03 de agosto del 2020 °C
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El amor jamás duele así

ES MOMENTO DE ROMPER EL SILENCIO Y DECIR: ¡NO! Una mañana de domingo tomaba desayuno con mi mejor amiga. Leíamos el periódico entre cafés. De pronto, en el suplemento del diario, encontré un artículo sobre el maltrato emocional (ojo, no físico), seguro debido a que en esos años era el tema que se debatía en España por la cantidad de muertes reportadas de mujeres a mano de sus parejas. Creo que fue la primera vez que escuchaba esas dos palabras juntas. Lo más curioso es que venía con un test para detectar si uno era una mujer u hombre maltratado. Las dos lo hicimos a manera de broma, intercambiando pequeñas burlas sobre nuestras relaciones, pero cuando terminamos nuestras caras no eran las mismas. Los resultados nos decían, casi nos gritaban: son mujeres maltratadas psicológicamente. ¿Yo? Pensé, yo no soy de “esas” mujeres y casi me molesto con la revista, pero en una muy rápida segunda reflexión me di cuenta de que los resultados tenían toda la razón. Hay espejos en los que uno no puede evitar mirarse y reconocerse, por más maquillaje que le pongamos a la situación. Por eso cuesta mirar al lado, ver que esa persona a la que amas está haciéndote daño, y ni cuenta te das, porque piensas que lo mereces. Y ¿sabes? No lo mereces. Nadie lo merece. Ahí va mi parte de la historia. Seguir leyendo...

Suave con la mujer serrucho

EL CASO DE LA SERRUCHADORA VS. LA MUJER MANTEQUILLA La de ayer fue una de esas noches que uno nunca sabe cómo van a terminar. Trabajé hasta tarde, estaba cansada, de mal humor, con ganas de teletransportarme a mi cama y esconderme por siempre debajo del edredón. Mi amiga Sarita (que de Colonia, no tiene nada) me dijo desde su escritorio, al sacar un lápiz de labios del bolso como quien desenvaina una espada antes de la guerra, que la acompañe a la inauguración de una exposición de un amigo suyo en una la galería vecina. Yo la miré con cara de ni loca salgo hoy. Ella insistió (y me convenció) con un: - Nos podemos tomar un whisky, así nos relajamos y si quieres, después podemos ir al bar y quizás nos encontremos con… - Sarita, no creo en el destino –, la interrumpí mientras apagaba la computadora, me pintaba los ojos con total desgano e imaginaba ese vasito de licor aguado como una especie de sedante para caballos que me dejaría en el estado Zen que necesitaba con desesperación. Por supuesto, estaba equivocada. Seguir leyendo...

La maldición de ser mujer

SOBRE CÓMO NO SER (NI QUERER SER) UNA “CHIBOLA RICA” Y NO MORIR EN EL INTENTO. El sábado pasado estaba en una clínica, entre el humo de los puros y el whisky con los que un flamante padre y sus amigotes celebraban el nacimiento de su primera hija, cuando escuche ésta barbaridad: - ¿Una chancleta? Para la próxima será pues, huevón. Y el resto de los hombres de las cavernas lo abrazaron ipso facto, como quien consuela a un condenado a muerte. Yo tomé un trago, en ese momento, amargo, de champagne y pensé: ¿estoy en un capítulo retorcido de los Soprano o ser mujer es una maldición? Mientras miraba a la pequeña niña envueltita como una humita en una manta rosa que con tan pocas horas de vida era motivo de resignación por no haber nacido hombre. Renegué (en mi mente, claro) de que en la época del iPhone, del sexo virtual y de las mujeres en el poder, sigamos siendo una especie de “minoría” fácil de etiquetar, estereotipar y de pasito –y no muy caleta-, rebajar. Sigan leyendo pero Shhhhhhh, no se lo digan a nadie (no vaya a ser que algún “machito” se entere que no todas somos iguales). Seguir leyendo...