trae a mi mente canciones, esas, por lo general, muy malas que pongo a todo volumen mientras descuelgo el peligroso vestidito negro y me pinto con mi lápiz de labios favorito de la temporada, en este caso, color “velvet teddy” (¿osito de terciopelo? - p.s. ¿quién les pondrá el nombre a los colores del maquillaje?-). Así que, sin más preámbulos, aquí va mí: cómo ser una jugadora en cinco canciones. Pongan play(er). Seguir leyendo...

¡Habla, jugadorazo!

EL DUPLETERO: UNA HISTORIA PARA ESPANTAR FANTASMAS Hace unos pocos días me llevé una sorpresa tremenda que, después de los primeros momentos de shock, se convirtió en una navajita que fue cortando de a poquitos y luego a arañazos tipo Freddy Krueger –hasta dejar hecha pica-pica- a mi última historia de amor (ahora de horror), esa que había decidido guardar en mi interior como un recuerdo bonito y que ahora voy a guardar al lado otros temibles doble-cara como El Guasón, Jason de Viernes 13, Dr. Jekyll y su monstruoso Mr. Hyde, Darth Vader y la infaltable pero terrorífica mascarita de Scream. ¿Saben por qué? Porque esa historia que viví llamada Atracción Virtual capítulos uno, dos y tres no la vivimos dos personas, sino tres. Seguir leyendo...

Terror en la primera cita

¿QUIÉN NO HA METIDO LA PATA LA PRIMERA VEZ QUE SALE CON ALGUIEN? He de confesar que me costó mucho tomar la decisión de salir con alguien. Me encontraba bien acompañada de mí misma y me parecía que extender mi soledad era una buena idea. Estaba leyendo más, viendo más cine, escuchando música nueva, comprando tonterías para romper con el blanco y negro de mi casa. Hasta ir al supermercado se convirtió en un extraño placer. Hasta que pasó lo que esa frase trillada dice: el que no busca, encuentra. De pronto, aparecieron chicos que me invitaban a salir por todos lados. Yo, desde mi cueva-hogar, los iba tachando con una crayola imaginaria y les decía amablemente: “no gracias” y, algunas veces, ante la insistencia, les soltaba un tímido “algún otro día”, que en castellano bien entendido significa: “olvídate, jamás voy a salir contigo”. Hasta que hizo su aparición el Sr. Anónimo. Y la verdad, no pude resistirme. Puse en una balancita a mi soledad, a mi temor de salir con alguien nuevo y salir herida en el intento, y del otro lado la inteligencia, buen humor –de ese bien negro, como me gusta- y divertidas conversaciones a través de Internet (que ya traspasaban la línea del flirteo) con este chico que solo conocía a través de lo que escribe y un muy lejano café en vasos de papel reciclado. Pero no puede escoger peor momento. La realidad me enseñó una vez más que las primeras citas no son como andar en bicicleta, uno sí se olvida de cómo hacer bien las cosas. Seguro he metido la pata innumerables veces en innumerables citas; pero aquí va mi recuento actualizado -y en versión extendida 12 pulgadas, reloaded con extras y bonus tracks- de los errores que dos personas (en este caso él y yo) pueden cometer esa temible primera vez. Seguir leyendo...